Escribo estas líneas como ciudadano navarro que disfruta con orgullo tanto de la Navidad en nuestras calles como de los Sanfermines, pero que no puede evitar preguntarse si estamos destinando el dinero público donde realmente importa.
El Ayuntamiento de Pamplona mantiene un gasto de 372.136 euros en iluminación navideña, y ya ha licitado el contrato para la próxima campaña 2026-2027 por más de 400.000 euros (Navarranorte). Nadie discute que las luces de Navidad embellecen la ciudad y animan el comercio local. Pero cuando ponemos esa cifra junto a lo que se destina a la música en nuestras fiestas grandes, la comparación resulta, cuanto menos, llamativa.
El presupuesto para los conciertos de Plaza del Castillo y Compañía en Sanfermines 2025 fue de 306.600 euros. Es decir, la ciudad gasta más en adornar sus calles durante seis semanas de invierno que en ofrecer música en vivo durante los nueve días más celebrados del año, aquellos que nos dan proyección internacional y que millones de personas asocian a Pamplona en todo el mundo.
El propio grupo municipal de UPN ha señalado que la partida destinada a conciertos lleva “prácticamente congelada durante los últimos años”, lo que ha provocado una pérdida progresiva de capacidad para contratar artistas de primer nivel. Y lo más revelador: la propuesta de incrementar ese presupuesto fue rechazada por el equipo de gobierno y el PSN, a pesar de que ellos mismos reconocieron que la cifra era insuficiente.
Resulta paradójico que una ciudad que vive de su imagen festiva hacia el mundo, que llena hoteles y restaurantes gracias a San Fermín, invierta más en instalar bombillas de temporada que en garantizar una programación musical a la altura de sus fiestas. No se trata de eliminar la iluminación navideña -que tiene su valor y su público-, sino de preguntarnos si el reparto es el adecuado.
La propuesta es sencilla: revisar las prioridades. Pamplona merece una programación de conciertos en Sanfermines que esté a la altura de su fama, con artistas que justifiquen el viaje tanto como lo hace el encierro. Para eso hace falta presupuesto real, no partidas congeladas mientras los cachés del sector musical no dejan de crecer.
Las luces se apagan el 6 de enero. La música, bien elegida, se recuerda toda la vida.