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Vidas ejemplares

Damían Sánchez Martínez, el Alcalde de Sol

Nacido en la localidad murciana de Bullas, durante más de medio siglo encarnó a un castizo personaje sanferminero

Damían Sánchez Martínez, el Alcalde de SolDamián Sánchez/JAS

Es posible que quien haya visto al Alcalde de Sol en acción se haya imaginado que bajo la chistera y el frac se esconde una suerte de “jatorra” pamplonés, algún casta de pura cepa, asiduo cliente y profundo conocedor del sector hostelero pamplonés, nacido en Jarauta, Navarrería o Calderería. Nada más lejos de la realidad. Damián Sánchez nació en Bullas (Murcia) en 1940, estudió Derecho Mercantil, y trabajó hasta su jubilación como ejecutivo, director comercial de Cataluña Wagen, concesión comercial propiedad del gigantesco grupo alemán. Reside en Barcelona desde niño y, así a primera vista, da la impresión de ser un tipo serio, al que de vez en cuando le gusta sacar su lado bufo. Eso sí, nada más empezar nuestra conversación aflora en sus palabras y en su rostro una faceta sentimental y de exquisita sensibilidad, que en varias ocasiones le arrasa los ojos. Ágil y lúcido a sus 86 años, nos citamos a media tarde para charlar sobre su experiencia sanferminera, y le propongo luego visitar el Ayuntamiento, donde entra como quien llega a terreno propio, conocido. No en vano el murciano-catalán cruzó por primera vez las puertas de alcaldía muchos años antes que el actual alcalde de Iruñea. Viene sin papeles ni anotaciones, tan solo con su privilegiada memoria y algunas fotografías almacenadas en su teléfono móvil, que muestra con orgullo.

Los primeros años

El primer contacto de Damián con Pamplona se produjo en Nueva York en 1965. Se encontraba allí con motivo de la Exposición Universal, para actuar con la Tuna Universitaria de Barcelona, y coincidió con la nutrida representación pamplonesa, dantzaris, músicos y miembros de la comparsa, que se encontraban allí. Pudo ver bailar a los gigantes pamploneses por la Quinta Avenida, eso sí sin la pareja americana, porque eran los años de la segregación racial, y a las autoridades estadounidenses les pareció que Toko-Toko y Braulia eran demasiado “morenos”. Damián quedó muy intrigado por lo que vio y oyó aquellos días, y por ello al año siguiente, Sanfermines de 1966, se plantó en Pamplona con un amiguete de la “mili”. Y entonces sí, quedó definitivamente enganchado a las fiestas, enamorado de la ciudad y sus gentes. Siguió viniendo durante los años sucesivos, con sus amigos unas veces, con su mujer otras, y durmiendo casi siempre en el coche (un Seiscientos primero y un Dos Caballos después) que a tal efecto aparcaban en las inmediaciones del paseo de Sarasate.

Nace el Alcalde de Sol

Con el paso del tiempo Damián se convirtió en un asiduo de las fiestas y trabó sus primeras amistades en Pamplona, pero aún no había realizado su gran aportación al imaginario sanferminero. El Alcalde de Sol comenzó a gestarse en algún momento indeterminado de principios de los años 70, cuando algunos concejales, en un gesto de modernidad y progresía, rehusaron vestir el frac durante los actos oficiales, y decidieron asistir en traje de calle. Y fue entonces, estando sentado una tarde en su localidad de sol, cuando Damián Sánchez diseñó mentalmente su personaje. Decidido a interpretar su papel con estilo y clase, rechazó comprarse un frac de “atrezzo”, y mandó que le hicieran un traje de gala a medida, con su correspondiente chistera... pero con los pantalones cortos, hasta las rodillas. Sus primeras apariciones fueron en el paseo de las mulillas camino de la plaza de toros, pero viendo la expectación que despertaba, se animó a acudir así a las corridas, ocupando su localidad de contrabarrera con la peña El Bullicio, de la que hoy en día tiene uno de los carnés más antiguos.

De este modo, cada vez que el torero era premiado con al menos una oreja, Damián desplegaba su ceremonial: descendía hasta el ruedo, salía al encuentro del matador, le saludaba chistera en mano y, tras abrazarlo efusiva y ceremoniosamente, le anudaba un pañuelo rojo al cuello. Luego se volvía hacia el tendido, volvía a dar otro “coupe de chapeau”, y regresaba a su localidad lenta y parsimoniosamente, con las manos a la espalda. Para mantener el decoro, además, el torilero de la plaza, previa y debidamente sobornado, le abría la puerta del vallado para que no tuviera que saltarlo. Y el premio de semejante exención era... un puro.

