Entrevista a Gerardo Tecé

Gerardo Tecé: "Descubierto el papel de la monarquía, pasa como en los trucos de magia, una vez los conoces pierden un poco de gracia"

12.09.2021 | 11:46
Gerardo Tecé

Observador político representante de una nueva generación, se dio a conocer desde su cuenta de Twitter, convirtiéndose en un referente en la izquierda

Sus 600.000 seguidores cifran una meritoria trayectoria en esta red, que le ha servido de trampolín profesional. Gerardo Tecé (Fuente Obejuna, 1982) sigue al pie del cañón en Twitter mientras trabaja como articulista en CTXT o de guionista en Late Motiv, el programa de Andreu Buenafuente en Cero. Tecé no es periodista por estudios, pero por vocación parecía predestinado a acabar en el oficio. Sin embargo, a la hora de llegar a la Universidad primero se matriculó en Matemáticas y después en Trabajo Social. "Mis padres están súper contentos conmigo porque dejé dos carreras sin terminar", ironiza. Tecé tira de una de sus reconocidas señas de identidad, que conjugada con su capacidad comunicativa y su inteligencia le han abierto un halagüeño camino en la deconstrucción de la actualidad.

Para quien no le conozca y no siga las redes sociales o el periodismo digital. ¿Quién es Gerardo Tecé?

–Es el nombre artístico, como se decía antiguamente, que me puse cuando entré en las redes, para leer a otros básicamente. Después empecé a escribir y la cuenta tuvo cierto éxito. También por suerte hay mucha gente que no está en las redes porque si el ambiente en la calle fuera el mismo que allí, no sé cómo estaríamos.

Tuvo más que un cierto éxito. Abrió su cuenta en 2010, optó por un perfil irónico, y empezaron a multiplicar seguidores.

–Sí, no fue nada premeditado todo esto, era la forma natural en la que sabía comunicarme en ese medio, muy favorable a ese punto que yo ya tenía de forma innata, porque cada uno nos comunicamos de una manera.

Usted parte de la convicción de que la política hay que observarla con sarcasmo, con las cosas que pasan.

–Claro, el sarcasmo, la ironía o el humor deben ir muy unidos a esa visión sobre las cosas importantes de la vida en general. En este caso, las cosas de lo público. Esa mirada es una buena conductora de la información y sanea un poco. El ejemplo paradigmático es El Intermedio. Un programa que es capaz de hablarte de la reforma de las pensiones mientras estás echando un buen rato. Ahora nos parece natural, pero en su momento la idea era complicada. Meterle humor a la actualidad política y a temas tan a veces aburridos o crispados creo que viene bien, y en mi caso, es mi forma natural de entrar en ese campo.

Su ascenso como tuitero coincidió con un punto de giro en la política española y un cambio generacional, también en el periodismo.

–Sí, totalmente, el éxito de esta cuenta de Twitter está claramente enmarcado en el discurso 15-M. Yo en cierta manera ya tenía ese discurso antes, en privado y también en redes. Entonces ensambló muy bien una cosa con la otra. De hecho el 15-M surge porque mucha gente ya tenía ese discurso anteriormente, como era mi caso. Nos encontramos un grupo de gente y a mí se alzó como una de las voces.

De esto han pasado diez años. ¿En qué momento estamos ahora en la política española?

–Creo que estamos en una especie de 15-M de ultraderecha. Un momento dulce para movimientos reaccionarios que pensábamos que estaban ya enterrados y que no volverían, y aquí están. Es un tiempo convulso, de confusión y cambio, tras la crisis económica de 2008 en la que no se ha terminado de resituar nada, y esta gente lo ha aprovechado muy bien, por no hablar de la pandemia. Desde mi punto de vista, la gente decente, que apuesta por la convivencia tranquila y pacífica, intenta frenar a estos que vienen desbocados.

Destaca esta realidad por encima de la llegada de Podemos al Gobierno 8 años después del 15-M.

–Me parece muy meritorio, gracias al 15-M surgió Podemos, Podemos ha conseguido cambiar el tablero político, incluso llegar a una cosa extraordinaria a nivel histórico, como un gobierno de coalición. Pero el fondo del debate ahora mismo, nuestra principal preocupación, creo, siendo sinceros y honestos, es lo otro. Pienso que pesa más ahora mismo.

La izquierda se la juega, y parece existir una cierta zozobra sobre cómo encarar el fenómeno o sacudirse el peso de poderes fácticos. La extrema derecha puede sacar tajada del descontento.

