Hola personas, buenos días, ¿enteros?, ¿analítica aceptable?, ¿queda algo en el bolsillo?, bueno, pues entonces diremos animosos que… ya falta menos pal glorioso San Fermín, y empezaremos la cuenta atrás para la segunda semana de julio de 2024.

Yo lo he pasado bien, lo he dado todo, o sea, poco, pero el que da lo que tiene no está obligado a más y la cuenta corriente de mi marcha y mi energía está al borde de los números rojos así que he de administrar con cordura.

La semana pasada lo dejamos en el encierro del día 8 que vi encaramado al vallado de mi sofá. Tras ver la trepidante carrera, aun volví un poco al pulguero a repasar un par de temas que había dejado pendientes. Vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda y los dejé niquelaos. Acabada esta misión eché pie a tierra y tras los cotidianos pasos matutinos me lancé a la calle sin red, a lo loco, jugándomela. Acompañado de la Pastorcilla y algún adlátere más nos adentramos en lo viejo. Me asombró el gran número de txarangas, fanfarres, orquestinas y todo tipo de conjuntos músico-vocales que pululaban por las calles, eran un regalo no solo para el oído y el ánimo sino también para la vista, ya que cada uno vestía con más colorín que el anterior. Bailamos al son del dorremi de un grupo de Guetxo, más adelante encontramos unos artistas de Andoain, de Marcilla venían las siguientes trompetas que hicieron mover nuestros cuerpos, a la puerta del Maissonave eran unos roncaleses quienes, muy bien entonados, deleitaban al respetable. En el antiguo bar Bilbao dejaban hablar a sus guitarras y bandurrias la Cofradía de San Saturnino. En la vecina calle Campana una orquestina con mucho viento, percusión, txundas y un banjo, llenaban la castiza rua de una marcha que hacía bailar a un muerto.

Este mediodía, que acabo de relatar, ha sido el mediodía tipo de todas las fiestas, entre músicas y bailes, cañas y gambas, amigos y risas, gigantes y cabezudos, se presentaba la hora de comer. Unos días aquí otros allá y, si había suerte, tranquilamente cada cual en su casa con una rica y reparadora siesta posterior, a la que seguía mi intervención televisiva que me ha colocado en el top 10 de los famosos de la ciudad.

Otra constante han sido los toros. Teníamos el correspondiente abono y ahí hemos estado todas las tardes sentados en el duro cemento, expectantes y esperanzados. De todo ha habido, pero hoy no hablaré ni de toros ni de toreros ni de picadores ni de banderilleros. No. Hoy voy a hablar de otros dos componentes del elenco, aunque sus nombres no figuren en el cartel de la corrida.

Por un lado, quiero dar un aplauso a la debutante alguacililla Anne Arraiza, que nos ha deleitado con su montura cada tarde cabalgando con una gracia y un estilo nunca visto en uno de los miembros del negro atavío encargados de la llave del toril y de la entrega de los trofeos. Olé por Anne que ha sido un punto de luz al comienzo de cada festejo. Y por otro lado quiero hablar hoy de un personaje que está en la sombra pero que es más importante de lo que parece, hoy voy a hablar del asesor de la presidencia. En Pamplona , como ya sabemos, las corridas las presiden el alcalde o alcaldesa y los concejales de las diferentes áreas, que se reparten, en base a no sé qué normas, los 8 días que se dan toros en nuestra monumental, la corrida de rejones del día 6 la preside un experto del sector, este año le cupo el honor a Fernando Moreno Purroy, que pasó del biberón al picadero y a la plaza de tientas sin solución de continuidad, el palco de la novillada lo ocupa otro miembro del mundo del toro local, pues bien, salvo estos dos últimos, los demás poco o nada entienden de toros por lo que se ven abocados a seguir las instrucciones que el asesor de turno les indica, de modo que cuando la crítica o el público dice que el presidente tomó tal o cual decisión, o que el de la chistera estuvo más o menos acertado, se olvidan que tras esa mejor o peor decisión y que tras ese mayor o menor acierto está el criterio de un asesor taurino que se supone que entiende de toros y que se supone que conoce el reglamento y que respeta al respetable. Y…¿Por qué digo todo esto?, pues bien, porque el lunes día 10 el señor asesor decidió erigirse en protagonista de la corrida del día. Ya en el primer toro nos dejó ver su talante aconsejando al de la chistera no sacar el segundo pañuelo a un Miguel Ángel Perera que había toreado y matado a un toro jabonero de Fuente Ymbro con motivos más que suficientes, que no entraré a pormenorizar, como para llevarse los dos apéndices en su esportón. Pero no, el señor asesor decidió que no, que con uno le bastaba. Es sabido que la primera oreja la da el público y la segunda el presidente, de acuerdo, pero estamos en fiestas, los paganos vamos a divertirnos y tenemos criterio, aunque el señor asesor no lo crea, la petición de la segunda era apabullante y este buen hombre tenía que haber hecho gala de la magnanimidad suficiente como para decirle al enchisterado: da la segunda. Pero no, él se pensaba que estaba en el palco de la Maestranza y la negó. Y llegó el cuarto toro al que el mismo matador volvió a torear con categoría y volvió a matar con poderío, y entonces alguien cercano al palco le oyó decir: vamos a jugar un poco, y apenas el público había empezado la única participación que le cabe en todo el festejo, que es la petición de los trofeos, el señor asesor hizo gala de su poder omnímodo y le dijo al desconocedor presidente, saca los dos pañuelos a la vez, con lo cual nos dejó a todos callados en medio segundo, dejando bien claro quién mandaba en el cotarro y quitándonos el juguete de las manos. Tome nota la Meca de la actitud de este menda que no acabó aquí, el mismo día tuvo un par de gestos más y dos días después sacó el pañuelo azul para premiar con la vuelta al ruedo a un ejemplar de Victoriano del Río que fue algo así como si le hubiesen dado un Goya a Fernando Esteso por su actuación en “Los Bingueros”.

Y el resto de las fiestas han sido de jubilao, de los todos al Yoldi donde el dúo Dinámico pamplonés, Gortari-Gorosquieta nos hacía mover los huesos a ritmo de los 80 y de ahí a ver los fuegos, terreno en el que ya somos auténticos expertos, sonido, color, ritmo y cadencia no tienen secretos para nosotros.

El día 14 tras el “Pobre de mí” muchos pamploneses se acercaron a la Plaza de la Cruz a anudar sus pañuelos en los árboles sentenciados por la sinrazón de unos pocos que ven bien cercenar esas vidas para guardar sus coches. Aún estamos a tiempo, señora alcaldesa, detén semejante despropósito, la ciudad estará contigo.

Ya falta menos.

Besos pa tos.

Facebook : Patricio Martínez de Udobro

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