Sesenta años de anécdotas

En las seis décadas que Damián desempeñó su papel de Alcalde de Sol conoció y premió con sus pañuelicos a auténticos mitos de la historia del toreo, como Luis Francisco Esplá, Pepín Liria, el Niño de la Capea, Ruiz Miguel, Manzanares, Enrique Ponce... y cuando anudó el pañuelo al cuello de Cayetano Rivera pudo decirle, con orgullo, que años atrás había hecho lo propio con su padre, el malogrado Paquirri. En todos aquellos años tan solo un torero, el francés Sebastián Castella, rechazó el pañuelo del Alcalde de Sol, pero se disculpó educadamente ya que, según propia confesión, era y es muy supersticioso. Damián en aquella ocasión y en las siguientes le entregó el pañuelico en mano... y todos tan contentos. De todos los toreros que ha conocido asegura que el más cariñoso y afectuoso con él ha sido Juan José Padilla, y destaca que El Juli siempre se mostraba un tanto frío en sus encuentros, pero que en el año 2023, cuando Damián ya había anunciado que dejaba la “alcaldía” de Sol, en el momento del saludo el torero, muy cariñoso, le dijo “ya sé que este año te jubilas, pues que sepas que será también mi último año”. Y así fue, dos semanas después El Juli anunció públicamente su retirada.

La conversación con Damián Sánchez es amena, y no se cansa de hablar de San Fermín. Me dice que las fiestas han cambiado muchísimo en estas seis décadas, que ahora se hace todo en la calle, pero que antes se estilaban mucho los bailes y verbenas en los clubs privados y en las piscinas. Dice que hace años, al terminar las corridas y después de cenar, solían ir a la verbena del club Larraina, y que a última hora tomaban un caldico antes de ir al Encierro. Confiesa que fue corredor durante 30 años y que, si bien al principio corría en el tramo final de Estafeta hasta el callejón de la plaza, terminó corriendo en la cuesta de Santo Domingo. Rememora con horror los Sanfermines del 78, recuerda que la carga policial le pilló en su localidad de la plaza de toros, y me dice que tuvo que hacerse cargo de un niño y una niña pequeños, que en el tumulto se habían quedado solos, y que hubo de tumbarse con ellos en el suelo para protegerlos con su cuerpo de los disparos indiscriminados hacia los tendidos.

Se cierra el círculo

Hoy en día Damián Sánchez Martínez es un jubilado de 86 años que, como es lógico, dejó su trabajo hace ya muchos años. Su mujer, Nuria Buxareu, falleció en 2023 dejándole viudo, y tiene un hijo que heredó su nombre, Damián, y que vive en Francia con sus tres nietos. Reparte su tiempo entre Barcelona y un apartamento que tiene en la costa mediterránea, pero no pierde ocasión de volver a Pamplona en cuanto tiene oportunidad. De hecho, nuestra cita se produce aprovechando una comida con amigos celebrada en Cadreita. Me dice que todavía hay mucha gente en Pamplona que le reconoce y le saluda por la calle, y confiesa que dejó de bajar a los ruedos a raíz de un comentario de quienes retransmitían la corrida por televisión, según el cual “al Alcalde de Sol le cuesta ya subir hasta su localidad...”.

Para terminar la entrevista le pregunto si en sus años de “alcaldía” hay algo que se le haya quedado en el tintero, si hay algo que le hubiera gustado que sucediera y no ocurrió, y responde categórico que no. Hasta tuvo la ocasión de correr el encierro con su hijo, el día que este se estrenó en la carrera matutina. El círculo que se inició en 1966 se cerró completa y satisfactoriamente en 2023, cuando recibió por última vez los aplausos de la plaza de toros de Pamplona. Desde entonces ha recibido numerosos homenajes, de sus amigos, de sociedades gastronómicas y de las peñas, y ahora disfruta de las fiestas como un pamplonés más. El año pasado tuvo la ocasión de sentarse en el palco de la presidencia, para ver cómo se ve la plaza desde “Sombra”, y cuando le propongo repetir este 7 de julio acepta sin pestañear. Genio y figura, oigan.