Emergencia energética

27.04.2022 | 01:03
Placas solares de la empresa Schneider Electric

La crisis derivada de la invasión de Ucrania deja de manera más palpable la insostenibilidad del sistema actual. No nos engañemos, la crisis no va a ser temporal, deja al descubierto las amenazas y nuestras debilidades. El camino necesario es triple, por un lado, obligada transición energética, por otro el necesario paso a una economía más circular y, en tercer lugar, la necesaria transición digital. No empezamos desde cero, la propia Comisión Europea marcó estas prioridades mucho antes de la pandemia, pero lo cierto es que debemos revisar y acelerar nuestros planes si queremos ser un continente industrialmente competitivo en el mundo. El Plan Industrial de Navarra que presentaremos en los próximos días marca también esta ruta. En este artículo me centraré en la primera, es decir, transición energética.

En Navarra, el sistema energético actual está basado en un 78% en fuentes fósiles, es decir, petróleo, gas y carbón es insostenible por tres motivos: es sucio, ineficiente y caro. Sucio, porque contaminamos el planeta hasta el punto de estar actualmente en emergencia climática. Es ineficiente porque nos hace tremendamente dependientes del exterior. Es caro porque en Navarra, ya en 2019, dedicamos casi un 9% de nuestro PIB para adquirir combustibles fósiles. Desde el Departamento de Desarrollo Económico entendemos una transición energética basada en tres pilares: mayor generación de energías renovables, potenciación del autoconsumo y mejora radical de la eficiencia energética.

En cuanto al fomento de generación de más energía renovable, el Decreto-Ley Foral publicado el pasado 22 de abril adapta ciertas simplificaciones en el procedimiento de establecidas en el Real Decreto Ley, tanto en materia de evaluación ambiental, como en tramitación conjunta de ciertos trámites. A su vez, en Navarra hemos introducido unas pioneras disposiciones para facilitar la repotenciación de parques (arts. 4 a 8), hibridación de instalaciones renovables (art. 9), almacenamiento (art. 10), así como un procedimiento simplificado para autorización de instalaciones para autoconsumo que ocupen una superficie no superior a 5 hectáreas. Sin embargo, quizás uno de los mayores retos sea la sustitución de los miles de equipos, maquinaria e infraestructuras que hoy en día en Navarra utilizan combustibles fósiles para funcionar. De nada servirá instalar ingentes cantidades de nueva energía eléctrica limpia y su correspondiente almacenamiento sin reposición de equipos: vehículos a motor, calefactores, cocinas de gas, maquinaria pesada y agrícola a gasóleo, procesos industriales de alta temperatura, etcétera. Para ello sería necesario reforzar las líneas de ayudas en las que ya se viene trabajando tales como descarbonización, inversión o fomento del autoconsumo industrial.

La mayor generación está ligado al almacenamiento, no podemos olvidar retos en los que ya hay decisiones de inversión importantes como el hidrógeno verde, biogás, la biomasa o el bombeo. En 2021 se aprobó la Agenda del H2 de Navarra, así como una mesa de participación público-privada. En este sentido, se propone la configuración de un marco fiscal atractivo para las futuras inversiones en Navarra. En cuanto al biogás, no podemos olvidar que existen actualmente 2.500 km de canalizaciones de gas en Navarra, y su posible uso con hibridación de hidrógeno, biogás y algo de gas gris será analizado por el Departamento. Por último, la Ley Foral de Cambio Climático y Transición Energética menciona la biomasa como otro posible vector, algo que también será analizado. Además, en todas ellas (hidrógeno, biogás y biomasa), es necesario reforzar las actuales líneas de apoyo específicas, algo que ya se está realizando, por ejemplo, mediante disponibilidad de líneas de apoyo a proyectos estratégicos y proyectos colaborativos de I+D, que estén alineados con los diferentes PERTEs.

Gracias a diferentes directivas, desde hace escasos tres años el autoconsumo ha dejado de estar proscrito en el Estado español. Si bien dichas directivas están todavía sin transponer, desde el Departamento de Desarrollo Económico hemos propuesto una novedosa propuesta de Orden Foral que acaba de estar expuesta a participación pública, y que queremos consensuar con todas las fuerzas políticas. Además, se estima necesario la creación de un "Hub de autoconsumo en Navarra", y proyectos emblemáticos, líneas de apoyo a comunidades energéticas, así como refuerzo de los planes de descarbonización de polígonos industriales. En Navarra hay que sumar desde 2018 las desgravaciones fiscales de hasta un 30% en autoconsumo.

Por último, mediante la eficiencia energética se pretende poder ahorrar hasta un 20% del consumo total actual. En todas ellas se desarrollan actualmente medidas de apoyo vía subvenciones directas o de inversión, pero es necesario reforzarlas. A todo esto, también hay que sumar la reciente Agenda de Impulso de la Movilidad Eléctrica en Navarra, otro reto fundamental que tenemos encima de la mesa.

Durante la pandemia vivimos una situación de emergencia sanitaria y el Gobierno respondió a la misma asignando los recursos necesarios. Ahora, en 2022, los europeos estamos inmersos en una emergencia energética, que está poniendo a prueba no solo la competitividad, sino, en muchos casos, la propia supervivencia de empresas y autónomos. Además de lo anterior, desde la UE se está marcando el ritmo del cambio. Una vez más, el que consiga estar a la vanguardia, será más competitivo. La mayor generación de energía de fuentes renovables y la gestión de los 82 expedientes activos en este momento es solo un aspecto de la necesaria reforma. La descarbonización incluye la inversión en eficiencia energética, almacenamiento, selección de apuestas en hidrógeno, biogás, metano o biomasa, fortalecimiento del autoconsumo, inversión en redes de transportes, movilidad eléctrica... todo ello mientras fortalecemos nuestra industria verde, y mientras debemos apoyar a nuestro tejido empresarial hacia la transformación. Necesitamos unas políticas decididas y ambiciosas.

El autor es doctor en Derecho Europeo. Consejero de Desarrollo Económico y Empresarial

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