Emilio Martínez-Lázaro: "El éxito de 'Ocho apellidos vascos' fue su buen rollo"

Emilio Martínez-Lázaro es uno de los directores más conocidos del cine español. En su haber tiene títulos que suenan a todos, sean amantes del séptimo arte o no, pero hay una película que nos concierne y que destaca entre todas ellas: 'Ocho apellidos vascos', la cinta más taquillera en la historia cinematográfica del estado español. Y ese récord no es ninguna broma.

09.08.2021 | 08:50
El guionista y director regresa a televisión con 'Supernormal'.

El director de Ocho apellidos vascos ha vuelto a la televisión después de 30 años para dirigir la serie de Movistar+ Supernormal, una comedia donde el humor no está forzado. Dice que le convenció el guion, aunque él no estuviera en ese momento dispuesto a regresar al universo televisivo. Sin embargo, y sin evitar la actualidad, lo inevitable es hablar con él de Ocho apellidos vascos, película que tiene sitial de honor en la historia de nuestro cine. Su director confiesa algunos de los secretos de una producción que hizo reír a prácticamente toda una sociedad. Estuvo a punto de no hacerse porque le llegó la crisis económica y Mediaset no lo tenía claro. Además, el grupo de Vasile no quería a Karra Elejalde como padre de la protagonista. Al final, todo se llevó a cabo tal y como quería el director.

Supernormal es su último trabajo. Es puro humor, pero ¿sabe ácido?
Tengo que reconocer que el guion me vino hecho, me gustó mucho y acepté la propuesta de la productora. Pero también tengo que reconocer otras cosas. Antes de leer la historia acepté mirarla por respeto y deferencia al productor, porque no me apetecía nada hacer una serie de televisión con capítulos de media hora.

¿Prefiere hacer cine a televisión?
Pues sí, me gustaba más, pero en este caso cometí un error: leer el guion. Y me gustó tanto que dije que sí. Está muy bien escrito. Y a la pregunta sobre el tipo de humor diré que no es el humor lo que va por delante en esta historia. En la comedia no hay que forzar el aspecto humorístico, tiene que salir de la propia historia.

Ha escrito guiones para el cine, pero siempre parece que ha pesado más en usted la dirección de películas que la escritura.
Últimamente así ha sido, pero en todo lo que he hecho, quizá con la excepción de esta serie, los guiones termino por revisarlos yo. Los miro de arriba a abajo y acabo por reescribirlos. Vuelvo a reescribir con los autores muchos diálogos. Para mí, el guion es lo más importante de la película. Las tres patas de una historia son los guionistas, los actores y el director. Este trípode tiene que funcionar y encajar.

Su último guion€
Lo hice en su tierra, en el País Vasco, fue en el 2000 y se llamó La voz de su amo. Es la última historia que firmé en solitario.

Llevaba años sin hacer televisión, tantos como treinta. ¿Esta serie puede ser su vuelta normalizada a este medio?
Es que Supernormal u otros trabajos audiovisuales no son exactamente televisión, o no como la entendíamos hasta ahora. Esto que vemos en las plataformas es lo que está sustituyendo al cine. Si yo fuera más joven me dedicaría más al tema de las plataformas.

¿Y qué pasa con el cine?
Pasar, no pasa nada. El cine está en un momento muy crítico. No tengo ningún inconveniente en hacer series, pero es cierto que hacía mucho tiempo que no estaba en algo que solo se fuera a ver por la pequeña pantalla. Yo ruedo exactamente igual una película que una serie.

Estará cansado de que siempre que le entrevistamos le hablemos de Ocho apellidos vascos.
Para nada. Es un trabajo mío y tengo que asumir la responsabilidad de hablar de él. Estoy contento de comentar lo que sea de una película tan especial como esta.

Puso del revés el cine y unió a través de la risa a espectadores muy diferentes.
Muchas veces me he preguntado qué tendría esa película, aunque sabía que iba a gustar. La he visto en multitud de lugares y en todos el público se muere de la risa desde que empieza hasta que acaba. Como farsa de humor, que eso es lo que es, funcionó estupendamente. Pero más allá de eso, siempre me he preguntado qué tenía para haber hecho una taquilla tan brutal. Solo en salas hizo 54 millones de euros. Hay que entender que después se ha visto en televisión. Prácticamente toda España ha visto esa película.

Y muchos la miraron con ojos muy políticos.
Creo que hay una visión mucho más social que política. Era una visión cariñosa, armoniosa y más equilibrada sobre unos enfrentamientos que estaban ahí y que nunca tendrían que haberse producido, esa especie de guerra soterrada entre el norte y el sur, entre el País Vasco y Andalucía. Eso era la película y el éxito quizá estuvo en lo que dirían los modernos: el buen rollo que transmitió la historia.

Como película ha sido la más taquillera de los últimos años.
Le voy a corregir. Ha sido, y es, la película más taquillera de toda la historia del cine español. No hay ninguna que se le haya acercado, y eso es una satisfacción.

