Bueno, empecemos por lo más obvio. A pesar del fiasco que protagonizóNafarroa Bai la semana pasada en el Parlamento Foral, la realidades que las navarras no tienen hoy menos derecho a abortar quela semana pasada. Dicho esto, expresemos nuestra perplejidad.Que uno se ausente, lo puedes entender. Son mil las contingencias,treks himalayos aparte, que pueden mantener fuera del hemicicloa un parlamentario autonómico de esta comunidad. Qué sé yo, jaqueca,resaca, una suegra agonizante, una cita con el tutor del hijo,un(a) amante con urgencias. Lo que da al ojo es que los ausentesfueran cuatro. No hablamos de cualquiera, sino de cuatro pesospesados de los partidos de la coalición. Yo, si hubiera queridotranquilizar a mis votantes, hubiera pretextado una urgentísimay definitiva reunión, imposible de posponer por más tiempo, parazanjar de una vez por todas -esta vez sí- los problemas internosde Nafarroa Bai, y poder presentarse como un bloque unido y sinfisuras a las próximas elecciones. No sólo se les habría perdonado;se les habría aplaudido con las orejas. Es que si no, ya tienesque pasar a buscar excusas del estilo de la abducción múltiplepor parte de una nave venusiana. O utilizar matices más locales.Por ejemplo, un secuestro en toda regla protagonizado por uncomando antiabortista de numerarios armados hasta los dientesde cilicios, rosarios y otras armas de destrucción masiva, quehabría conducido a sus cuatro señorías hasta el sótano de algúncolegio mayor sin identificar donde se les habría obligado apermanecer hasta después de la votación. Quizás no hubiera sidocreíble al 100%, pero con un poco de suerte hasta colaba. Todo,antes que excusar las cuatro ausencias -cuatro, joder- con loque muy probablemente sea la triste realidad: un cúmulo de imponderablescasualidades. O sea, que cada uno andaba a su puta bola. Comosiempre.
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