Por un mercado laboral fuerte

07.11.2020 | 01:19
Por un mercado laboral fuerte

En poco tiempo hemos sufrido dos fuertes crisis económicas. La primera, la del 2008, tuvo un impacto social y económico enorme fruto de los excesos de la economía especulativa que creía que llenarse los bolsillos sin límite no iba a tener consecuencias. La actual, con características comunes, nos dejará una huella enorme en todos los ámbitos.

Lo cierto es que las crisis, con diferentes orígenes pero consecuencias parecidas, forman parte ya de nuestra propia cotidianeidad económica. Es típico del sistema capitalista vivir en un péndulo de crecimiento, por eso lo relevante ya no es saber si habrá otra crisis, sino cuándo la habrá. Por lo tanto, urge aprovechar este momento de reflexión para construir otro andamiaje laboral y económico que evite dos de las consecuencias habituales de las crisis: la acumulación de la riqueza y la devaluación de las condiciones y derechos laborales de las mayorías sociales.

Para lo primero es necesario abordar una política fiscal progresiva y progresista; sin eso, la apuesta por los servicios públicos no deja de ser una especie de brindis al sol. Hoy todavía las rentas del trabajo, las que tenemos la mayoría, son las que soportan las cargas fiscales. En realidad, si tenemos que hablar en algún momento de infierno fiscal, es el que se aplica a las rentas bajas y medias, que en proporción pagan muchos más impuestos que empresas y rentas altas. Y no se trata solo de plantear un debate entre ideologías, sino de reforzar la idea de la solidaridad entre personas y empresas que construyen sociedad.

Tras la crisis del 2008 las elites económicas acumularon todavía más riqueza, por eso necesitamos resortes legales e instrumentos fiscales para que se dé un reparto más justo de la riqueza. Acumular en tiempos de crisis no solo es insolidario, sino que quiebra la lógica del propio Estado del Bienestar. Hoy y ahora necesitamos que los gobiernos dispongan de herramientas para aplicar esa justicia redistributiva que hará que los servicios públicos puedan ser fortalecidos.

En CCOO tenemos claro que debemos seguir dando la batalla en esa disputa, orientando nuestras propuestas a ofrecer seguridad, protección, oportunidades y bienestar a la mayoría social. Frente a discursos conservadores esa lucha por la hegemonía cultural, de la que se habla mucho actualmente, podría conseguir que amplias capas de la sociedad interioricen que los servicios públicos, la fiscalidad progresiva y las rentas públicas son vitales para construir una sociedad cohesionada y basada en una buena convivencia.

En cuanto al mercado laboral y los derechos de la gente trabajadora, es necesario subrayar que también en Navarra tenemos un mercado laboral que se caracteriza por la sobrerreacción ante las crisis. Se destruyen miles de empleos cuando la crisis golpea fuerte y se generan miles de empleos cuando se dan fases de expansión económica. Pero lo cierto es que ese efecto muelle está creando un mercado laboral precario y dual. Porque la temporalidad se ha convertido en el atajo empresarial para ajustes económicos ante los cambios.

En ese marco la paradoja foral se caracteriza por bajos niveles de desempleo, en comparación con el resto de CCAA, y a la vez altas tasas de parcialidad y una brecha de género en salarios muy acusada.

Corresponde a los gobiernos reorientar las inversiones y las políticas activas de empleo para salir de la crisis con un mercado laboral más robusto. En ese proceso es vital aprovechar las oportunidades para impulsar sectores que generen trabajo más productivo y fortalecer los servicios públicos.

Tal y como ya se ha hecho, los proyectos subvencionables presentados a los fondos europeos tienen que tener esa orientación. Apostar por la tecnología, la transición digital y la economía verde podría generar oportunidades importantes para la economía navarra. Es obvio que la precariedad tiene su origen en las leyes laborales, pero el modelo productivo también tiene un papel crucial.

Lo esencial de un cambio de ciclo, por lo tanto, no está en conseguir un crecimiento meteórico de la economía, sino en modificar las prioridades, las estructuras productivas y el mercado laboral. Porque si seguimos facilitando la temporalidad mediante una legislación laxa en este sentido, no sólo construiremos un mercado laboral dual, sino que, además, aquellas personas que tienen trabajos precarios serán penalizadas en el futuro. Una carrera de cotización exigua e intermitente genera pensiones también precarias.

Volver a tener la tentación de mejorar los ajustes contables en las empresas usando la presión salarial a la baja nunca podrá ser una buena vía. Por eso es preferible que la tendencia empresarial mire hacia la flexibilidad interna antes que tomar decisiones traumáticas. Necesitamos cambiar leyes, pero también la cultura empresarial.

Es ahora cuando podemos quebrar esa inercia de nuestro mercado laboral, apostando por la calidad en el empleo y por sectores con valor añadido. Para ello es crucial derogar la reforma laboral y mirar al largo plazo.

El autor es secretario general de CCOO Navarra