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Lislore, cuatro décadas de plantas y flores en la calle Mayor de Pamplona

Karmele Yeregui cumple 65 años, se quiere jubilar y busca relevo para esta coqueta floristería, la más longeva del Casco Viejo de Pamplona

Lislore, cuatro décadas de plantas y flores en la calle Mayor de PamplonaIban Aguinaga

Ha disfrutado de una profesión a la que llegó de manera casual y que repetiría sin dudar. Pero este 2026 soplará 65 velas. Con buen criterio opina que es momento de descansar. “He estado muy a gusto, pero también veo que me tengo que ir. Que ya me vale. Que quiero descansar y dedicarme a mis hobbies”, reconoce Karmele Yeregui. El próximo 13 de marzo cumplirá cuatro décadas al frente de Lislore, floristería fundada en 1983. La más longeva de las tres que cohabitan en el Casco Viejo de Pamplona. Y busca un relevo para que las flores de este coqueto local sigan asomándose a la calle Mayor.

Yeregui, a las puertas de la tienda que da color con sus flores a la calle Mayor.

Hace 40 años Karmele quería emprender. Buscaba un negocio en el que establecerse y “me surgió esto. Miré dos o tres cosas, como una mercería, y esto me atrajo más. Me encantó la floristería”, recuerda. La persona que le traspasó Lislore, abierta tres años antes ya con ese nombre, le enseñó “lo básico, porque en aquella época todavía no se hacían cursos de arte floral en Navarra. Solo estaban la Escuela Española de Madrid o la Catalana de Barcelona”, dice.

Así arrancó su vínculo profesional con flores y plantas. “Empecé en marzo y tuve la suerte de que ese mismo octubre la Cámara de Comercio organizó cursos de arte floral para todo el florista que se quisiera apuntar, con profesorado que venía de la Escuela Española de Madrid. Empezamos los primeros cursos, y posteriormente he hecho muchísimos”. Almería, Asturias o Barcelona, ferias en Bruselas o en Brujas... “ya ha sido moverse cada florista según el ámbito que le apeteciese”.

Porque la suya, asegura, es una profesión en la que “hace falta una formación. Por eso, si alguien estuviera interesado por la floristería, yo estoy dispuesta a estar un tiempico y enseñarle. Porque se necesita especialización”, explica.

El sector floral ha cambiado mucho en los 40 años que acumula como florista. “Cuando nosotros comenzamos había sota, caballo y rey en cuanto a flores, muy pocas variedades. Gladiolo, clavel y poco más. Hoy en día existen muchas, porque se consume más”.

Una evolución que tiene que ver con la evolución del cliente. “Ahora tiene muchísimo más criterio y conoce mucho más el mundo floral. Hay gente que lleva flores para su domicilio cada 15 días. Hay más cercanía cara a la flor que antes, más hábito. No tanto como en el norte de Europa, pero desde luego mucho más que hace 40 años”, considera.

Este marzo Karmele cumple 40 años rodeada de flores.

Flores para toda la vida

En su gremio hay demanda y consumo, entre otras cosas porque “en la vida de una persona una floristería cuenta desde el día que nace hasta el día que fallece. Se le puede regalar a la madre flores en maternidad, por cumpleaños toda su vida, se utiliza mucho en las iglesias; en bautizos –cada vez menos– comuniones, bodas... en cualquier tipo de celebración a lo largo de la vida de una persona, y en el fallecimiento. También para ceremonias como decorar un salón en el aniversario de una empresa, por ejemplo. En Navidades, muchos sitios se decoran con motivo navideños, domicilios y empresas...”, enumera.

La suya es una floristería que disfruta de las bonanzas de una ubicación privilegiada, con clientela de las cercanas iglesias de Carmelitas, San Saturnino y, por su peso en la ciudad y porque prácticamente está en la acera de enfrente, la iglesia de San Lorenzo y su capilla de San Fermín. “San Fermín tiene mucha tirada en Pamplona y atrae a muchísima gente... Hace años pusieron columbarios, y tienen mucho éxito”, asegura la florista.

También destaca que el suyo es “un trabajo muy creativo y agradable, porque estás trabajando con un género vivo y bonito. Da mucha satisfacción cuando ves lo que has hecho, aunque a veces no trabajes para un tema bonito. Hay muchos cumpleaños, bodas, felicitaciones, nacimientos... pero también hay defunciones y muchos momentos de tristeza. Y tienes que consolar al que está enfrente y ponerte en su pellejo”, dice.

Karmele se confiesa “encantada de haber estado ahí. Tengo muchísimos clientes, y muchos de ellos son incluso amigos. Te llaman y depositan en ti toda la confianza. Hay gente que cuando te esta llamando lo hace muy jodida, porque es un funeral. Y te dice, ‘ya sabes que a mi hermano le gustaba tal flor’, o ‘¿tú te acuerdas de qué flores llevaba él?’. Es un vínculo muy cercano”, reconoce. Por eso se muestra “muy agradecida” a todas las personas que han formado parte de Lislore a lo largo de 40 años. “Muchísimas gracias a todos, mila esker”, concluye.