“Esto es fútbol y todo puede pasar.” Con esa frase cerró Mikel Arteta su entrevista tras ganar el martes al Sporting de Portugal. Se le notó en la cara el alivio justo después de atravesar la peor racha del Arsenal bajo su mando. Había pasado de ser el principal candidato a todo, a empezar a ser cuestionado y por un momento, se puso el gorro del jugador que todavía le acompaña. No sonaba a excusa ni a consigna hueca, sino a una declaración de principios. Resistir cuando todo se tuerce también forma parte del fútbol.
Me inspiró su frase pero sobre todo su sonrisa cómplice, como recordatorio de lo frágil que es todo. Representa a una nueva generación de entrenadores que combina formación académica, experiencia en vestuarios de élite y una firme convicción en el proceso. Su figura se sitúa a medio camino entre el técnico moderno, obsesionado con el detalle del juego, y el exfutbolista que comprende en profundidad la psicología del jugador. En el primer ámbito medimos en milésimas, en el segundo, cada vez lo hacemos con mayor precisión, aunque todavía lejos de alcanzar ese mismo nivel.
Puestos a imaginar, ¿cómo sería Arteta entrenando a Osasuna? Es impensable que esto vaya a suceder, al menos en el corto plazo, y nada tiene que ver esta pregunta con ningún cuestionamiento al actual entrenador. Pero imaginar también es una forma de entender. En los ratos de soledad de Lisci, volviendo a casa o llegando a Tajonar, quizá se haga preguntas como ésta para ordenar ideas y sostener una mirada propia. Me parece muy sano hacerlo, intentar ver las cosas desde fuera, más allá de las urgencias diarias. Pronunciar Europa o no, Torró o Iker, mantener a Catena o no, aprovechar el subidón de Víctor para levantar a Aimar y nivelarlos, otra final el sábado o no, qué mensaje dar en la rueda de prensa. ¿Cómo afrontaría el donostiarra estas cuestiones? Por mi parte, me pregunto cómo Tomás o Félix habrían escrito esto.
Sin duda me gustaría leerlo. He intentado acercarme a su mirada amplia, según interpreto en sus artículos y su forma de escribir. Intentar imitar a los buenos también es una forma de aprender. Nunca lo sabremos, pero quizá de eso se trate, de preguntarse, de mirar un poco más lejos, de intentar mejorar un poco cada día, con más dudas que certezas. Porque esto es fútbol y, precisamente por eso, si algo está garantizado, es que todo puede pasar.
*El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA