Silencio en el Sáhara

01.12.2020 | 00:04
Silencio en el Sáhara

La situación de los saharauis es insostenible. Llevan treinta años de alto el fuego en unas condiciones de supervivencia muy precarias y arrinconados por Marruecos en la zona más pobre de su territorio. La gota que ha colmado el vaso –un incidente en torno a las obras de una carretera– ha precipitado que el 13 de noviembre el Frente Polisario anunciara por boca del presidente de la República Árabe Democrática Saharaui, Bahim Ghali, la declaración del estado de guerra que pone fin al acuerdo firmado con Marruecos en 1991 bajo la supervisión de Naciones Unidas.

Esto ha sido el colofón a los constantes abusos de poder marroquí, empezando por el más sangrante, el saqueo ilegal de las materias primas (gas natural, uranio, fosfatos, pesca...) que explotan empresas de la Unión Europea (algunas españolas), Estados Unidos, Rusia y Marruecos, claro. La represión marroquí se refuerza con varios muros de la vergüenza que suman más de 2.600 kilómetros de longitud impidiendo el libre acceso de los saharauis a las tres cuartas partes de su territorio.

Tampoco se ha podido realizar el referéndum de autodeterminación previsto y auspiciado por la ONU. Marruecos lleva años practicando una ofensiva de asimilación nacional a base de incentivar el asentamiento de marroquíes en el Sáhara Occidental con vistas a ganar dicho referéndum maniobrando con éxito para posponer la consulta, a pesar de que Naciones Unidas haya rechazado todas sus dilaciones. Lo cierto es que Rabat no acepta la legalidad internacional derivada del acuerdo firmado de tregua. Para el rey Mohamed VI es fácil seguir soñando con el proyecto del Gran Marruecos que viene de lejos. Solo Estados Unidos le ha vendido armamento por doce mil millones de dólares durante el mandato de Trump.

Los saharauis forman una nación pequeña traicionada por la dictadura franquista que, tras la invasión militar marroquí del Sáhara Occidental, cedió la administración de este territorio a Mauritania y Marruecos. A pesar de que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya había rechazado las pretensiones anexionistas de ambos países y se ratificase en el derecho de autodeterminación saharaui.

España interrumpió su proceso de descolonización en 1976 al firmar los Acuerdos de Madrid, pese a que estaba comprometido con la ONU para llevar a cabo dicha descolonización. Esta fue la espoleta que activó los enfrentamientos armados en 1976 entre el Frente Polisario por un lado, y Marruecos y Mauritania por otro. Ante estos varapalos, el rey Hassan II autorizó la Marcha Verde como aparente medida de presión contra España, que a su vez lo aprovechó para dejar aquellos territorios sin cumplir su papel descolonizador en favor de sus legítimos dueños.

Poco después, Juan Carlos I, como jefe del Estado en funciones (Franco todavía agonizaba), firma los acuerdos tripartitos de Madrid en los que España cedía la administración del tercio sur del territorio saharaui a Mauritania y los dos tercios septentrionales a Marruecos. Mauritania acabó abandonando su parcela del botín después de las continuas derrotas frente el Frente Polisario, salvo una parte para resguardar a Nuadibú, su capital comercial. Desde entonces, los saharauis no han cesado de exigir a España que cumpla con las responsabilidades derivadas de su colonialismo para que puedan ser reconocidos como la república soberana que quieren ser y pueda regresar una parte considerable de saharauis que ahora viven refugiados en campamentos argelinos.

El 6 de septiembre de 1991 se produjo el alto el fuego y ambas partes aceptaron la propuesta de Naciones Unidas de celebrar el referéndum de autodeterminación en enero de 1992. Después de tanto tiempo, la solución política, ya legalizada, no llega. Mientras tanto, se vienen produciendo violaciones constantes de los derechos humanos por la parte marroquí: bombardeos de napalm sobre los civiles, desplazamientos masivos forzosos hacia campamentos de refugiados en el desierto argelino, torturas, expolio... Pero los gobiernos españoles han privilegiado las relaciones con Marruecos. Como dijo la lideresa saharaui Aminatou Haidar, candidata al Nobel de la Paz el año que lo recibió Obama, "se han tolerado las violaciones de los derechos humanos y permiten que se nos masacre".

Todo depende de la voluntad política en forma de tres grandes desafíos mientras un manto de silencio cubre este drama: que se aplique la legalidad internacional. Lograr una solución política mediante un referéndum de autodeterminación. Y la supervisión inmediata de los derechos humanos en la zona. Ojalá sea pronto.

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