Leí la semana pasada que a varios establecimientos hosteleros les ha caído una multa del Ayuntamiento de Pamplona por no haber instalado la doble puerta que, a priori, evita que salgan ruidos al exterior. En paralelo, vi imágenes de la noche del jueves al viernes pasado a las 4 de la mañana de una de las principales calles de marcha de lo Viejo, en las que se ve a un tumulto de no menos de 200 jóvenes metiendo bulla en la calle.

Vi también fotos de una calle tras el fin de semana, llena de basura tras la juerga carnavalera. Cualquier vecino de lo Viejo, de determinadas calles —San Nicolás, San Gregorio, Labrit, partes de Estafeta, Jarauta, Tejería, Bajada Javier, Navarrería…— sabe lo qué es convivir con el ruido de la marabunta especialmente por la noche, cuando todo está en calma y de golpe te salen 40 o 100 de un bar cuando ya estás dormido y despiertan a media calle.

El hecho de vivir allí y de conocer estas situaciones no valida estas situaciones, que no son vigiladas por las autoridades. Los vecinos, muchos de ellos trabajadores que se tienen que levantar pronto para ir a sus puestos, no tienen por qué soportar los horarios nocturnos de los bares ni a las marabuntas que se forman ni los ruidos que en otros barrios ni huelen ni conocen.

El ayuntamiento, su alcalde y sus ediles, deberían de ser garantes de la comodidad de todos los contribuyentes de la ciudad, vivan donde vivan, aunque se sepa que donde hay bares hay ruido. Pues habrá que darle vueltas a la cabeza para tratar de paliar más esas molestias, porque desde colectivos como Convivir en lo Viejo como muchas personas a título individual están hasta el corazón de tener que aguantar ser el abrevadero de la ciudad y mucho más ya a determinadas horas incompatibles con el descanso. La doble puerta no sirve de nada sin otras muchas limitaciones que no se afrontan porque no se quiere.