Desde los albores del tiempo, el arte ha ayudado a lo seres humanos a transmitir todo aquello que no siempre se tenían las herramientas para verbalizar. En las cuevas rupestres se han encontrado imágenes que ilustraban escenas de caza, alertaban de los peligros del exterior... Ahora, esas mismas disciplinas artísticas pueden servir a niños y adolescentes a superar experiencias adversas, según concluye un estudio conjunto de Save the Children y la Universidad Complutense de Madrid, que demuestra la poderosa conexión entre el arte y la salud mental, al utilizar la creación artística como una herramienta para la recuperación psicológica, la regulación emocional y la integración social de niños, niñas y adolescentes que han sufrido violencia. Pero también es de gran ayuda para adultos.
Y eso es lo que hacen, sin ir más lejos, Kilian Yarey, Eva Medina e Isabel Ramírez, los tres miembros del Colegio Oficial de Psicólogos de Araba, en su día a día. Incorporan el arte (la música, el arte plástico y el movimiento) en sus terapias para ayudar a personas de todas las edades. “El arte nos acompaña en toda la sociedad, está inscrito en la vida”, explica Yarey sobre esta forma de expresión imprescindible que nos ayuda a contar a veces incluso aquello a lo que no podemos ponerle palabras. “Para mí el arte es un apoyo a lo que ya es, a su propia identidad. Le permite (a la persona) comunicar quién es a través de lo que sale de él espontáneamente. Es sano, es digno de que se valore y reconozca”, cuenta Ramírez. No importa, al fin y al cabo, la disciplina. Sea cual sea el formato, “aporta una nueva forma de expresión de lo que uno ya es, y también es solidario. Yo soy de la opinión de que cuando uno da desde lo que es, está abriendo una comunicación que va directa a una necesidad afectiva de pertenencia, de contacto con el otro”, añade.
Y es, ante todo, una herramienta que ayuda a superar aquello que duele. Isabel Ramírez define el trauma, al fin y al cabo, como la experiencia ante un evento amenazante en el niño o adolescente de supervivencia. “Hace que el niño esté en un estado de supervivencia. Tanto los animales mamíferos como nosotros sentimos la seguridad del vínculo a través de nuestra cuidadora primaria, que es la madre”. Si eso no se da, si ese vínculo no existe, el niño se siente amenazado y en peligro. “Nuestro cerebro, ante un trauma o un evento amenazante, genera tres tipos de reacciones: la lucha, la huida y el bloqueo”.
En sus consultas, Yarey utiliza la música como herramienta, mientras que Medina opta por el arte plástico y Ramírez por el movimiento como forma de expresión. En el arte plástico, por ejemplo, las imágenes no tienen por qué ser realistas. “Hay mucho simbólico que se va moviendo y va saliendo sin que lo piensen, porque si lo piensan igual se corta la espontaneidad y la creatividad. Desde ahí salen muchos personajes y muchas cosas que están dentro que se pueden expresar y ver fuera el mundo interior. Para mí las artes plásticas sirven como eso, como una manera de ver y de conectar con el mundo exterior a través de la creación”, señala Medina.
La importancia de fortalecer el vínculo terapeuta-paciente
Kilian Yarey, Eva Medina e Isabel Ramírez destacan el valor del vínculo como un requisito imprescindible en las terapias. “Trabajamos a través del arte, pero el vínculo es un canal muy importante para acompañar a los txikis”, explica Yarey, a lo que Medina añade que cuando hay un trauma, se produce una separación en el mundo interno de cualquier persona, también de los niños. “Se produce una escisión entre el mundo mental, corporal... Hay una desconexión”, y de ahí el valor del vínculo. “Las herramientas funcionan porque hay un vínculo, los terapeutas actuamos como sostenedor y como acompañante para reparar eso que se rompió. Muchas veces lo que ha sido dañado ha sido el vínculo con la madre, que es principal cuidadora, con el padre, en la escuela...”, resume Medina. Por eso, las figuras terapéuticas actúan como reparadoras, como el vínculo que sostiene, acompaña... “A la vez que se hacen las propuestas creativas, sostienen eso”.
“Con lo que el niño o la niña trae, lo vamos recogiendo y vamos generando un vínculo de seguridad con el espacio donde se sienta tranquilo, y desde ahí es desde donde surgen las creaciones artísticas. Somos el vehículo hacia estas elaboraciones artísticas”, añade esta psicoterapeuta, que trabaja desde el arte plástico en sus terapias. Yarey lo hace desde la música y Ramírez desde el movimiento.
