Cambios en los últimos 21 años

16.02.2020 | 01:12

e l pasado 18 de enero un grupo de amigos, esta vez con algunas de nuestras esposas, nos reunimos para almorzar y para algo más. Este grupo de amigos, ahora de 15 personas, al que denominamos Xagu, llevamos reuniéndonos hace casi exactamente 21 años, normalmente el segundo viernes de cada mes, excepto julio y agosto. Llevamos a un invitado para que nos introduzca en un tema y, después, en una única conversación, moderada por uno de nosotros, conversamos sobre el tema en cuestión con el invitado. En 21 años nos hemos reunido con periodistas, abogados, médicos, psiquiatras, sacerdotes, prostitutas, miembros del LGTB, artistas, artesanos, monjas, gitanos, arquitectos, veterinarios, políticos, etcétera.

La reunión del día 18 fue algo diferente. No solamente porque hubiéramos invitado a nuestras esposas (no es la primera vez que acuden algunas) sino porque queríamos hacer una reflexión de estos últimos 21 años pasados en el grupo. Uno de nosotros habló de la evolución de lo político, otro de lo que ha supuesto la revolución digital en nuestras vidas, un tercero habló en cómo habían evolucionado las relaciones entre los hombres y las mujeres, aunque él se centró en lo que percibe de las relaciones entre chicos y las chicas (o entre miembros del mismo sexo) antes y ahora. Otro se centró en nosotros mismos como grupo, lo que nos ha aportado, las dificultados que hemos atravesado, los nuevos ingresos y realizo un recorrido, incompleto, de las personas a las que habíamos invitado pidiendo que le anotemos los que recordemos y que no hubiera nombrado. A mí me pidieron que, en no más de cinco minutos, como los demás intervinientes, hablara de cómo se había modificado la sociedad en estos últimos 21 años. Y dije, medio en broma, medio en serio, más o menos, lo siguiente:

–En la escala pobreza/bienestar real en la CAV // EDPS (datos del Gobierno Vasco) el año 2000 había 5,1 % de hogares familiares en pobreza real. Esta cifra era del 6,1 % en 2018. Mientras que un 29,5% se situaban en "bienestar total" el año 2000 que en 2018 se elevada al 41,2%. Aumentan, pues, los más pobres, pero, sobre todo, los más ricos. En general Euskadi es más rica hoy que hace 20 años, aunque algunos (los hemos oído en Xagu, dicen que estamos en recesión). Quizá eso explique que hayan disminuidos las manifestaciones donde algunos gritaban "ETA herria zurekin", por las de los lunes con los jubilados pidiendo, desde hace dos años, una jubilación mínima de 1.080 €.

–Sin ETA, la zona nacional (la Parte Vieja donostiarra) se ha convertido en zona internacional, con predominancia francesa. La zona ha quedado en manos de cuatro o cinco colectivos (autóctonos) que desertan los bancos por los pintxos. ¡Quién iba decir que esa sería la opción de los nuevos capitales flotantes en Euskadi! Así, la zona nacional se ha convertido en una zona de bares, tabernas, espacios ruidosos y tumultuosos (aunque al Tribunal Supremo estos tumultos no le interesan) habiendo desertado los pequeños y tranquilos comercios. Los autóctonos tibios, como yo, seguimos incómodos en la zona nacional, hace 20 años, ahora internacional, aunque incómodos por razones distintas.

–Hace 20 años los miembros de Xagu teníamos responsabilidades laborales. Estábamos en activo. Suspirábamos por las vacaciones y los fines de semana. Hoy casi todos estamos jubilados, muchos con goteras (imposible no recordar a uno de nosotros que sufre una especie de alzhéimer) y, en gran medida, somos dueños de nuestro tiempo. Excepto los fines de semana y en parte de nuestras vacaciones, así como durante las indisposiciones de nuestros nietos que les impiden ir a la ikastola. En esos casos nos esperan, a menudo, tareas domésticas, aunque, siendo sinceros, nuestras doñas se ocupan de estas tareas más que nosotros mismos.

–Los medios de comunicación social hace 20 años pecaban de parcialidad: barrían para casa. Ahora sigan tan parciales, o más, y rellenan horas o páginas con sucesos truculentos, desgracias múltiples (tanto si suceden en Honolulu como en Obaba) concursos de todo tipo y, como la Iglesia está de muy capa caída, se han convertido en púlpitos laicos de lo políticamente correcto. Reflejando lo que peor hacen los hombres (y mujeres, aunque aquí destacan los hombres, claro está) y subrayando las noticias y desgracias más negativas. Aunque con sermones, tan aburridos y malos de solemnidad, como los de los curas de hace 20 años. A menudo con los mismos temas (el sexo) bien que con diferentes acentos y valoraciones.

–La Real Sociedad sigue igual: aglutinador de Gipuzkoa, dicen, y feliz receptor de nuestros impuestos (Lo mismo diría de Osasuna, Athletic o Alavés). Sin que nadie ose rechistar, aunque no le guste nada el fútbol, ni vaya nunca al Reale Arena. Aunque al portavoz de Compromís en el Senado (lo leí el mismo 18 de enero en el digital NIUS de Mediaset) Carles Mulet, le parece mal que se dedique "un millón de euros anuales en algunas comunidades a los 900 capellanes en los hospitales" argumentando, a quienes le critican, que "quien tenga vicios, que se los pague".

–Sin ETA, y gracias a las redes sociales, el control social ha aumentado y los insultos (determinados insultos) se han disparado. Así, los que escriben, firmando lo que escriben, se sienten menos libres que hace 20 años para decir, de verdad, lo que piensan de algunas cosas. Es la autocensura digital, de la que se libran, sin embargo, los políticos y los anónimos de las redes sociales que se despellejan a muerte. Así entienden la libertad de expresión.

–Hace 20 años casi nadie hablaba del medio ambiente y de los riesgos del calentamiento global. Hoy está en la sopa de todos los días. Además, pretenden que dejemos de comer carne. Carne roja de la buena. Me alegra saber que voy a cumplir 78 años.

–La comida "bio" y la comida "sin" (sin sal, sin azúcar, sin grasa, sin sabor, en suma) se está imponiendo, sobre todo, en las nuevas generaciones y en los ancianos alojados en residencias públicas, todos adoctrinados en los pulpitos laicos de los medios. Y, además de andar, poco importa a donde sea, hay que beber agua. Mucha agua. Sin gas. De vino un vasito y solamente si estás muy sano. Me tranquilizan, de nuevo, mis 78 años y mi alergia a los púlpitos laicos. Pretenden meternos el infierno en la tierra.

–Podría decir más cosas, pero atendiendo a las indicaciones del Xagu Fundador (no más de cinco minutos), a la auto censura, ya mentada y, acordándome del abogado de algunos insignes procesados del procés, yo también terminé diciendo "y ahí lo dejo". Algunos se rieron con tibios aplausos.