El guion de Ocho apellidos vascos está firmado por Borja Cobeaga y Diego San José. ¿Tuvo usted algo que ver con la escritura de la historia?
El guion estaba muy bien hecho, era muy divertido. Cuando me lo dieron no estaba aún terminado y dije: Lo fundamental ahora es ver cómo terminamos esto. Pero lo más importante ya estaba hecho, y desde el humor de alguien que es vasco y que conoce muy bien las teclas que tiene que tocar. Desde el primer momento pensé que iba a funcionar muy bien.

¿Tanto?
Por supuesto que no. Yo vi que había algo, pero debíamos terminar el guion. Tuve una idea, salió bien, y fue darle un giro a la historia en la última parte. Fue convertir lo que era una farsa sobre los personajes en una historia romántica entre la pareja protagonista y el padre de la chica.

¿Se vio más en Euskadi y Andalucía que en otros lugares?
Inicialmente tuvo un arranque muy fuerte en País Vasco y Andalucía, especialmente en Bilbao y Sevilla, pero con el paso del tiempo fue tal el éxito, y tan generalizado, que nos dejó con la boca abierta. Es que hay gente que ha visto esa película cuatro veces. Eso no es normal.

En las localizaciones parece que el mayor peso estaba en Euskal Herria.
Fue muy gracioso, sobre todo cuando agencias de viajes y de todo tipo crearon la Ruta de Ocho apellidos vascos. Hicieron un montón de dinero con aquello. Tengo que confesar que me sabía de memoria todas las localizaciones que quería en la película, me las había visto mil veces. Sorprendió mucho fuera de Euskadi. Decían que era una zona preciosa, pero yo lo sabía desde que me puse a localizar.

Después hicieron Ocho apellidos catalanes, que tampoco estuvo nada mal en taquilla, aunque no tuvo la repercusión de la primera. Más de 36 millones de euros. ¿No había lugar para una tercera película?
En mi opinión el tema se había agotado completamente. Sinceramente, yo pensé que no había que hacer más que Ocho apellidos vascos. Creía que era una película única y que no había que tocarla. Pensaba que íbamos a meter la pata con una segunda, pero se empeñaron en Telecinco y me empujaron a hacer otra con los mismos guionistas.

Que de poco les servía su humor vasco, porque había que hablar de Cataluña.
Aun así, tengo que decir que acertaron en una serie de cosas y tuvieron la buena idea de inventarse el pueblo catalán independiente. La película tuvo un desarrollo muy bueno, pero no hubiera ido tan bien si no hubiera sido por el éxito anterior.

¿Por qué conocía Euskal Herria tan bien?
Además de por haber rodado en 2000 La voz de su amo, siempre me ha gustado y he ido allí muchas veces. Me siento muy bien en cualquier lugar vasco. Ahora se rueda muchísimo en Euskadi, hay muchas películas que salen de allí.

Usted iba a ser ingeniero€
Y me convertí en cineasta. Ja, ja, ja€ De ingeniero tuve dos años de carrera, muy poco, y luego estuve cuatro estudiando Físicas. No acabé de físico porque terminé de director de cine.

Parece que llevaba el cine dentro cuando entró en la universidad...
Claro. Mucho antes, desde los 15 años. A esa edad ya quería ser director de cine. Lo tenía clarísimo, pero también tenía clarísimo que nunca lo conseguiría.

Y falló en sus predicciones.
Sí, pero aún me pellizco para comprobar que todo es real. Estaba convencido de que no era posible, pero a pesar de todo lo intenté. Aparté lo que se interponía en mi camino y abordé lo que me hacía sentirme vivo y lo que me gustaba.

¿Ha resultado muy difícil el camino?
Mucho. Las películas son muy caras y sí, tienes ideas, pero las debes saber transmitir. Primero tienes que convencer con ellas a gente que va a poner mucho dinero y que va a arriesgar incluso su patrimonio. No es nada fácil hacer eso.

¿Está en peligro el cine tal y como lo concebimos?
Seguramente. Las salas, que ya estaban en peligro antes, con la pandemia han terminado por sucumbir en muchos casos. Sí, creo que corre mucho peligro, pero solo el cine en salas, porque para televisión se seguirá haciendo.

Aunque hay mucha gente empeñada en decir que eso no es realmente cine. ¿Usted qué opina?
Para mí, desde luego que no es lo mismo. Quitas a una historia la comunión de todos los espectadores en una sala de cine, y eso es importantísimo. En casa como mucho se ve en familia, pero se convierte en un consumo que muchas veces es solo individual. Hay muchos elementos que distorsionan. No puedes decir a nadie que se quede sentado si se le está quemando la comida o si tiene que ir al cuarto de baño.

Su trayectoria es muy larga y se nota en el número de títulos. ¿Es capaz de elegir los que más aprecia?
Amo tu cama rica, Las trece rosas y La voz de su amo, la que hice en Bilbao y en otras localidades vascas. Sin embargo, tengo que reconocer que otras han tenido más éxito.

