El futuro de Desciegues el Tapón fluye como el agua en Pamplona
Iker y Naroa toman el relevo del negocio experto en desatascos que sus aitas, Demetrio y Kristina, fundaron hace tres décadas
Te detienes en un semáforo, miras a tu alrededor e inevitablemente se te escapa una sonrisa al ver escrito en una furgoneta “Desciegues el Tapón”. El ingenioso nombre de esta empresa de desatascos, cuentan sus fundadores, Demetrio Iturbide y Kristina Legaz, funciona como toda una estrategia de marketing. “Hay clientes que nos dicen que, cuando se les ha taponado alguna tubería, se han acordado de nosotros porque se quedaron con el nombre al verlo por la calle”, revela Demetrio. Pero esta no es la única clave de su éxito. Este negocio familiar, que acumula más de 30 años de experiencia, trabaja con maquinaria de tecnología punta, no utiliza químicos y está disponible para urgencias las 24 horas del día, los 7 días de la semana y a precios “muy competitivos” porque “no queremos aprovecharnos de la gente”, admite Kristina.
El matrimonio, que se dedicaba al sector de la fontanería, se percató de que en Pamplona no había nadie que se ocupara de los desatascos. Así, en 1994, decidieron montar su propia empresa y encargarse exclusivamente de los tapones en fregaderos, lavadoras, bañeras, lavabos... “Los menudeos”, lo llaman. Para ello, la familia hace uso de una mezcla de máquinas de muelles o de agua a alta presión y la maña y experiencia de toda una vida dedicada al gremio. “No nos gustan los aparatos que meten y sacan la broca de automáticamente. Preferimos hacerlo de forma manual porque la sensación es distinta. Si no, no sabes qué estás tocando”, dice Iker, el hijo de Demetrio y Kristina que, junto a su hermana, Naroa, ha tomado las riendas del negocio familiar desde enero.
“Preferimos desatascar de forma manual porque la sensación es distinta. Si no, no sabes qué estás tocando”
Qué atasca las cañerías
Después de llevar desde los 16 años echando una mano en la empresa, a sus 31, Iker ha llegado a la conclusión de que “el 75% de los tapones se producen por una mala construcción y el 25%, por el mal uso de las personas”. Según detalla, cuando se vierte demasiado jabón en la lavadora, este termina solidificándose en las tuberías y convirtiéndose en “una roca que cuesta triturar incluso con maquinaria”. Del mismo modo, “verter toallitas al baño o restos de comida demasiado grandes a la fregadera puede obstruir las cañerías”, añade Kristina.
Por otro lado, en los hogares más antiguos, “las aguas fecales y las pluviales bajan por el mismo conducto y la fontanería está peor diseñada, así que es más probable que el sistema falle”, explica Demetrio. De hecho, cuando llueve y hay algún tapón, “comienza a salir agua por las casas y la cosa se complica mucho porque, por ahora, no podemos parar las tormentas”, bromea.
Por lo general, en actuaciones como el desatasco de una fregadera “tardamos una media hora”, apunta Iker, y el precio que se cobra es siempre el mismo, “tardemos lo que tardemos”, a no ser que ocurra algún imprevisto grave. “Nosotros no abusamos, no prometemos un precio para después dar otro ni les engañamos con hacer revisiones o servicios que no son necesarios”, añade Kristina. Es más, según revela Naroa, las tarifas llevaban sin subirse desde 2018 y “están por debajo de lo que deberíamos cobrar”. Pero la familia está comprometida con que este es un trabajo “para vivir dignamente, y no para aprovecharse de nadie”.
Servicio 24 horas
Los hermanos ya están acostumbrados a que, a cualquier hora de la madrugada, el teléfono les despierte con una urgencia a la que acudir. Al mismo tiempo, añade Naroa, “en este trabajo se manipulan residuos de personas por lo que, de alguna manera, estamos expuestos a enfermedades, virus y bacterias”. Aun así, los hermanos consideran que “ya no hay tantas urgencias como antes” y que “lo más duro ya está hecho”. “Nosotros lo hemos cogido cuando la cosa ya va lanzada y los clientes confían en nosotros. Ahora solo hay que trabajar”, dice Iker.
Y es que Demetrio y Kristina lo invirtieron todo en el negocio cuando los niños todavía eran pequeños y había mil gastos que afrontar. Pero no por ello el tiempo ha pasado más lento. “Me he jubilado y casi ni me he enterado”, se ríe Demetrio. Pese a que Naroa está terminando sus estudios de Anatomía Patológica, la joven no descarta quedarse en el negocio familiar. Mientras, Iker no tenía claro qué camino tomar porque todavía no conocía bien el negocio –“o yo no te dejaba hacerlo”, interrumpe su padre–, pero ahora está decidido. Entre tanto, los padres viven con orgullo la nueva etapa que les depara a sus hijos y a la empresa. “Me tranquiliza saber que esto les permitirá tener una vida digna”, concluye Kristina.