El lunes de la semana pasada, en Tafalla, Fagor Ederlan, cooperativa del grupo vasco Mondragón, garantizaba la continuidad de sus 700 puestos de trabajo con unas inversiones de 40 millones de euros. El martes, en Irurtzun, Inasa, sociedad anónima propiedad del grupo de inversión alemán Bavaria Industrie Kapital, anunciaba el cierre de la planta que deja en la calle a 170 trabajadores. Dos modelos, dos propietarios, dos resultados. Más de uno debería de tomar nota. Lo curioso del caso es que Inasa daba beneficios hasta que fue adquirida hace dos años por sus actuales dueños. Cuentan que, ya en la primera reunión, el nuevo director anunció: "Con estas cifras mis jefes ganarán dinero, pero quieren ganar más". La receta, despidos y bajadas salariales. ¿Inversiones? Cero. Se cuentan historias de novela gótica de terror. Gangsterismo puro y duro aplicado a las relaciones laborales. Mientras con una mano se despedía para ahorrar gastos con la otra se contrataba seguridad privada para controlar y amedrentar a los trabajadores. Presionada hasta el máximo, la plantilla tragó con bajadas y recortes que nunca eran suficientes. El monstruo siempre quería más. El anuncio de cierre llegó cuando aquella llevaba varias semanas de huelga. La dirección se negaba a considerar una plataforma que incluía el sueño de cualquier empresario, una rebaja del 24% del salario. El Gobierno de Navarra muestra ahora unas condolencias que suenan a lágrimas de cocodrilo. Es la legislación que los diputados de UPN votan en Madrid la que favorece aquí dramas como el de Inasa. El estrepitoso fracaso de Lourdes Goicoechea, consejera de Industria, no ha impedido que haya sido ascendida. Es desde el sábado vicepresidenta del Gobierno de Navarra y mano derecha de Yolanda Barcina. De los alemanes, qué podemos decir. Tal vez sería bueno que Zukov entrara cada 50 años en Berlín para que ese país dejara de joder al resto de Europa.