El silencio oficial de China recubre una Plaza de Tiananmen blindada

Pekín refuerza el dispositivo de seguridad para evitar homenajes a las víctimas de la matanza
La UE y varias organizaciones defensoras de los derechos humanos reclaman justicia

09.02.2020 | 13:33
Histórica imagen de Jeff Widener de hace 30 años en la que un hombre para una columna de tanques.

pekín - Ni una referencia en la prensa oficial -que optaba ayer por informar de los progresos económicos y sociales del país- y un discurso gubernamental en la misma línea son todo el recuerdo que las autoridades chinas han dedicado al día en el que se cumplen 30 años desde la conocida como matanza de Tiananmen.

Apenas una mención velada en el oficialista Global Times a cargo del investigador de la Universidad de Fudan Zhang Weiwei, según el cual "China habría seguido el camino de la Unión Soviética y se habría hundido", si los líderes chinos -apuntó el rotativo- "no hubieran tomado duras decisiones para salvaguardar la estabilidad del país hace 30 años".

"El tremendo éxito (económico del país asiático) muestra que la decisión que tomaron fue correcta", aseguró ayer el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China Geng Shuang, durante la rueda de prensa diaria. "Salvaguardó la estabilidad de China y su entorno, y el pueblo chino -agregó Geng- continuará avanzando por la senda del socialismo con características chinas".

En cualquier caso, y para evitar conmemoraciones de cualquier tipo, la céntrica plaza pequinesa de Tiananmen amaneció ayer blindada por fuertes medidas de seguridad, con decenas de vehículos policiales y agentes en los alrededores (más de los habituales), además de contar con el flanco este de ésta cortado al tráfico.

control policial Treinta años después, no eran tanques del Ejército sino vehículos policiales los que rodeaban la plaza, y los únicos estudiantes visibles eran aquellos extranjeros que querían visitar el icónico lugar que dio nombre a una masacre que, no obstante, se extendió por varios distritos de la ciudad y acabó con, al menos, varios centenares de vidas.

Fue el sangriento colofón de varias semanas de protestas a favor de una reforma política y en contra de la corrupción institucional, en las que las posturas de estudiantes y Gobierno se fueron radicalizando progresivamente.

Hoy, cualquier conato de protesta es silenciado con rapidez y, además, como suele suceder cada vez que hay una cita sensible en Pekín, la censura cibernética se intensifica. Este 4 de junio (y los días anteriores) no ha sido una excepción.

Así, las conexiones de red virtuales (VPN, servicios de pago que simulan una conexión a internet desde países con acceso libre para saltar el bloqueo chino) dejaron de funcionar en su mayoría, por ejemplo.

Otras medidas habituales de los aniversarios de este tipo también se pusieron en marcha para la ocasión: como sucede, por ejemplo, cada año durante la reunión de la Asamblea Nacional Popular, algunos activistas fueron obligados a tomarse "vacaciones forzosas".

El caso del activista Ou Biaofeng ha sido especialmente llamativo, ya que las autoridades le enviaron esta vez a Yunnan, en la otra punta del país.

Con un episodio histórico de tal calibre silenciado en China, las voces críticas se han visto limitadas al ámbito privado o al extranjero.

condena de la ue Desde la Unión Europea, la vicepresidenta y alta representante de Política Exterior, Federica Mogherini, condenó el episodio y pidió a Pekín que asuma responsabilidades y respete a aquellos que quieran recordar la fecha. Además, invitó al Gobierno chino a poner en práctica las recomendaciones sobre Tiananmen que el Comité contra la Tortura de la ONU emitió en febrero de 2016.

Por su parte, la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, acusó a Pekín de querer "ocultar la verdad" de lo sucedido en Tiananmen, donde las dimensiones de la barbarie militar todavía se desconocen, aunque distintas fuentes hablan de varios centenares y de hasta varios miles de muertos.

"Que un país sea civilizado o no depende de cómo el Gobierno trata a la gente y cómo se enfrenta a los errores del pasado", asevera Tsai, a través de una publicación en su perfil de la red social Facebook.

El texto va acompañado de un dibujo en el que se ve a la presidenta participando en una vigilia y el mensaje: "La libertad es como el aire, solo puedes sentir su existencia cuando no puedes respirar. No olvides el 4 de junio".

Y tanto ayer como en las semanas de víspera del aniversario, varias organizaciones defensoras de los derechos humanos han realizado llamamientos a que se haga justicia de una vez, se deje de criminalizar a las víctimas de la represión y Pekín asuma las responsabilidades correspondientes.

En la prensa china no hay ni rastro de lo acontecido la noche del 3 al 4 junio de 1989, cuando soldados y tanques del Ejército de Liberación Popular chino se abrieron paso de forma sangrienta hasta la plaza de Tiananmen, donde se manifestaban desde hacía varias semanas cientos de miles de estudiantes universitarios y trabajadores por el fin de la corrupción y en favor de una mayor apertura política.

Nadie habla en voz alta en China del suceso que acabó con un número de muertos todavía desconocido, que oscila entre unos cientos (las Madres de Tiananmen comprenden a familiares de 155 asesinados, por ejemplo) y varios miles, según las ONG y otras fuentes.

'el hombre del tanque'

foto influyente fruto de la suerte

Imagen icónica. Jeff Widener, autor de la famosa fotografía El hombre del tanque tras la masacre de Tiananmen, cuenta que la imagen fue en realidad producto del azar, aunque reconoce "la influencia que ha tenido en la percepción que la gente tiene del mundo". "Muchos la consideran un icono. Yo la considero suerte. Estaba en el sitio equivocado en el momento justo", recuerda Widener, que viajó a Pekín desde su puesto fijo en Bangkok para cubrir las protestas estudiantiles contra la corrupción y en demanda de una mayor apertura. La imagen del hombre desarmado que se paró frente a una columna de tanques del Ejército chino -después de que ésta acabase con cientos o incluso miles de vidas- se convirtió "en una muestra de que las fotografías pueden ser muy poderosas", comenta. Era la mañana del 5 de junio, cuando Widener logró subir, gracias a "la inestimable ayuda de un estudiante chino", al sexto piso del Hotel Beijing para tomar la simbólica fotografía a unos 200 metros de la plaza.