Algún/a estratega del gabinete de Alcaldía o el Área de Seguridad Ciudadana se ha empapado de literatura bélica y ha decidido emplear el agua como lo hicieron los rebeldes holandeses contra el duque de Alba o, más cercanos ideológicamente, los franquistas en le batalla del Ebro. Además, a este Ayuntamiento le van las actividades acuáticas. El sábado utilizó 20.000 litros del líquido elemento para aguar la fiesta en la Txantrea. Llovía sobre mojado. En las últimas fiestas de Nabarreria utilizó la grava como elemento disuasorio, mientras los muchachos de Santamaría perseguían a camionetas-bomba cargadas de cerveza y otros letales materiales. Este último fin de semana no pudo sembrar Alemanes con minas antipersonal, pero utilizó camiones cisternas, material antidisturbios y efectivos de dos cuerpos policiales para impedir una peligrosísima comida popular. Ya avisó el poeta, el calderete es un arma cargada de futuro. La gente le salió rana. Más de un valiente se bañó en la piscina de Barcina, para jolgorio del personal. Para la próxima, su pléyade de asesores estará ya pensando en argumentos más contundentes. Qué sé yo, alambradas electrificadas, francotiradores, gas mostaza, misiles nucleares o bombas de neutrones. Para cualquier persona que no tenga la cabeza taladrada resulta difícil de comprender que un Ayuntamiento malgaste un minuto de sus recursos y sus energías en impedir que unos vecinos celebren las fiestas de su barrio. Supongo que es un reflejo del sentido de la propiedad que UPN en general y Barcina en particular tienen sobre el terreno que administran. Les resulta patológicamente inaguantable la idea de que en esta ciudad -en esta provincia- haya cosas que se hagan y funcionen al margen de su criterio. Están enfermos y no lo saben. Alguien les debería decir que hay sitios donde ofrecen ayuda, incluso para su caso.