Análisis sobre Belate: el ruido político ensombrece la celebración de una obra portentosa
Lo primero que hizo Chivite fue acordarse del ruido que ha habido alrededor de la obra. Justo en un día en el que, en condiciones normales, solo podía haber celebración
Una excavadora Volvo EC300E tarda siete minutos en abrir un boquete de metro y medio en el corazón de una montaña. El momento impresiona: el rugido de la máquina, como un animal furioso encerrado en un pasillo; el brazo mecánico de varias toneladas en alto, como un puñal, rompiendo la pared; el tunelador, maniobrando con precisión, tras el testigo de un láser.
Las partículas de roca viva empiezan pronto a inundar la galería, pese a que un currela trata de apagar el polvo con una manguera. Ese polvo hace la respiración pesada y pica en los ojos. También en los de la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, que lo sigue todo desde la primera fila.
Después de meses de acusaciones de corrupción sobre la obra, polémicas políticas y judiciales con Belate en el fondo, ver la luz a mitad del tunel seguro que le tuvo que saber a gloria. Qué importa el ruido o el polvo en los ojos. Más ruido ha habido en el Parlamento, ha dicho precisamente Chivite. Solo la presidenta sabe si un día, visto cómo ha llegado a estar el panorama desde junio de 2025, se le llegó a pasar por la cabeza que la obra iba a naufragar.
Lo cierto es que la reforma de los túneles de Belate ha superado tres grandes golpes. El primero, de tipo policial, el de junio de 2025, cuando un informe de la UCO señaló a varias obras participadas por Acciona en el centro de una presunta trama de cobro de mordidas por la adjudicación de obra pública. El segundo, el del abandono de la obra por parte de Servinabar, la empresa situada por la Guardia Civil en el epicentro de la trama y, supuestamente, participada por Santos Cerdán, aunque el expolítico navarro siempre lo ha negado. La tercera, el ofrecimiento por parte de la UCO al juez para incorporar el expediente de Belate a la investigación judicial.
Tiene que dar cierta lástima que la mayor obra pública de los últimos años esté ensombrecida por un nubarrón de polémicas, muchas probablemente forzadas desde una oposición desesperada por descabalgar la actual fórmula de Gobierno como sea. Los políticos cuentan por éxitos las cortes de bandas de inauguración y las fotos con chaleco y casco.
Esta foto, que sería imponente de no tener alrededor todo el ruido –no el de las máquinas, sino el de la política–, no será la última. El túnel ha llegado a la mitad. Queda mucha obra por delante, hasta 2027. Los trabajos van a correr paralelamente a la investigación judicial, susceptible de llegar hasta Belate. Algo que ha deseado hasta la propia Chivite, que lo llegó a decir en el Parlamento. De momento, hay luz a la mitad del túnel para iluminar la foto. Del recorrido judicial dependerá si también la hay al final. O si por el contrario aparece alguna sombra.
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