Podría comentar que por primera vez en 12 años el paro bajó en diciembre en Navarra o que zonas de Navarra se siguen despoblando en beneficio del efecto succión que hace Pamplona y su comarca o alabar el gesto del entrenador de Larraona en el Interescolar, que le dijo al árbitro que el penalti que les habían tirado era gol y que por eso ellos aún no se habían clasificado para semis, pero el jueves me requisaron una manzana. Una manzana gorda, roja, de las que están a 2,95 el kilo, pasó casi 8 horas metida en una bolsa de plástico a la entrada de un recinto ferial, donde había una feria para niños, por cierto bastante más agradable de lo que un cascarrabias como yo imaginaba. Ella solica, la pobre, la manzana. Le graparon un ticket con el número 63, me dieron a mi otro y a la salida la pude recuperar. Qué abrazos nos daba. La tenemos Luka y yo en casa ahí en un altar y lo mismo la disecamos. El caso es que en el recinto hay restaurante y no te dejan entrar comida y tampoco te dejan salir a comer fuera y luego regresar si has pagado el ticket de día, con lo cual estás obligado sí o sí o a morir de hambre o a comer allá a nada que quieras pasar unas cuantas horas, que es lo que hicimos: pasar unas cuantas horas y comer allá, no porque nos quitaran la manzana, sino porque estaba previsto comer allá sí o sí. Me parece lógico que no se deje a la gente meter bandejas de cangrejos, tuppers de callos y boles de macarrones y me parece lógico que se quiera sacar rendimiento hostelero al tema, los precios dentro no son caros. ¿Pero una manzana, es necesario requisar una manzana? No sé, si hubiese puestos de fruta dentro lo entiendo, pero es que había pinchos y churrería y el restaurante y estuvimos 8 horas, así que por una manzana para un niño de cinco años no pasa nada, digo yo. Pues nada, la manzana requisada. El año que viene llevaré gajos de mandarina en los calcetines.
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