De frente

La vida aplazada

12.03.2020 | 00:56

la expansión del coronavirus nos ha conducido a una nueva fase: la de la vida aplazada. La multiplicación de los contagios y la urgencia por ponerle freno al COVID-19 ha afectado también a la agenda de actividades, al ocio, a las tradiciones y a los hábitos sociales. Es imposible hacer planes, programar las vacaciones de Semana Santa, una escapada de fin de semana o cerrar un destino cierto para el verano. Se cancelan conciertos y las competiciones deportivas de toda modalidad y categoría. Saber en qué fecha podrán celebrarse los eventos es consultar una bola de cristal. ¿Qué hacemos? El calendario ha dejado de ser una referencia más allá de designar el día de la semana y el número que lleva asociado: una secuencia plana salvo en lo que afecta a la franja laboral o a citas con el médico, al menos de momento. También entran en periodo de impasse la política, la vida parlamentaria y hasta la elecciones autonómicas ya convocadas. Con las aulas vacías, los periodos de exámenes van a quedar alterados, con una selectividad en el horizonte que, por unos días, suele alterar el latido familiar. Las Fallas de Valencia evitarán durante unas semanas ser pasto de las llamas, pero ¿el virus alcanzará a los Sanfermines? El coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, anticipó ayer que, "en el mejor de los casos", esta crisis puede alargarse entre dos y cuatro meses, con lo que estaríamos a finales del mes de junio. Así que bajando a un plano más festivo, ¿qué pasará con las reservas de hotel o para los almuerzos del 6 de julio, el abono de los toros, la contratación de las txarangas, los conciertos y las orquestas...? No es ninguna frivolidad, porque esos ocho días julio dividen el verano y no me refiero solo a los festejos o al día que hay que salir corriendo a la playa, sino a los calendarios en el trabajo. No hay margen para planificar; solo las suspensiones, lo que no tendrá espacio más adelante, lo que pudo ser y no fue, solo eso nos da certezas. Mientras tanto, el día a día es tiempo en proceso de aplazamiento.