Mesa de Redacción

Esas cosas que no cambian

28.05.2020 | 00:23

Haya covid-19 o no lo haya, hay cosas que nunca cambian en la política española. Y casi siempre las menos decorosas. Las puertas giratorias, por ejemplo. Las denominadas puertas giratorias describen la presencia de expolíticos en los consejos de administración de las grandes empresas de energía, telecomunicaciones, telefonía, armamento, apuestas, etcétera. Los afortunados en el último sorteo de esos cómodos sillones bien retribuidos han sido los exministros socialistas José Montilla –también expresident de Catalunya–, y Pepiño Blanco, éste de penoso recuerdo para Navarra. Ambos pasarán a formar parte del consejo de administración de Enagás con una retribución mínima de 160.000 euros seguramente por figurar más que por hacer. También para ejercer de correvidiles de los intereses particulares de esas empresas más que por sus conocimientos. Con González y Aznar a la cabeza de las puertas giratorias –también se apuntó a esta juerga Barcina tras dejar la política navarra–, la lista es inmensa. Las puertas giratorias de la política a las grandes empresas – también incluyen a hijos o familiares de políticos– son ya un símbolo del tráfico de influencias, los favores debidos y el más puro y simple amiguismo. Políticos en retirada, exministros y expresidentes que engordan sus ya jugosas jubilaciones con asientos en sus consejos de administración. Y casi siempre en empresas o sectores a los que han beneficiado previamente con sus decisiones políticas. Una imagen lastimosa de la sumisión de la política a la economía. El modelo caciquil de aprovechar el poder en beneficio propio. De hecho, el mismo Consejo de Europa advertía que el sistema denominado de puertas giratorias está cada vez más bajo sospecha. En este sentido, el Consejo de Europa recomendó al Estado español, con escaso éxito al parecer, adoptar medidas de higiene democrática después de que hubiera perdido posiciones en el índice de transparencia en los últimos años hasta situarse en lugares de cola en el mundo. Las puertas giratorias conforman la metáfora de un sistema en decadencia que salta a sus anchas de ministerios y cargos públicos a a consejos de administración. Y no se ve el final de esta cola de afortunados.

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