Modelo empresarial para la Europa del futuro
Hace unos días regresé de Bruselas con una sensación difícil de describir: la convicción de que el cooperativismo navarro está viviendo un momento decisivo. No se trata únicamente del reconocimiento institucional que hemos recibido desde diferentes organismos europeos. Tampoco de las reuniones mantenidas con representantes de la Comisión Europea, del Comité Europeo de las Regiones, del Comité Económico y Social Europeo o de organizaciones internacionales del cooperativismo. Lo verdaderamente importante es la constatación de que el modelo de emprendimiento cooperativo que impulsamos desde Navarra despierta hoy un interés real en Europa como posible respuesta a muchos de los desafíos que atraviesa nuestra sociedad.
Durante años, en ANEL hemos defendido que el cooperativismo no es una fórmula empresarial del pasado, sino una herramienta plenamente vigente para construir un modelo económico más sólido, más inclusivo y más comprometido con el territorio. Es más, en ocasiones, ese discurso parecía quedar relegado a espacios especializados o a círculos vinculados exclusivamente a la economía social. Sin embargo, lo que hemos vivido estos días en Bruselas demuestra que ese debate ha cambiado de dimensión.
Europa busca respuestas. Busca fórmulas capaces de generar empleo de calidad, de afrontar el relevo generacional en miles de pequeñas y medianas empresas, de fijar población en el territorio, de favorecer la inclusión y de impulsar proyectos económicos sostenibles y resilientes. Y, en ese contexto, el cooperativismo empieza a ocupar un lugar central.
En las reuniones mantenidas estos días, hemos podido comprobar cómo distintas instituciones europeas observan con interés experiencias que en Navarra llevamos años desarrollando. Modelos basados en la participación de las personas, en la corresponsabilidad, en la capacidad de compartir riesgos y oportunidades y en la construcción de proyectos empresariales con raíces profundas en su entorno.
Especialmente significativo fue escuchar al director general de la Alianza Cooperativa Internacional, Jeroen Douglas, afirmar que Navarra es hoy una referencia internacional en cooperativismo. Más allá de la satisfacción personal o institucional que puedan producir esas palabras, creo que deben interpretarse como una enorme responsabilidad. Porque ese reconocimiento no nace de la casualidad. Es el resultado de décadas de trabajo colectivo, de la implicación de muchas cooperativas y de una forma de entender la empresa que pone a las personas en el centro.
Pero también regresé de Bruselas con otra certeza: Europa necesita avanzar hacia un marco mucho más favorable para el desarrollo del cooperativismo y de la economía social. A menudo seguimos encontrándonos con normativas, instrumentos financieros o políticas públicas pensadas exclusivamente desde modelos empresariales tradicionales. Y eso limita el enorme potencial transformador que tienen las cooperativas.
Por eso, uno de los mensajes que trasladamos con claridad durante nuestra visita fue la necesidad de que la Unión Europea incorpore de manera decidida el emprendimiento cooperativo dentro de sus estrategias económicas y sociales. No como una cuestión marginal o complementaria, sino como una apuesta estructural de futuro.
Además, el respaldo recibido en Bruselas fue especialmente relevante por venir de algunas de las principales organizaciones e instituciones europeas e internacionales vinculadas al cooperativismo, la innovación y la economía social. Tanto Cooperatives Europe como la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) valoraron muy positivamente el modelo de emprendimiento cooperativo que impulsamos desde Navarra y su capacidad para ofrecer respuestas reales a desafíos como el relevo generacional, el empleo de calidad o el arraigo territorial.
Ese apoyo también fue compartido por entidades como la Red Europea de Ciudades y Regiones por la Economía Social (REVES), la Confederación Europea de Cooperativas Industriales y de Servicios (CECOP) y la European Business & Innovation Centre Network (EBN), así como por representantes de la Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión (DG EMPL) de la Comisión Europea y del Fondo Social Europeo Plus (FSE+) para Navarra y España, respectivamente.
A todos ellos les trasladamos un mensaje claro: En Navarra hemos comprobado que el cooperativismo funciona. Funciona para crear empleo estable. Funciona para recuperar empresas en crisis. Funciona para facilitar el acceso de los jóvenes al emprendimiento colectivo. Funciona para impulsar proyectos innovadores. Y funciona, además, para fortalecer el arraigo territorial y evitar la deslocalización.
Precisamente esa visión es la que queremos seguir impulsando desde iniciativas como Coalea, el nuevo Centro de Emprendimiento Colectivo Cooperativo. Un proyecto que ha despertado un enorme interés en Bruselas porque representa una manera distinta de acompañar la creación de empresas: desde la colaboración, desde la participación y desde la construcción colectiva.
Creo sinceramente que Europa empieza a comprender algo fundamental: los grandes desafíos actuales no pueden afrontarse únicamente desde lógicas individuales. Necesitamos modelos empresariales capaces de generar cohesión social, estabilidad y compromiso con el entorno. Y ahí el cooperativismo tiene mucho que aportar.
Vivimos tiempos marcados por la incertidumbre económica, por profundas transformaciones tecnológicas y por tensiones sociales cada vez más visibles. En ese contexto, defender empresas donde las personas participan en las decisiones, donde el valor se redistribuye de manera más equilibrada y donde el proyecto colectivo está por encima de intereses puramente especulativos no es solo una cuestión económica. Es también una apuesta democrática.
Por eso considero que lo ocurrido en Bruselas no debe interpretarse únicamente como un reconocimiento a ANEL o al cooperativismo navarro. Creo que representa algo más importante: la apertura de una oportunidad histórica para situar la economía social en el centro del debate europeo.
Ahora tenemos la responsabilidad de estar a la altura. De seguir innovando. De seguir construyendo alianzas internacionales. Y de demostrar que otra manera de hacer empresa no solo es posible, sino necesaria.
En ese camino, Navarra puede y debe jugar un papel protagonista. Tenemos experiencia, tenemos conocimiento y tenemos un ecosistema cooperativo sólido y comprometido. Pero, sobre todo, tenemos la convicción de que el futuro económico de Europa necesitará cada vez más modelos empresariales capaces de combinar competitividad con cohesión social.
Después de estos días en Bruselas, estoy más convencido que nunca de ello. Porque, como suelo decir en más de una ocasión: “La empresa del futuro ya existe y es cooperativa”.
El autor es presidente de ANEL y director de RRHH de Tafalla Iron Foundry