–Esto es de toda la vida. Quien tiene problemas, trabajos de 12 horas, no se puede permitir estar informado de los matices y acude a los medios de comunicación, que están en manos de gente que no quiere a este Gobierno, porque uno de sus socios 'les amenaza', porque Podemos viene a romper el statu quo. Es lógico que si a mí me dicen que me van a quitar privilegios y yo soy dueño de un medio de comunicación lo use para hablar mal. Creo que el papel de los medios es fundamental a la hora de entender cómo sucede una anormalidad, que en España la ultraderecha es mimada y tratada como una opción más. El odio es tratado como una opción legítima, cosa que no sucede en Francia, donde llega una segunda vuelta de votaciones entre la derecha y la ultraderecha, y cualquier demócrata sabe que tiene que apoyar a la derecha, sea de izquierdas o de ultraizquierda, frente a lo otro, que es un peligro para la convivencia. Eso en España se ha dejado de lado, por cálculo político, básicamente porque la única forma de desalojar a un Gobierno que molesta al poder económico es contar con los escaños que tiene la ultraderecha. Si no cuentas con ellos, no puedes desalojarlo, con lo cual hay que blanquearla y normalizarla. Y creo que es un peligro y un problema, que lo pagaremos caro en el futuro si no lo estamos pagando ya.

No sé si, en este sentido, considera relevante un cierto giro a la izquierda que parece detectarse en el Grupo Prisa, referente histórico de la progresía española.

–Prisa, tanto El País como la Cadena SER, reacciona como empresa. Cuando llega la crisis anterior y el Gobierno del PP muy inteligentemente en lugar de dejar caer a Prisa le dice 'te voy a ayudar a salvarte, eso sí, me vas a devolver el favor', Prisa lo devuelve. Cuando están libres de aquella hipoteca, entiende como empresa que sus oyentes no estaban muy contentos cuando escuchaban cosas como que los radicalismos de Podemos y la ultraderecha se tocan. Creo que decir algo así es una barbaridad desde el punto de vista democrático. Este giro editorial, responde a eso, a un problema de audiencia. Una generación entera se ha criado formándose política, social y culturalmente con estos medios de comunicación, que hicieron muy bien su trabajo durante unos años y después no tanto. Ojalá este cambio fuera de otro tipo, porque si el día de mañana toca de nuevo hacer otra cosa la harán.

¿Qué me dice de la reinvención de Pablo Iglesias? Su goteo de colaboraciones le devuelve al riesgo de la sobreexposición. En todo caso, su trayectoria es potente y digna de interés en esta nueva etapa.

–Sí, nosotros lo hemos vivido de cerca este interés. El primer medio que anunció su colaboración fue CTXT. De hecho ya se publicó su primer artículo y tuvo muchísima difusión con mucha polémica por supuesto alrededor, como siempre que aparece él. No sé qué nivel de exposición querrá para su vida. Creo que está condenado a tener exposición, que es demasiado tarde para no tenerla, y que cualquier cosa que haga, por lo menos en este tiempo político, será noticiable. La salida de Iglesias de la política, pasar de la vicepresidencia a ser columnista de medios digamos alternativos, si no es una estrategia funcionará como tal. El otro día lo explicaba alguien con un ejemplo que me gustó. Hablaba de la 'naranja mecánica', la Holanda de los años setenta en la que cada jugador podía jugar en cualquier puesto. Es decir, Pablo Iglesias fuera de la política sigue siendo un altavoz político muy fuerte que refuerza o debilita a un Gobierno en el que ya no está, o a un partido que ya no dirige. Ha dejado de jugar en la política para irse al otro terreno en el que también se hace política, que son los medios de comunicación. Él dice, y creo que con razón, que la gente no milita en los partidos, sino en los medios.

Su sucesora natural, Yolanda Díaz, marca un nuevo perfil, y debe manejarse con las cualidades camaelónicas de Pedro Sánchez.

–Creo que Sánchez no tiene más remedio que tener a Yolanda Díaz al lado, y estar en coalición con Podemos. Si él pudiera, por supuesto no lo estaría, como ya demostró forzando una repetición de elecciones. Creo que Yolanda Díaz tiene uno de esos caracteres de los que te encuentras poco por la vida, de talante, como decía Zapatero, muy bueno para la política, que no sé cuánto le aguantará, porque no sé cuántos gritos e insultos hacen que a uno le cambie el carácter, pero a ella le llegarán como le llegaron a Pablo Iglesias. Creo que el cambio es bueno dentro de este entorno a la izquierda del PSOE, que Yolanda Díaz es un caballo ganador muy potente, y que después de tanta crispación en torno a Pablo Iglesias venía bien un tono suave como el suyo.

Hace un año, en un artículo sobre Juan Carlos I, usted hablaba del "autoengaño" recurrente en gran parte de la clase política española.

