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Tribunas

¿Los penúltimos clavos?

¿Los penúltimos clavos?RONALD WITTEK

Son tiempos de confusión. En tanto, esta aumenta, el miedo se va generalizando entre las gentes. Miedo al inmediato futuro, miedo al lejano porvenir. La guerra contra Irán iniciada ilegítimamente, según el vigente Derecho Internacional, por el tándem EEUU / Israel ha supuesto uno de los últimos clavos en el ataúd en el que se pretende enterrar el viejo orden internacional multilateral. Todavía habrá otros clavos por colocar con los que, si no ocurre un milagro, y desde hace algún tiempo se dice que no existen ya, el féretro estará disponible para las exequias. No quiero ser agorero, pero me temo que es una cuestión de tiempo nada más.

La presidenta del Consejo de Europa, la alemana Úrsula Von der Leyen, siguiendo la línea marcada en el último Foro de Davos por el primer ministro canadiense Mark Carney al afirmar que “había llegado el fin del orden internacional basado en reglas” lo ha repetido recientemente con su jerga particular. Luego, acosada y acuciada, presumiblemente, por sus compañeros “europeístas por interés” y “europeístas por convicción”, que también los hay, se retractó. Pero… ¡lo había dicho! Y había afirmado que “Europa ya no puede ser la guardiana del orden del viejo mundo, de un mundo que ha desaparecido y que ya no volverá…, Europa ya no puede ceñirse solo a esa estructura para defender sus intereses…, debemos construir nuestro propio camino europeo y encontrar nuevas formas de cooperar con nuestros socios”. Un análisis de las palabras de Van der Leyen podría dar materia para un tratado de investigación multidisciplinar de gran calado. No lo voy a hacer aquí porque no es el lugar.

Y como dije, a los dos días, se acogió a la expresión: “donde dije digo dijo Diego”. Y con la misma voz y sin sonrojo, con la prestancia de la política curtida en mil batallas, para evitar un previsible terremoto en la Unión Europea, de un plumazo había dictado le sentencia de muerte de la Unión. Se retractó recordando, que “la Unión Europea se fundó como un proyecto de paz. Nuestro compromiso inquebrantable con la búsqueda de la paz, con los principios de la Carta de la Naciones Unidas y con el Derecho Internacional es tan fundamental hoy como lo era en el momento de nuestra creación. Y siempre defenderemos estos principios”.

Un interrogante de una enorme importancia política surge de las intervenciones, distantes, entre sí, dos días, de la presidenta de la Comisión Europea: ¿En cuál, de los contenidos de las dos alocuciones, se sitúa, realmente, Von der Leyen? Es muy difícil pensar que, a una figura de su talla política que está aconsejada por una corte de asesores, se le ocurriese decir públicamente que Europa ya no puede ceñirse solo al orden que estructura el viejo mundo para defender sus intereses, si no lo hubiera previamente asumido. Es poco creíble que fuera simplemente un lapsus.

Por otra parte, recurrir, en su soflama de mea culpa, a los principios proclamados en el primer Tratado de la Unión no deja de ser un recurso muy elemental y de difícil aceptación en estos momentos. Es largo el errático camino transitado a la luz de las declaraciones que se hicieron en los momentos iniciales, por la Unión Europea desde su creación. Y, en los últimos tiempos, su credibilidad, horadada por las continuas vejaciones, por las muestras evidentes de absoluta dependencia servil y por la humillante displicencia en el trato a las que le ha venido sometiendo el actual presidente de los EEUU, Donald Trump, en su transitar hacia el ineluctable sueño imperial norteamericano, parece haber llegado a su más bajo nivel. Es una evidencia que el actual peso de la Unión Europea en el plano internacional es poco menos que irrelevante.

Von der Leyen conoce perfectamente por qué y para qué se creó este modelo europeo. Ella ha sido testigo en primera línea, al menos en la última década, de cómo los principios a los que alude han ido siendo sustituidos por los valores del mercado. Es, a partir de la entrada, con una clara intencionalidad, de Gran Bretaña en la Unión en 1973 y, especialmente, a partir del Tratado de Maastricht en 1992, cuando se llevó a cabo esta mutación. La presidenta de la Comisión Europea sabe perfectamente que esos principios iniciales a los que ella se refiere han sido permeados por la doctrina neoliberal y, de ellos, van quedando poco menos que los despojos. Podríamos citar una multitud de ejemplos para corroborar el cambio, pero sin ir más lejos, los últimos acuerdos adoptados por el Parlamento Europeo en los días pasados pueden servirnos como evidencia.

