Cagüen la leche, se había avisado. Se había advertido. Incluso desde esta misma esquina. Vale, viene el Madrid, el equipo del gobierno, la vergüenza del país, lo más chungo del mundo mundial. Pero no la jodamos, coño, que vamos a tener a todo Ayuso city, a toda esa puta prensa, a todos los tertulianos de mierda, a la Liga Profesional, a la Federación, a Génova, a Ferraz, hasta a la Zarzuela, a todo jesucristo mirando con lupa lo que suceda en el Sadar, tanto en el terreno de juego como en los graderíos, para poder echarnos luego toneladas de mierda encima.
Y, leche, siempre tiene que haber alguien que la cague con las patas de atrás. Siempre tiene que haber un memo. Aunque, hostia, tampoco tiró una bomba de fósforo ni una mina antipersonal. Que fue una puta botella de plástico vacía. ¿Sancionable? Vale, que lo sancionen. Pero si los de seguridad lo habían ya localizado, qué jodida necesidad había de detenerlo en el mismo Sadar, cuando todo el mundo salía feliz y contento después de haber hecho morder el polvo, tío, por primera vez en tropecientos años, al enemigo histórico, al equipo del gobierno, a la vergüenza del país, a lo más chungo del mundo mundial. Hace falta ser inútiles, joder, o peor.
La de dios es cristo, claro que se montó. Hasta el más corto lo hubiera previsto. Y, ala, que vengan los nacionales, con su habitual buen hacer, a repartir hostias a toda maría santísima por las escaleras, por los pasillos, y luego todavía más a la gente que estaba fuera, y críos corriendo y ancianos esquivando porrazos y mujeres con ataques de pánico. Pero todo correcto y proporcionado para los sindicatos policiales. Porque siempre es así, coño, correcto y proporcionado. Ahora veremos las sanciones, llueve sobre mojado. El club, al menos, va a investigar el tema. Dice que se centrará en la defensa del socio. ¿Y el 2-1? Ya no se acuerda nadie. Cagüen todo.