Y tiro porque me toca

Correo de la ciénaga

21.03.2021 | 00:54
Correo de la ciénaga

Hace unos días, en el Congreso, Aitor Esteban esgrimió una cuestión de justicia en relación a una verdadera investigación del asesinato de Mikel Zabalza, y Grande-Marlaska, ministro, que tiene cinta guapa de correr, se fue por ella y por las ramas muy leguleyas y poco justas, algo que se le da bien, para negar la posibilidad de investigar de verdad ese crimen, a sabiendas de que los caminos transitados hasta ahora han dado en nada. País de la burla que no cesa el nuestro, sí. Los secretos oficiales y las materias reservadas son el escondite de lo peor que puede tener un régimen que hunde sus raíces en el cieno de una dictadura y que sale de ella como si esta nunca hubiese existido. En cuanto un asunto compromete la imagen falsamente idílica de una institución del Estado se declara materia reservada, secreto oficial, encubrimiento. Hasta el zambullo de los políticos compromete aquí la seguridad del Estado, lo mismo si roban o extorsionan o tienen conductas claramente mafiosas, como el expolicía Villarejo. Es un enigma que gente como él haya estado en la cúpula policial y que no se supiera lo que hacía, habida cuenta de la cantidad de clientes y de ayudantes que tenía. Cuando se destapa el pozo negro se echan a los leones unos cebos para que estos se entretengan, pero el fondo de la cuestión, la corrupción institucional, permanece donde estaba y donde está, sin ser en modo alguno inquietada.

Así es como llama la atención la chulería del policía que con sus silencios o sus ladridos encubre a su antiguo superior en una comisión del Congreso de los Diputados, una institución que a esa gente les sobra y a la que no conceden más autoridad que la reglamentaria y de apariencias, y contentos. Ellos saben que tienen un poder que está al margen y más allá de la autoridad que confieren las urnas a las que acuden los ciudadanos. Saben que este régimen sin cloacas no podría subsistir y eso les da vida.

Podríamos cansarnos que repetir que urge una depuración de los cuerpos policiales anclados en otros tiempos, pero estoy seguro de que cuanto más urja, menos se hará. Ni en los policiales ni en la magistratura ni en los militares en donde ha terminado por poner la mira la Unión Europea, en la medida que se ha destapado que un oficial, filonazi activo, ocupa un puesto de mando de una unidad de elite de la OTAN. ¿Un desdiós? Sí, ¿y qué? Uno más, uno de tantos, uno cualquiera de los que la ministra de defensa desdeña con arrogancias de viejo cuño y renovado autoritarismo.

Voy haciéndome a la idea de que esto es lo que hay y lo que habrá por muchas mutaciones que haya en el Gobierno de la nación. Digo bien mutaciones y no cambios de verdadero alcance social y político, o tan lentos estos que hacen que los cambios acaben por resultar poco menos que inapreciables. Veo la cara de quienes me gobiernan y no me gustan porque lo que veo no son sino rostros pasajeros de un andamiaje pervertido, usado hasta la trama, de un orden social engañoso; pero los hay peores, a los rostros me refiero. Además, este es un asunto muy particular y subjetivo, y en nada atañe a quien les vota en conciencia, con convicción y con la mejor de las esperanzas de logros para el bien común.

No voy a afirmar que todo lo que rodea la política española es negro cirrión porque no es verdad; pero afirmar que el horizonte es borrascoso eso no me lo quita nadie. Para muestra un botón, el de los obispos en pie de guerra por la reciente aprobación de la ley que permite la eutanasia. Tenemos bronca para rato y no solo por los fascistas poco menos que genéticos, que se saben en el bando de los buenos desde el que pontifican y mienten a placer para llenar a su favor las urnas que por lo visto les pertenecen€ ¿El bando de los buenos? ¿Pero eso qué es? ¿España les debe una€? Están convencidos de que la esfera de la vida pública desde la que se gobierna es una taberna, un chiringuito de copichuelas, un tendido de sombra, una caseta de feria huapa para amiguetes servida por una ciudadanía entre baldada, lacayuna o encolerizada en balde, que como mucho mira desde fuera sus evoluciones y bailongos€ y de eso es muy difícil que se apeen. No hay alarma que cierre esas barracas.