Ha habido que esperar muy poco tiempo para comprobar lo que los principios significan para la Unión Europea. El Pacto Europeo sobre Migración y Asilo que entrará en vigor en el próximo junio, en el más puro estilo trumpiano, a propuesta de Italia y Dinamarca, ha ratificado la creación de centros de deportación en terceros países haciendo saltar por los aires los fundamentos axiológicos europeos. Me pregunto: ¿dónde quedan los principios a los que acaba de hacer referencia la presidenta de la Comisión Europea en los días pasados?

Otro acuerdo tiene que ver con la ratificación por parte del Parlamento Europeo del pacto arancelario que Ursula von der Leyen y Donald Trump alcanzaron en el campo de golf de Turnberry en Escocia en julio del pasado año. ¿Alguien pensó que, por suponer, el acuerdo, un “trágala” para Europa y un evidente empobrecimiento para los europeos, no se iba a ratificar? El tiempo transcurrido desde el momento del acuerdo hasta ahora nada tenía que ver con la pérdida de derechos. Esos iban en el pack. El tiempo de demora solo estaba relacionado con el tiempo suficiente para que una afrenta de tal magnitud dejase de ser vista como tal por el ciudadano / cliente europeo y, por tanto, con la oportunidad política. En la ratificación del acuerdo de Turnberry, el Parlamento Europeo ha añadido nuevas cláusulas, de poco menos que nula operatividad en una relación de dependencia, posibilitando a la Unión dejar en suspenso el pacto si EEUU aplica nuevos aranceles o si pone en peligro la integridad europea. Recordando la escena del campo de golf escocés, ¿no serán las cláusulas un brindis al sol?

Me temo que la convicción de Von der Leyen poco tenga que ver con principios y esté más cerca del estado terminal en el que reiteradamente ofrece muestras de encontrarse el multilateralismo, de la debilidad y poca eficacia que evidencia ofrecer la estructura jurídica Internacional y de la casi imposibilidad de que Europa trate de buscar su propio camino y encuentre nuevas formas de relación…, en un estado de permanente dependencia. Pero me temo, también, que es muy duro reconocer que una Europa que inicialmente se vendió como escenario de la libertad, como el templo de la paz construido sobre los cimientos de los Derechos Humanos esté en vías de convertirse en un cuartel militar cimentado sobre el principio evanescente de la seguridad en un marco de total subordinación imperial.

Y es que el nuevo orden mundial será un orden de imperios para el que EEUU ha dedicado, el siglo XX y lo que va del XXI, a construir el suyo propio con América Latina y Europa subyugadas en su interior. La inmediatez que exige la información impide realizar análisis de fondo y llegar a las causas generales y escondidas que provocan los hechos. Y, en este sentido, por ejemplo, se atribuye al actual presidente de los EEUU, Donald Trump, la responsabilidad de la crisis en la que el mundo ha entrado como consecuencia de sus absurdas, inadecuadas y erráticas –se dice y muchas lo son– decisiones. Pero lo cierto es que el actual presidente de los EEUU es por mucha, –por muchísima antipatía que haya concitado–, simplemente, el último eslabón de una cadena presidencial que ha venido actuando, con mayor o menor escenificación mediática, pero con la misma inequívoca lógica Imperial (de conquista o dependencia por sometimiento), al menos, desde la proclamación de la doctrina Monroe en 1823.

Son tiempos de confusión e incertidumbre. No obstante, una cosa es clara. El futuro de Europa será el que le se le asigne en el marco de dependencia del imperio. Ha comenzado ya la carrera de los líderes europeos por granjearse las simpatías del Tío Sam. Observemos los comportamientos de los Merz, Meloni, Macron tratando de colocarse ventajosamente en la línea de salida para liderar la Europa de la total dependencia imperial. El nuevo orden mundial ya prepara las exequias del viejo.

El autor es catedrático emérito de la EHU y fundador del Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati