En los últimos años se está poniendo mucho esfuerzo, al menos en el plano institucional, en combatir la despoblación en el medio rural. Programas como RuralNav o RuralBizi, junto a diferentes planes de inversión, han tratado de reforzar servicios, fijar población y mejorar la vida en los pueblos. Sobre el papel, la idea es clara: que vivir en un entorno rural no implique perder calidad de vida ni servicios básicos. Pero la realidad es muy distinta, y es que muchos ayuntamientos sienten que no se están tomando medidas adecuadas y efectivas para luchar de forma real contra la despoblación, ni contra el Reto Demográfico. Muestra de ello es la última decisión adoptada por el departamento de Salud sobre el decreto foral 86/2018 por el que se establecen las condiciones higiénico-sanitarias y de seguridad de las piscinas de Navarra; una decisión que hará que muchas localidades pequeñas tengan que cerrar sus piscinas.

Es el caso de Garinoain. Según explica Eva Martínez, alcaldesa del municipio, durante los últimos años el Ayuntamiento había conseguido mantener abiertas las instalaciones gracias a moratorias del decreto foral, pero los criterios actualizados comunicados recientemente por la Administración foral han hecho inviable su apertura este verano. “Desde hace años se nos exige una serie de reformas para adaptarnos a la normativa Foral. Unas obras de elevado coste para un municipio pequeño, con recursos limitados y un presupuesto que nada tiene que ver con el de las grandes localidades. Por decir números reales, el presupuesto de nuestro Ayuntamiento anual ronda los 800.000 euros, y lo que nos va a costar la obra de los vasos ronda los 500.000 euros. Nos supone más de la mitad del presupuesto anual. Garinoain no tiene parque eólico, no tiene parque industrial, no tenemos nada. Y los pocos comunales que teníamos, con las obras del TAV, una parte importante nos las han expropiado”, denuncia.

Las piscinas de Garínoain son una instalación construida en 1982 que, durante décadas, ha funcionado como uno de los principales puntos de encuentro del municipio en los meses de verano. El complejo cuenta con dos vasos: una piscina infantil de pequeñas dimensiones y otra de mayor tamaño, de 12 por 25 metros, donde se concentra la mayor parte de la actividad.

Vaso principal de las piscinas de Garinoain Saioa Martínez

Con el paso del tiempo, como ocurre en muchas instalaciones similares de Navarra, las exigencias técnicas y sanitarias han ido evolucionando. En el caso de Garinoain, el problema se centra principalmente en el sistema de recirculación del agua, las bombas y los rebosaderos, además de la adecuación del vaso infantil a los parámetros actuales. “Esta es una norma propia de Navarra, ya que esta misma piscina en cualquier otra Comunidad Autónoma cumpliría con todas las normas y se podría abrir sin problema este verano. Nuestras piscinas no corren ningún riesgo para los usuarios, no son peligrosas. Pero acometer esta obra nos supone una inversión muy importante para el presupuesto que tenemos”.

Ayudas que no llegan

El proyecto de reforma, según detalla el Ayuntamiento, no es reciente. Los primeros trabajos de diagnóstico y presupuesto comenzaron antes de la pandemia. En aquel momento, las estimaciones rondaban los 300.000 euros. Hoy, esa cifra ha aumentado hasta aproximarse a los 500.000 euros. “En el momento que empezamos a plantear este tema no había grandes subvenciones que nos podrían ayudar a costear las obras. Sí que desde Deportes sacaron algún tipo de subvención, pero era muy pequeña a repartir entre todos los que la necesitaban. Claro, eran migajas lo que nos hubiera correspondido en todo caso”, relata Eva.

La ayuda finalmente llegó en enero de 2026. “Este año se nos ha concedido una subvención del Plan de Inversiones Locales, cuya resolución, prevista inicialmente para agosto de 2025, no llegó hasta el 15 de enero de 2026. Es decir, cinco meses más tarde de lo previsto. Aun así, el Ayuntamiento ha hecho un enorme esfuerzo para aportar la parte económica restante y garantizar que las obras puedan ejecutarse. Tenemos financiación, tenemos proyecto y tenemos previsto comenzar las obras en septiembre. Sin embargo, no podremos abrir este verano porque seguimos sin cumplir la normativa vigente”, cuenta la alcaldesa.

Decreto Foral y Declaración Responsable

Para el consistorio, la consecuencia es tan absurda como indignante. “Una instalación que va a ser reformada en pocos meses, con financiación comprometida y voluntad demostrada por todas las partes, deberá permanecer cerrada mientras cientos de vecinos y vecinas se quedan sin un servicio fundamental para la vida social del pueblo. Y todo ello porque, en caso de accidente, las responsabilidades económicas y jurídicas recaerían directamente sobre las personas que gestionan la piscina y sobre los representantes municipales”, exponen.

