La presión arterial es, tal y como así la describen los profesionales de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), "la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes de las arterias a lo largo del ciclo cardíaco. Se expresa con dos cifras, la sistólica y la diastólica, medidas en milímetros de mercurio (mmHg), y constituye uno de los parámetros vitales fundamentales en la práctica clínica".

Los valores normales de la tensión arterial: 120/80 mmHg

Sobre este cuestión, "la cifra superior (120) corresponde a la presión sistólica, la que se registra cuando el corazón se contrae, y la inferior (80) a la presión diastólica, medida durante la relajación ventricular. Ambas se expresan en milímetros de mercurio (mmHg). Una lectura de 120/80 se considera el límite superior de la presión óptima según las guías europeas", detallan los especialistas. Cuando esa presión se mantiene en el tiempo por encima de los valores normales, se habla de hipertensión arterial, una patología que puede causar daños a las arterias, al corazón, al cerebro, a los riñones e incluso a los ojos. Por contra, en el extremo opuesto está la hipotensión, en la que las cifras están por debajo de 90/60 mmHg.

Unos valores que, según los profesionales, se elevan con el ejercicio físico, el estrés o la ingesta de determinadas sustancias y descienden durante el sueño. También hay que tener en cuenta que la edad también juega un papel importante, y es que con el envejecimiento "las grandes arterias pierden elasticidad y la presión sistólica tiende a subir, mientras que la diastólica puede incluso descender".

Desde deshidratación hasta riesgo de golpe de calor: así afecta el calor a la tensión baja

Cuando la presión arterial baja, llega menos sangre al cerebro y, en consecuencia, menos oxígeno. Como consecuencia de ello, aparecen síntomas como cansancio, debilidad, visión borrosa, mareos con los cambios posturales, pitidos o zumbidos en los oídos, zumbidos en los oídos, palidez y náuseas. Un conjunto de síntomas que los profesionales denominan como presíncope o pródromos del síncope.

Unos síntomas que, lejos de mejorar durante los días calurosos, empeoran. Los expertos de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) sostienen que "el calor puede causar deshidratación y bajar demasiado su presión arterial, especialmente si se toman medicamentos para controlarla. El calor también puede incrementar el riesgo de sufrir un agotamiento de calor o un golpe de calor, que pueden ser peligrosos, especialmente para los adultos mayores con afecciones crónicas de salud".

Un profesional mide la tensión a una paciente en consulta Magnific

Cómo actuar ante una bajada de tensión

En caso de que haya una caída de tensión arterial, los expertos indican que si no hay síntomas que la acompañen no tiene por qué ser peligrosa, el problema es cuando se producen mareos y desvanecimiento. Los especialistas recomiendan evitar los lugares calurosos y beber muchos líquidos.

Si se es testigo de una bajada de tensión, lo primero que se debe hacer es colocar de forma inmediata a la persona afectada en un lugar con sombra en días calurosos, con las piernas en alto, a unos 45° del suelo. Se la debe mantener en esa posición por unos minutos, para así ayudarle a oxigenar mejor el cuerpo, en especial el cerebro. Si se aprecia una alta temperatura corporal, se indica aplicar sobre la piel medidas frías.

Si la persona afectada está consciente y en condiciones de ingerir, se le puede dar agua, café o una bebida con azúcar, o un dulce, para ayudar a estabilizarle la tensión arterial. Nunca se debe suministrar líquidos o sólidos si se encuentra inconsciente. En estos casos, hay que llamar a emergencias.