Así comienza una de las canciones más emocionantes de los Sanfermines, nuestro Vals particular que da melodía al “Riau Riau”. Una letra que no habla de enfrentamientos, sino de una ciudad que “gozando va”, recorriendo sus calles y plazas para celebrar lo que la une. Esa imagen de una Pamplona compartida, abierta y orgullosa de sus tradiciones es, probablemente, la mejor definición de la convivencia que debemos seguir construyendo.
El Riau-Riau nació hace más de un siglo como una expresión popular que acompañaba, con cierto aire contestatario, a la Corporación municipal desde la Casa Consistorial hasta San Lorenzo. Durante décadas simbolizó el encuentro entre instituciones y ciudadanía, hasta que la crispación y la confrontación hicieron imposible celebrarlo con normalidad. Desde entonces, su ausencia se ha convertido en un recordatorio de que la convivencia nunca puede darse por conquistada.
Los Sanfermines nunca han sido unas fiestas estáticas. Han evolucionado con Pamplona, con Iruña, y deben seguir haciéndolo para responder a una ciudad más diversa, más abierta y con nuevos retos. Evolucionar no significa renunciar a nuestra esencia, sino reforzar aquello que lo hace único. Para ello hace falta también un punto de ambición: mejorar la programación cultural y musical, ampliar la oferta para todos los públicos y seguir trabajando para que San Fermín continúe siendo una referencia internacional sin perder su carácter popular.
Esta evolución también pasa por hacer unas fiestas más inclusivas y participativas. Cuando impulsamos iniciativas como las actividades en los barrios, el sorteo de balcones municipales para el encierro, las pantallas para seguir el Pobre de Mí o las mejoras de accesibilidad, lo hacemos con el compromiso de ofrecer unas fiestas seguras, abiertas y de calidad, donde la convivencia sea el principal atractivo y quienes nos visitan quieran volver no solo por lo que ocurre durante nueve días, sino por la ciudad acogedora y orgullosa de sus tradiciones que somos durante todo el año.
El Riau-Riau no es sólo una tradición suspendida en el tiempo, sino el símbolo de una ciudad que aspira a caminar unida
Porque la convivencia también se construye reforzando la igualdad entre mujeres y hombres, manteniendo una tolerancia cero frente a las agresiones sexistas, y favoreciendo que personas de todas las edades, culturas y sensibilidades puedan sentirse parte de una celebración compartida.
Ese es también el verdadero significado del Riau-Riau. No es únicamente una tradición suspendida en el tiempo, sino el símbolo de una ciudad que aspira a caminar unida. Mientras una celebración tan popular y transversal no pueda volver a desarrollarse con absoluta normalidad en nuestras calles, tendremos que reconocer que la convivencia durante los Sanfermines sigue siendo una tarea inacabada.
Recuperar el Riau-Riau no es una cuestión de nostalgia; es una cuestión de convivencia, de respeto y de capacidad para compartir aquello que nos une por encima de lo que nos diferencia.
Ojalá llegue pronto el día en que podamos volver a cantar, sin reservas y entre todos, «A las cuatro, el seis de julio...», porque eso significará que habremos sido capaces de recuperar mucho más que una tradición. Habremos recuperado un espacio de encuentro para toda la ciudadanía. Y entonces sí, como dice la canción que mejor resume el alma de nuestras fiestas, Pamplona gozando va.