El empate cosechado en Mendizorrotza (2-2) dejó una sensación agridulce en la expedición rojilla por los puntos perdidos en el tramo final, pero consolidó una tendencia estadística sin parangón en el fútbol continental. Superada la barrera del 6 de abril y con tres cuartos de la competición completados, Osasuna sigue sin saber lo que es encajar un gol en los primeros quince minutos de partido. Tras 30 jornadas disputadas, el conjunto de Alessio Lisci mantiene su portería a cero entre el minuto 1 y el 15. Es el único club los que componen la élite europea en registrar esta estadística.

Osasuna ha disputado 450 minutos de inicio (sumando los primeros 15 de cada jornada) sin recoger el balón de su red, una marca que ya es histórica en los registros del club en Primera División. Este registro sitúa al equipo navarro por delante de potencias defensivas como el Inter de Milán, el Manchester City o el propio Real Madrid, quienes sí han cedido goles tempraneros en sus respectivos campeonatos. El dato refleja una activación defensiva que se ha convertido en la seña de identidad del ciclo de Lisci.

Osasuna promedia una distancia de apenas 14 metros entre su línea de zagueros y su línea de medios durante el inicio de los encuentros. Esta reducción de espacios impide el juego entre líneas del rival, especialmente en el inicio del partido, cuando los contrarios todavía no han encontrado los huecos entre los jugadores rojillos.

El sistema defensivo, liderado por Catena, Herrando y Boyomo, aborta el recurso del balón directo, una vía común de los rivales para intentar sorprender en los primeros compases del partido.

Además, Osasuna tiene un bajo índice de errores no forzados. El equipo minimiza las pérdidas en campo propio durante el primer cuarto de hora, evitando transiciones rápidas que comprometan a Sergio Herrera.

Sin embargo, el rigor mostrado en los inicios contrasta con la vulnerabilidad en los cierres. Mientras que en el primer cuarto de hora el casillero de goles encajados permanece en cero, la estadística de goles recibidos se dispara cuando los minutos rozan el descanso o el final del partido.

El Alavés logró neutralizar la ventaja rojilla con un tanto cerca del 45 y otro en el tiempo de descuento, lo que abre el debate sobre si la altísima concentración exigida para mantener el muro inicial deriva en una fatiga física o mental que pasa factura antes del pitido final.

Con el Betis en el horizonte para la próxima jornada en El Sadar, el reto de Osasuna será extender esa solvencia cronométrica a los 90 minutos para transformar la solidez en puntos que le permitan escalar posiciones en la tabla.