Lograr que miles de personas mantengan la mirada fija en el cielo durante varios minutos mientras aparecen colores, formas y figuras reconocibles es una enorme responsabilidad. Este año ese reto recae sobre César López Lana, diseñador de ‘Navarra brilla en el cielo’, el espectáculo pirotécnico que inaugura este martes el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de Autor de San Fermín 2026 junto a su empresa, Pirotecnia San Fermín.

El espectáculo nace, según explica, como “una invitación a reconocernos en lo que somos: una comunidad diversa, viva y profundamente arraigada a su identidad”.

Con más de 25 años de trayectoria como pirotécnico, López reconoce que, de momento, mantiene la calma. “Llevamos tres o cuatro meses preparándolo a tope, aunque supongo que los nervios llegarán justo antes del disparo”, confiesa. A esa presión se suma un componente emocional por tratarse de su ciudad. “Siendo de Pamplona siento nervios, responsabilidad y también orgullo. Es una cosa que siempre quise hacer. Estoy contento de tener esta oportunidad tan especial”.

López comenzó en el mundo de la pirotecnia con apenas 19 años y, un cuarto de siglo después, es el encargado de decidir qué se dibuja en el cielo, cuándo aparece cada efecto y cómo evoluciona el espectáculo. Sin embargo, explica que detrás de cada disparo existe un complejo trabajo previo. “Cada efecto se fabrica de manera estándar en las fábricas; no se hace específicamente para un espectáculo concreto”, señala.

El montaje de esta noche tendrá una duración mínima de 13 minutos, el tiempo exigido por el Ayuntamiento para participar en el concurso, aunque las empresas tienen libertad para prolongar el espectáculo si así lo consideran.

Además de ser un espectáculo para el público, el disparo forma parte del Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de Autor de San Fermín 2026, en el que participan nueve diseñadores.

Cada uno desarrolla su propuesta junto a una empresa pirotécnica encargada del montaje. “Cada diseñador lleva su empresa de montaje. Hay una empresa detrás, una fábrica, con la que monta todo el espectáculo”, explica.

Todos los participantes compiten en igualdad de condiciones. “Los nueve disparos son iguales. Todos tenemos el mismo presupuesto, el mismo tiempo para montar... A partir de ahí, cada diseñador plasma la idea que tiene en mente”.

La parte que se evalúa en el concurso corresponde a los primeros 13 minutos del espectáculo. Dentro de ese tiempo existen dos bloques obligatorios fijados por la organización y, a partir de ahí, cada diseñador dispone de libertad creativa.

Uno de esos apartados obligatorios es la denominada sección asimétrica, uno de los mayores desafíos técnicos. “Es un poco raro porque es la parte más complicada de diseñar. Al final consiste en hacer algo totalmente diferente a lo que habitualmente hacemos en un juego”, explica. Ese requisito obliga a replantear buena parte de la idea inicial. “Es un poco más costoso de entender lo que queremos hacer cada uno, porque al final es cambiar todo lo que tenemos en mente”.

Monotiros

Las limitaciones también afectan al color y a los efectos. En la primera parte únicamente pueden utilizarse unos artificios denominados monotiros, exclusivamente en blanco y rojo y sin efectos sonoros añadidos.

Pese a esas restricciones, López quiere aportar un elemento diferenciador. Su idea pasa por aprovechar el propio sonido de salida de los monotiros para crear un efecto rítmico.

“Voy a intentar que, con el propio sonido cuando sale el artefacto del monotiro, se cree una cosa rítmica. Espero que, además de ver el color y lo que salga, la gente también oiga un ritmo sonoro detrás del disparo”.

Más allá de esa novedad, el diseñador asegura que el espectáculo mantendrá algunos de los elementos más esperados por el público. “No faltarán figuras que se puedan ver en el cielo, las típicas palmeras, colores que vayan cambiando y efectos que también cambien de color”. Su objetivo es que el espectáculo “sea potente y que la gente se quede con buen sabor de boca”.

Con todo preparado para esta noche, ya solo queda confiar en la tecnología y esperar el momento del disparo. “Ya está preparado todo lo que se va a subir, toda la materia que se va a disparar y el programa que viene de fábrica. Al final todo esto funciona con una máquina que va enviando las señales y ejecutando el disparo”, detalla.

López ya tuvo la oportunidad de participar en el Concurso de Fuegos Artificiales de Autor en 2024, aunque otros compromisos se lo impidieron. Este 2026, por fin, debutará en el montaje y disparo de los fuegos artificiales de San Fermín, uno de los escenarios pirotécnicos más emblemáticos y exigentes del calendario festivo.

Después de meses de preparación, César López sabe que todo se decidirá en apenas unos minutos. El espectáculo acabará tan rápido como empezó, pero confía en que las imágenes que dibuje esta noche sobre el cielo de Pamplona permanezcan durante mucho más tiempo en la memoria de quienes levanten la vista para contemplarlas.