“La clave es el vínculo que lo sostiene todo, para que el niño o la niña se pueda atrever a través de las herramientas artísticas a explorar qué es lo que está ahí y poder reparar”, añade asimismo Medina, que pone de ejemplo crear un cuento o una historia, escribir, dibujar un cómic... “El otro día un niño traía un dibujo de un monstruo. Él hace grafitis y ese monstruo lo pone en sus grafitis. Entonces, estuvimos explorando qué hay ahí, un monstruo que se comía a un humano”. A través de eso, de esos mundos de fantasía, pueden al fin y al cabo entender qué es lo que ocurre, pues muchas veces las metáforas o las imágenes que no tienen por qué ser realistas o reales pueden ayudar a entender qué es lo que está ocurriendo y tratar de intentar encontrar una solución.
Y, aunque pudiera parecer que niños y niñas tienen más libertad creativa, que pueden estar menos condicionados que adolescentes y adultos a la hora de crear, tener menos vergüenzas y miedos y primar más el contenido a la forma, a la belleza, eso no siempre resulta ser así. “Yo creo que depende, porque hago grupos de creatividad con personas adultas, y creo que estamos todos muy necesitados de expresar y creo que desde niños se nos censura mucho la espontaneidad con el arte. Yo me encuentro con peques que desde muy pequeñitos dicen: ‘Ay, es que esto me sale muy mal’. Tienen muy metida también la censura en el arte”, asegura esta psicoterapeuta.
La música
Por su parte, Yarey asegura que la música ayuda a los más pequeños a expresar todo aquello que sienten sin ponerle palabras. “El trauma influye en los peques de formas muy distintas. Algunos vienen muy retraídos, les cuesta mucho sacar su voz, esa parte suya al mundo”, y la música les ayuda a expresar su dolor. Sobre los adolescentes la cosa cambia. El psicólogo explica que estos conectan mucho con la música que escuchan. “Sobre todo conectan mucho con el rap, y a través de las canciones que traen a sesión, a partir de ahí, podemos empezar primero a vivir la experiencia de estar al lado del terapeuta contando su historia a través de la música, y poder hablar sobre esa música”, resume.
Un paso más allá, cuando ya se ha forjado ese vínculo, podría ser hablar de esa letra y de cómo influye en su vida, en qué les representa. “A partir de aquí se va creando un proceso en el que tanto el peque como el adolescente va pudiendo hablar de las cosas que le suceden. También a través de las improvisaciones musicales”.
El cuerpo
El movimiento es también clave para Ramírez. “La presencia del terapeuta ante el niño que ha sido dañado y está afectado por un trauma es fundamental. En la medida en que el terapeuta esté simplemente respirando, ya está ayudando a que el niño rebaje un poco el nivel de tensión con el que pueda venir a la consulta”, subraya.
A nivel corporal, el terapeuta necesita conocer las necesidades de quien acude a consulta. “El cuerpo da seguridad si se entra en la escucha, en la mirada, en los gestos, en la imitación... El terapeuta en muchos casos guía a través de la música y el movimiento con diferentes ritmos e intensidades el movimiento del niño a través de la imitación”. La imitación es, al fin y al cabo, muy importante. “El niño aprende de sí mismo a través de imitar lo que hace la mamá, de su voz, de lo que dice... La imitación en el movimiento a través de gestos, posturas... y además repetidas, genera enraizamiento tanto en adolescentes como en niños”. Con adolescentes estos ejercicios se suelen hacer en grupo, porque Ramírez afirma que trabajar en grupo nos sitúa en una posición de igualdad, de tribu y pertenencia. “Es más fácil, cuando hay problemas, estar en grupo, donde se trabaja mi propia autenticidad y me veo a través del otro”.
Estas herramientas artísticas seguirán incorporándose cada vez más en las terapias para ayudar a quienes más lo necesitan a expresarse con herramientas adicionales que les inviten a contar aunque no sea con palabras. “Espero que poquito a poco se vaya dando más importancia y se pueda ver que el arte es una herramienta terapéutica válida”, desea Yarey, que recuerda que aún por ejemplo en el caso específico de la musicoterapia, no están en la lista de las pseudoterapias. “Se sigue trabajando mucho desde las asociaciones para poder contar al sistema que estas terapias sirven, acompañan a peques, adultos y adolescentes, y que el arte es una herramienta fundamental. El vínculo con el terapeuta es básico, pero una vez hay vínculo, el arte facilita mucho la comunicación, el encuentro y el propio vínculo”, resume.