“Es decir, la Administración exige unas obras que los pueblos pequeños difícilmente pueden costear sin ayudas, retrasa la llegada de esas ayudas y, mientras tanto, deja toda la responsabilidad sobre quienes dedican su tiempo de forma altruista a gestionar estos servicios. ¿Es esta la manera de apoyar al medio rural? ¿Es así como se combate la despoblación?”, se cuestionan desde el Ayuntamiento de Garinoain.

Por otra parte, la solución planteada desde el Departamento crea dudas a las administraciones afectadas. “Salud Pública tampoco te dicen de forma clara que no puedes abrir, lo deja a tu criterio si firmas una declaración responsable y un documento reconociendo que incumples el decreto. Pero claro, si pasa un accidente… el seguro no nos va a cubrir. Si hay un accidente o te cae una inspección, el seguro te pedirá la documentación, pero como tienes firmado un documento diciendo que tus instalaciones no tienen riesgo para la población pero que no cumplen las normas, no te cubren las espaldas. Con lo cual, no tiene sentido”, atajan.

Incluso, la nueva declaración responsable que el departamento ha modificado en las últimas horas para que quienes tengan proyectos de reforma o deficiencias que no comprometan la seguridad de las personas, puedan firmar, no es bien vista en la corporación garinoaindarra: “El texto sigue siendo confuso, han cambiado la manera de formularlo, no su contenido final, porque en caso de que haya inspección u ocurra un accidente, el problema sigue recayendo en nosotros. Seguimos exponiéndonos a sanciones”.

En defensa de los pueblos

En Garinoain tienen muy claras las ideas y seguirán defendiendo la vida en los pueblos a toda costa. “Resulta fácil llenar discursos de palabras como cohesión territorial, equilibrio demográfico, refugios climáticos o defensa de los pueblos. Mucho más difícil es adaptar las normas a la realidad de municipios que apenas cuentan con recursos para mantener sus servicios básicos. Porque la despoblación no se combate solo con Declaraciones Institucionales. También se combate evitando que los pueblos pierdan espacios de convivencia, ocio y encuentro que forman parte de su identidad”, denuncian.

Piscina de recreación infantil en Garinoain Saioa Martínez

“Nos gustaría que las personas que están en los despachos bajaran al barro. Están muy bien hablando en el Parlamento, hablando en la televisión y en todos estos sitios. Pero somos nosotros los que estamos aquí. ¿Qué hacemos este verano? Hoy mismo, con el calor que hace, ¿qué alternativa tenemos? En las ciudades sí que puedes tener tus planes alternativos, pero en los pueblos…”, se cuestionan desde el Ayuntamiento.

Ante esta complicada situación, las posibles soluciones temporales no parecen ser del agrado de los y las vecinas. Según continúan opinando los y las concejalas de Garinoain, “el plan alternativo es coger el coche o la bicicleta y desplazarte a otras piscinas o bajar a la poza del río. Los chavales jóvenes, de 14 a 17 años dónde van a estar mejor, ¿en la piscina con el socorrista y vigilados en un entorno seguro, o en las pozas de los ríos sin seguridad ni higiene?”, objetan.

Pero coger el coche también trae consigo grandes riesgos, especialmente en este tipo de localidades, donde las conexiones entre municipios tienden a ser a través de carreteras secundarias, incluso terciarias, donde el riesgo de accidente es elevado. “Si quieres ir a Orisoain, porque son las piscinas más cercanas, en el camino hay tres curvas complicadas, que no se ven porque las hierbas están muy altas y nadie se acuerda de nosotros para cortarlas. El año pasado no tuvimos una desgracia en ese tramo de milagro”, se preocupan, mientras añaden que “no se dan cuenta que por estas carretericas el tráfico va a aumentar mucho, tanto por la mañana como por la tarde. Vas a tener que ir por la mañana, volver a comer a casa, volver a la piscina por la tarde y ya llegar a casa otra vez. Son cuatro viajes que tienes que hacer en una carretera estrecha, con curvas, con hierbas que no te dejan ver y que la circulación va a aumentar considerablemente”.

La vida en el pueblo

A las piscinas de Garinoain solo viene la gente del pueblo, sino también de Barasoain y Oloriz. “En el mes de julio aquí se organiza un cursillo de natación, que va por rangos de edad. A este curso vienen muchos niños y adultos de la Valdorba a aprender a nadar. Además, también socializan, interactúan con otros txikis… A las piscinas acudiremos unos 400 vecinos, más luego hay que sumar los abonados de verano de otros pueblos y las personas que vienen días sueltos. Estamos hablando que estas piscinas dan servicio a más de 600 personas”, exponen.