Creía que iba a incluir Las palabras de Max, que fue muy exitosa.
Pero de público no. Obtuvo el Oso de Oro de Berlín, se habló mucho de ella y tuvo buenas críticas, pero la vida externa de una película es muy importante. ¿Cuál elegiría usted?

Carreteras secundarias, basada en la novela de Ignacio Martínez Pisón.
A mí también me gusta mucho. Es una película muy especial. No se puso de moda, no podía, no era una historia de moda lo que se contaba en ella. Había un personaje muy especial, el del padre, que estaba interpretado por Antonio Resines.

En una entrevista Resines comentó que había estado en Ocho apellidos vascos y que le quitaron a la hora de montar la película.
Claro que sí. Le quité yo. Se empeñó en salir y yo le dije: Vale, vente que te invento un papel. Se lo inventé, pero él se empeñó en hacerlo de otra manera, a su aire. Creo que hubiera salido muy bien si me hubiera hecho caso. Ya sabes cómo es Antonio, lo hizo como quiso y no funcionaba. Lo quité, y no solo por la película, sino porque iba a quedar él también mal.

¿Tiene mando en plaza en la elección de actores en el casting?
Cómo no. Considero que es la parte más importante del trabajo de un director. Para mí es algo sagrado: si no puedo elegir el casting de una película, no la ruedo.

Eligió para Ocho apellidos vascos a Dani Rovira, un cómico que no había hecho nada como actor de cine o televisión, ni siquiera teatro. Solo era un monologuista. ¿No corrió mucho riesgo?
Exactamente, no había hecho nada de nada. ¿Riesgo? Siempre corres riesgos, elijas a quien elijas. Me lo dijo una directora de casting. Fui a verlo a un teatro y vi que tenía una inocencia increíble en su monologo y pensé: Tiene la misma inocencia que el anormal del sevillano que va al País Vasco siguiendo a la chica. Con esa inocencia el público no podrá enfadarse con él por ser tan tonto. Pensé que todas las gracias y tonterías que me inventara caerían simpáticas a los espectadores.

Se quedaría de piedra cuando un director de su nivel le ofreció su primera película y le dijo que iba a ser el protagonista masculino.
Supongo que sí, pero el pobre, como no sabía nada de cine, estaba superado por las circunstancias. Cuando terminó el monólogo del que te hablo en el teatro Alcázar, que estaba lleno, me fui a la salida de actores. Le dije que me había gustado mucho y que quería que hiciera unas pruebas para la película que estábamos preparando. Pero tenga en cuenta una cosa: Ocho apellidos vascos no era entonces el éxito que es ahora, era solamente un guion. Había que ver cómo se hacía y había poco dinero para hacerlo. Los cuatro personajes principales fueron un acierto. Figúrate, Karra Elejalde y Carmen Machi. Con ellos y con Clara (Lago) y Dani la película fue un bombazo. Pero en Telecinco no querían a Karra, tuve que pelearme mucho por él. Decían que no, que no lo veían y que, además, daba mucha guerra. Seguro que ahora no piensan lo mismo.

¿Qué tiene ahora en el plano laboral?
Estoy escribiendo un guion y también tengo una oferta para hacer cine que me la estoy pensando. A la edad que tengo hay que pensar las cosas y me tengo que encontrar motivado haciendo un trabajo.

¿Levantar una película sigue siendo el caballo de batalla?
Exacto. Cuesta mucho encontrar la financiación, aunque en mi caso tengo que reconocer que cuesta menos que a la mayoría.

Pero los esfuerzos quedarán compensados.
Totalmente. Solo compensa si tienes vocación.

¿No se veía como físico vocacional?
No sé qué decir. Era más fácil verme como físico que como director, era más fácil conseguir dar clases a unos chicos y pensar en ahorrar unos dinerillos para rodar un corto o una película como aficionado. Pero tenía tan clara mi vocación... Eso sí, podía haberme quedado por el camino. A muchísima gente le pasó eso. 

PERSONAL
Edad: 76 años.
Lugar de nacimiento: Madrid.
Formación: Comenzó estudiando Ingeniería Industrial. Dejó la carrera dos años después, se matriculó en Físicas y lo dejó en el cuarto año. Se volcó en su vocación, el cine. Antes que director fue crítico en varias publicaciones. En 1971 presentó su primer trabajo audiovisual, Pastel de sangre. 50 años después dice que "fue tan malo que pensé que nunca volvería a hacer otras cosas". Se equivocó en sus predicciones.
Cine: Las palabras de Max (1978. Oso de Oro de Berlín), Lulú de Noche (1985), Amo tu cama rica (1981), Carreteras secundarias (1997), La voz de su amo (2000), Al otro lado de la cama (2002), Los dos lados de la cama (2005), Las trece rosas (2007), Ocho apellidos vascos (2014), Ocho apellidos catalanes (2015) y Mi amor perdido (2018).
Televisión: Hora once (1972), Los libros (1974), Cuentos y leyendas (1975), Escrito en América (1979), La máscara negra (1982), Todo va mal (1984), La mujer de tu vida (1990) y ahora Supernormal (2021).
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