El 1 de enero, para qué servirá. Es 1 de enero de 2019 y escribo esto en el pueblo de mi rival, donde no llega internet -a 15 minutos de Pamplona, siglo XXI bien entrado-, así que no puedo consultar qué ha pasado históricamente los 1 de enero, pero imagino que es el día del año en el que menos cosas han pasado jamás, serán las 24 horas menos interesantes colectivamente de la historia de la humanidad. A mí eso no me molesta, un día puede ser igual de interesante personalmente aunque no ocurra nada de relumbrón. El problema es que en general no es interesante nunca. Sí, vale, cuando eres chaval -o algo más- sales y te lo pasas muy bien, pero eso también lo haces unas 120-150 veces al año y algunas mucho más divertidas y sin tanta gente, especialmente esos días de Una y pa casa, ¿eh? Pero reconozcamos que hasta las 10 de la mañana puede ser un día chulo, pero las putas 14 horas restantes que quedan, ¿qué? Mi propuesta sería que dejase de ser festivo para que quien quiera y que luego te cojas ese día cuando mejor te convenga, ahí, el 27 de junio. ¿Qué haces con apreskis y gorro ruso con 30 grados, Javier? Es mi 1 de enero y lo disfruto como me sale de los huevos, Martin. Y así el 31 de diciembre tienes excusa para cenarte una tortilla francesa de un huevo, meadica y a las 10 en la cama. Y el 1 a currar, tan feliz. Yo mismamente estoy hoy -ayer para ustedes- con este articulillo y no me abro en canal. Vale, es una minucia, pero es mi minucia, podría estar en las Islas Caimán haciendo el ídem y aquí ando. ¿Y la familia, qué, si no celebramos el 1? La familia, la familia? ¡Coño, si la vieron el 24, el 25, la van a ver el 5, el 6, si me apuras el 7, lo realmente milagroso de la Navidad es que no haya más masacres! Pero bueno, ya es 2, ya podemos empezar a incumplir las promesas. El 1 da como pena. El 1 da como pena todo. Puto 1. Viva el 2. ¡Y Feliz 2019!
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