El cierre de las piscinas no se percibe en Garinoain como una decisión administrativa más. En un municipio pequeño, donde gran parte de la vida social se articula en torno a espacios muy concretos, la pérdida de la piscina supone un cambio inmediato en la rutina del verano. “Ya no es tanto por el nadar, que también. Es interactuar, hacer pueblo, hacer vida. Aquí interactúan muchos rangos de edades, ya no solo en la propia piscina, sino cuando sales al merendero, los críos están jugando en el frontón, las abuelas estamos también con los nietos. Es la vida que se respira en el pueblo. La piscina es nuestro corazón y nuestro pulmón en el pueblo durante el verano, es lo que nos da realmente la vida”, relatan Inés Salinas y Dolores Cabañas, vecinas afectadas por el cierre de las piscinas.

Berta Sánchez es madre de una niña, y en su caso el cierre de las piscinas ha supuesto un cambio inmediato en la organización del verano, pero sobre todo en la manera en la que su hija vive su tiempo libre y se relaciona con sus amigos. “Yo tengo una cría que le encanta la piscina, estar en el agua, y para nosotros no es solo el baño, es todo lo que pasa alrededor, porque allí están sus amigos, allí pasa las tardes, allí hace su verano”, explica. La dificultad, señala, no está únicamente en tener que desplazarse a otros municipios, sino en la pérdida de ese espacio común en el que todos los niños del pueblo coincidían de forma natural, sin necesidad de planificación ni desplazamientos. “Ahora tenemos que organizarnos entre varias familias, ver a qué pueblo vamos, cómo cuadramos los horarios, si coinciden o no los amigos… y eso cambia completamente la dinámica”.

En una línea similar se expresa Amagoia Jiménez, madre de dos adolescentes, que pone el foco en la pérdida de autonomía de los jóvenes del pueblo, acostumbrados hasta ahora a moverse con libertad dentro del propio municipio. “En mi caso tengo dos hijos de 15 y 17 años, y aquí cada uno de sus grupos de amigos va a acabar en un sitio distinto, uno en un pueblo, otro en otro, y ya no coinciden como antes”, explica. A su juicio, el problema no es solo logístico, sino también social, porque rompe rutinas muy asentadas en la vida del pueblo. “Los críos no quieren estar todo el día de un lado para otro, y al final te dicen que si no están sus amigos casi prefieren no ir, porque ya saben que cada uno va a acabar en un sitio distinto”.

Entre las personas mayores, el impacto se vive de otra forma, pero con la misma intensidad. Inés Salinas y Dolores Cabañas lo resumen en la pérdida de un espacio cotidiano de encuentro que en verano estructuraba gran parte de sus jornadas. “Nosotras es que no tenemos otra opción, porque cuando te haces mayor te quedas más en casa y la piscina era donde nos juntábamos todas las tardes, donde hablábamos, donde estábamos con la gente”, explican. Para ellas, no se trata únicamente de una instalación deportiva, sino de un lugar de socialización continuada que desaparece durante estos meses. “En invierno sales menos, haces más vida en casa, y el verano era eso, era la piscina, era vernos todos los días”.

La alternativa pasa ahora por desplazarse a otras piscinas de la comarca, pero las vecinas coinciden en que no es una solución sencilla ni equivalente. Implica coche, organización y, en muchos casos, depender de horarios y de la disponibilidad del resto de familias. “Te obliga a coger el coche para todo, a organizarte de otra manera, y al final no es lo mismo que tenerlo aquí al lado”, señala Berta Sánchez, que insiste en que el cambio afecta también al coste económico y al tiempo disponible en el día a día.

Más allá de lo práctico, en Garinoain se repite una idea que atraviesa todos los testimonios: la ausencia de alternativas reales en el propio municipio. “En los pueblos no hay plan B. Aquí la piscina no es solo un sitio donde bañarte, es prácticamente el único espacio donde en verano se hace vida”. Esa falta de opciones es la que, según las afectadas, amplifica el impacto del cierre y convierte lo que en otro contexto podría ser una molestia puntual en una alteración profunda de la rutina estival.

El Ayuntamiento prevé que las obras comiencen en septiembre y que las instalaciones puedan reabrir el próximo verano ya adaptadas a la normativa. Hasta entonces, Garinoain afronta un verano distinto, sin uno de sus principales puntos de encuentro y con la sensación compartida de que algo cotidiano, casi automático en la vida del pueblo, se ha interrumpido de forma brusca. “La piscina no era solo para bañarse”, resume una de las vecinas. “Era donde se hacía pueblo, donde nos veíamos todos, y este verano eso simplemente no va a estar”.