La encíclica Laudato si (Alabado seas) llega tarde. Por lo menos con una semana de demora. Para Jesús Equiza habrá sido algo similar el cambio político, que muchos hombres y mujeres de edad avanzada pensaban que nunca lo verían y por eso se echaron a la calle para cerciorarse con sus propios ojos. Equiza, de 85 años y párroco de Labiano, ha vivido para leer las reflexiones del papa Francisco en las que, entre otras cosas, censura a un sistema económico mundial que ha convertido al planeta “en un depósito de porquería”. Cuando allá por 1990 Equiza abanderaba las marchas antivertedero en el valle de Aranguren seguro que echó en falta -además de un trato más comedido en las cargas de las fuerzas policiales- unas palabras de respaldo por parte de la jerarquía de la Iglesia en Navarra. Equiza recogió en un libro aquella lucha vecinal que le supuso una condena de seis meses de prisión, posteriormente anulada por el Tribunal Supremo. El teólogo y escritor, que ya calificó a Bergoglio como “un Papa valiente”, hubiera querido tener esa encíclica en sus manos para desmenuzarla ante los parroquianos que el domingo pasado le escuchaban en la tradicional romería, en la misa de las nueve de la mañana, aunque quizá en lugar de ¡52 minutos! de oficios hubiera necesitado asaltar en su beneficio el horario del siguiente oficiante...
Anécdotas aparte, que la Iglesia ponga los pies en la tierra la presenta como menos divina y más humana. Mirar más al cielo que al suelo ha sido el ejercicio habitual entre la mayoría de la curia, una puerta de fuga para quienes han vivido de espaldas a los problemas y preocupaciones terrenas de sus feligreses. Me cuesta imaginarme, la verdad, a párrocos que emulen el compromiso de Equiza y que mañana mismo se pongan al frente de una protesta contra prácticas de fracking, el proyecto de explotación de una mina o la instalación de un matadero (por citar tres casos de actualidad en Navarra), codo con codo no solo con sus feligreses sino con quienes ni visitan la iglesia.
La Tierra es la patria y el templo de todos sus habitantes. De ella venimos y a ella volveremos. Algo por lo que pelear y rezar. Aunque como decía tiempo atrás el propio Equiza “aún no hemos conseguido que la gente separe la basura en los contenedores...”.