Este martes se cumple un año del histórico apagón que dejó sin luz durante muchas horas a toda la península. Un evento extraordinario, con múltiples causas y seguramente sin un único responsable, pero que reveló, pese a la rapidez en la respuesta, las insuficiencias de una red que debe soportar en los próximos años el mayor cambio de las últimas décadas y cuya fortaleza resulta indispensable para consolidar la integración completa de un volumen creciente de generación eléctrica de origen renovable.
Aunque los expertos consideran que es altamente improbable que un apagón similar se repita, también recuerdan que el riesgo cero no existe y apuntan asimismo a la necesidad de acompasar el modo en que se gestiona la red con un contexto cambiante, que responde no solo al despliegue imparable y necesario de las renovables, sino también al auge del autoconsumo, del almacenamiento a gran escala y de la generación distribuida: la producción de electricidad y su consumo se encuentran cada vez más cercanos físicamente.
Todo ello ha transformado por completo el modo en que se genera y se distribuye la electricidad, sin que los cambios en la red hayan avanzando a la misma velocidad. Resulta por tanto invertir de modo sostenido en redes, integrar nuevas tecnologías como la inteligencia artificial y seguir apostando por las renovables con un horizonte temporal de largo alcance, con avances continuos pero sin incurrir en precipitaciones que solo sirven para alimentar las voces contrarias a la transición energética.
Porque si algo ha quedado claro en el último año es la ventaja competitiva que supone un mix eléctrico en el que las renovables ejercen de freno para los precios. Por primera vez en un siglo, la energía puede ser una ventaja competitiva relevante para la industria de Navarra y de la CAV respecto a la de buena parte de Europa, mucho más dependiente de los combustibles fósiles que hay que importar de países tan poco fiables como Rusia o Estados Unidos, que ha dejado de ser un aliado. Acelerar la transformación de los grandes consumidores de electricidad industriales y hacerlo en un entorno seguro, que garantice energía abundante, estable y barata, resultará esencial para asegurar la competitividad y, por qué no, el crecimiento del sector económico más relevante de nuestra economía.