Con la venia

Esto es la guerra

07.06.2020 | 01:46

En un arranque de ingenuidad muy propio del nuevo equipo bipartito, la presidenta del Congreso Merichel Batet convocó a los portavoces de los partidos para instarles a "no perder el respeto al resto de los oradores" en el inmediato pleno que iba a celebrarse para la definitiva prolongación del estado de alarma. Podemos imaginar el cachondeo. Para rato iban a renunciar la derecha extrema del PP y la ultraderecha de Vox a su estrategia de la crispación cuando habían encontrado otro hueso que roer y un nuevo flanco por donde descomponer a un Gobierno que consideran ya putrefacto: el ministro Marlaska mancillando a la Guardia Civil. Hasta ahí podíamos llegar.

La verdad es que el Gobierno de Pedro Sánchez está tropezando demasiadas veces en la misma piedra, en esa torpeza para la comunicación que provoca continuas disfunciones, desde la perplejidad hasta la vergüenza ajena. En ese océano de meteduras de pata, el caso Marlaska no ha podido llegar en peor momento, con el Gobierno de Sánchez ya tan zarandeado que parece sostenerse sólo gracias a su inusitada capacidad de supervivencia.

Pero si preocupante es la pésima comunicación del Gobierno, es francamente bochornosa y agobiante la capacidad de provocación, el chapoteo en la gresca de una derecha absolutamente dispuesta a todo con tal de liquidar al Ejecutivo de Sánchez. Durante toda la semana ha ido subiendo de tono la ofensiva contra el ministro de Interior y en ello han competido Pablo Casado y Santiago Abascal en un agresivo monta tanto en el que los insultos, las injurias y las mentiras han atronado el hemiciclo, en esta ocasión espoleada la derechona con su defensa de la Benemérita tras el cese de Pérez de los Cobos, el coronel especialista de los informes chapuza.

Es verdad que en lugar de las aclaraciones chapuceras y los remiendos exculpatorios del ministro, el Gobierno debía haber explicado el cese del coronel experto en informes-trampa. Y, por su parte, la oposición tenía derecho a reclamar esa explicación. Pero se ha limitado a sacudirles al ministro y al Gobierno en guerra sin cuartel, hinchada la vena y reinventando improperios. Y mientras Pedro Sánchez y los suyos se lamen las heridas de tanto vituperio, la filtración marrullera de un off the record añade gasolina al incendio en el que pretenden abrasar al Gobierno, a Marlaska y, de paso al movimiento feminista.

Quizá abochornado por los errores de bulto que plagaban su informe y no tenían un pase ante la juez, el insigne tricornio retocó su contenido borrando del dossier alguna falsedad y algún disparate que otro, pero añadiendo el robado a Irene Montero que, a fin de cuentas, venía a comentar fuera de antena lo obvio. En fin, que tenemos derecho a sospechar que todos los informes de este Guardia Civil han tenido y tienen la misma solvencia. O sea, ninguna.

Pero a la derecha el informe le parece perfecto, porque acepta sus argumentos porque le interesan, sean o no verdad. Le vienen bien esos argumentos amañados para enconar su ofensiva, creen que final, contra un Gobierno al que no reconocen, ni respetan, ni perdonan. A la derecha extrema y a la ultraderecha les importa un pimiento lo que le pase a la gente, le interesan los muertos sólo para arrojárselos a la cara a Pedro Sánchez, porque en esta guerra cuantos más muertos mejor. Y no te cuento si, como parece, las cuentas del Gobierno no consiguen aclarar cuántos muertos van.

A esta derecha, por desgracia, no hay quien le desarme. Quizá espoleada por sus propias encuestas, mantiene abiertos todos los frentes de batalla y echa mano de ETA y Venezuela para hacer estrellar sus proyectiles en pleno rostro de Pedro Sánchez, El Usurpador. Cierto que el Gobierno ha encadenado errores en la gestión de la pandemia, pero cierto es también que a día de hoy las medidas adoptadas han sido eficaces. Y eso es precisamente lo que no está la derecha dispuesta a consentir y, mientras le espera en los tribunales como acostumbra, la derecha extrema del PP seguirá ignorando toda llamada a la cordura y, con Vox a la chepa, mantendrá contra el Gobierno la guerra sin cuartel.

Para rato iban a renunciar la derecha extrema del PP y la ultraderecha de Vox a su estrategia de la crispación