En el corazón de Puente de Vallecas, muy cerca del Estadio de Vallecas, se repite cada fin de semana un fenómeno que une urbanismo y pasión por el fútbol: vecinos que observan los partidos del Rayo Vallecano desde los balcones o ventanas de sus propios hogares, como si fueran gradas improvisadas. Este vínculo físico entre barrio y deporte se ha convertido en una imagen singular de la vida cotidiana en el mencionado barrio del club de la franja.

En el extremo norte del estadio, donde no existe un fondo tradicional de graderío, varios bloques residenciales se alzan apenas unos metros del terreno de juego. Desde esas ventanas y balcones —en calles como Teniente Muñoz Díaz o Avenida de la Albufera—, los vecinos pueden seguir el ritmo de cada jugada sin necesidad de entrar al estadio.

El feudo del Rayo Vallecano tiene a su alrededor varios edificios residenciales y las personas que residen en estos lugares pueden presumir de una vista inigualable. Esta peculiaridad hace que, en días de partido, la vida del barrio se funda con la emoción del fútbol.

Infografía de estadios en los que se ve el fútbol desde los balcones. NotebookLM

Casos parecidos

Eibar e Ipurúa

No es la única ciudad donde ocurre algo semejante. En Eibar, la sede de la SD Eibar —el Estadio Municipal de Ipurúa— también convive con edificios muy cercanos. En las afueras de la sede del Eibar hay dos torres departamentales y las personas que viven en los pisos más altos de estos edificios pueden presumir de una vista privilegiada para mirar los encuentros del club.

Este fenómeno fue incluso destacado internacionalmente como una curiosidad durante la pandemia, cuando estos balcones improvisados funcionaron como alternativas a las gradas vacías. En algunos relatos visuales descritos por medios internacionales, se habla de cómo esos bloques de pisos en Indalecio Ojanguren “se alzan sobre la tribuna” y permiten ver el partido casi como si estuvieras en la grada, equiparables en concepto a los balcones de Vallecas.

Chicago: Wrigley Field y los rooftops

En un listado ofrecido por ESPN cuando surgió la pandemia, aparece en el centro de Chicago, el histórico Wrigley Field, hogar de los Chicago Cubs, está rodeado por edificios residenciales cuyos techos funcionan como áreas de observación del béisbol: “Muchos de los edificios que rodean el Wrigley Field en Waveland y Sheffield Avenues han construido tribunas en sus azoteas para que los aficionados vean los juegos”, recogen en el mencionado texto.

Este fenómeno, conocido como Wrigley Rooftops, lleva más de un siglo siendo parte del paisaje deportivo y urbano de la ciudad, con balcones y terrazas que se convierten en graderíos alternativos.

Hungría: Estadio Rohonci Úti

En Szombathely (Hungría), el Estadio Rohonci Úti también presenta características similares, donde los edificios residenciales aledaños permiten que los vecinos compartan la experiencia del partido desde sus hogares, formando otro ejemplo de cómo las viviendas colindan literalmente con la vida del estadio.

Estadios en Portugal y México

Informes periodísticos han documentado situaciones paralelas en otros países: aficionados en Portugal observando partidos desde edificios cercanos al estadio Municipal 22 de Junio o en México viendo encuentros desde los entorno urbanos alrededor del Estadio Azul.

El barrio como grada y la nueva experiencia del espectador

Más allá de la mera geografía, este tipo de experiencias se enmarcan en un fenómeno más amplio: la transformación de la forma en que los aficionados consumen el deporte fuera de los estadios tradicionales.

Estudios recientes muestran que un porcentaje significativo de seguidores prefiere ver deporte fuera de los estadios, un cambio especialmente marcado entre generaciones más jóvenes, que valoran la cercanía, la experiencia social y las ventajas tecnológicas de seguir los encuentros desde casa o espacios alternativos.