–La monarquía es una especie de consenso cuando termina el franquismo. 'Ustedes quieren democracia y que no los matemos, y nosotros queremos seguir mandando'. Y la respuesta fue la monarquía, básicamente. Mantener a las familias que controlan, con un representante elegido a dedo y por sangre. Y el resto de la sociedad española, pues bueno, disfrutó de la libertad que no tenía antes. Creo que la monarquía de ahora ya no tiene nada que ver. Juan Carlos fue inteligente políticamente al darse cuenta de que los de derechas eran de los suyos, y los de izquierdas a los que se tenía que ganar, con el rollo campechano, llevándose bien con Felipe González. Ahora eso ha caducado. Ya no existe en la izquierda esa idea de dar las gracias por seguir vivo o porque no nos persigan y nos metan en la cárcel. Sumado a los escándalos y a cómo se ha tapado todo durante tanto tiempo, todo ello ha puesto a este rey nuevo en una situación complicada.

¿Cómo observa su papel?

–Su decisión ha sido arrimarse a los fieles. Este es un rey conservador, que no lo disimula, que sale a dar un discurso muy fuerte cuando se ataca gravemente la Constitución en Catalunya, pero que inaugura el curso judicial con el Consejo General del Poder Judicial caducado desde hace mil días y sin intención de renovarse. Es un rey que se posiciona por su salvación. Una vez descubierto el papel que tiene la monarquía, y más o menos todo el mundo lo tiene claro, es como los trucos de magia. Una vez que ya los conoces pierden un poco de gracia.

La cuestión territorial es otro asidero de la derecha para marcar un tono hostil y alarmista de blindaje del sistema, con marcaje al PSOE.

–Es el motor y gasolina que tiene la derecha, y no tiene otro. En Navarra lo sabéis bien, y por supuesto en Catalunya, en el País Vasco, y donde haya una sociedad que no sea igual que la castellana. El PP es el partido de Castilla, y existe una España que no es Castilla, que es más plural. En ese conflicto es donde el PP ha echado cuentas y ve que le compensa. O no, porque lleva perdiendo unas cuantas elecciones. Pero por supuesto es su gasolina. De hecho, Pablo Iglesias en su primer artículo que publicó en CTXT hablaba de eso, y decía que si el PP y Vox gobiernan probablemente aticen este discurso y suban el nivel. El 'España se rompe' ya no vale, entonces tienes que dar pasos nuevos, y ahora tocaría ilegalizar a Bildu o hacer cosas que movieran el conflicto territorial, porque no tienen otra cosa que ofrecer.

Usted lleva a gala en su cuenta de Twitter ser andaluz, y también se presenta como "periférico". Desde Sevilla observa el centro, pero además es testigo de la marcha del Gobierno andaluz.

–Como dato curioso, yo soy el padre del concepto 'trifachito'. Lo solté un día en Twitter, tuvo éxito y tomó vida, cuando el pacto andaluz de Gobierno, y el PP, Ciudadanos y Vox sumaron más que PSOE y Podemos. Observo en este Ejecutivo que el carácter que tiene el presidente no es el del PP madrileño, es otro, no tiene nada que ver. Vox intenta virar a la derecha el Gobierno, pero no termina de funcionarle. De hecho, cada semana rompe con el Gobierno andaluz, cada semana es lo mismo, porque aquí en Andalucía las cosas son de otra manera, más templadas. La actualidad nacional la marca Madrid, las dos calles del poder de Madrid, y eso no termina de ser la realidad. En cuanto a lo de 'periférico' lo digo porque la periferia la considero un refugio. Como escribo de cosas que pasan en Madrid, básicamente, estar tan lejos me facilita mucho mi trabajo. Esta distancia me permite no deberle nada a nadie.

También es guionista en Late Motiv, el programa de Buenafuente. ¿Cómo lo hace desde la distancia y cómo es trabajar en un programa así?

–Cuando mucha gente descubrió el teletrabajo para mí era la normalidad, yo ya hacía eso. He tenido la suerte de que mis jefes me han dejado seguir viviendo donde quiero vivir.

Eso es importante.

–Sí, es un lujo y yo estoy muy agradecido. En este caso me llamaron de la productora El Terrat, buscando un perfil como el mío para temas de actualidad política, preguntándome si me apetecería, y dije que por supuestísimo. Esta va a ser mi cuarta temporada, que empezamos este lunes, y estoy muy contento. Es un lujazo porque trabajas con gente muy potente, que sabe muchísimo de guion. Yo soy allí el último mono, por supuesto.

Otro trabajo que le imanta a la actualidad y a la ironía.

–Claro, yo a las ocho de la mañana tengo que saber qué está pasando en el día y qué va a pasar y cómo podemos enfocarlo. En el fondo, mi trabajo se reduce a eso, a que pasan cosas y yo tengo que ver cómo mirarlas, de una manera que no sea muy transitada, un poco didáctica y crítica, y que todo haga que merezca la pena verlo.

Detrás de eso hay mucha labor, no ocurrencias que llueven del cielo.

–Hay un lema en la sede de Late Motiv en Tres Cantos, en una pared en grande que dice: "Todo tiene que parecer fácil", y me parece muy bueno, porque es en lo que consiste nuestro trabajo. Cuando Andreu sale por la noche y hace su monólogo hay una labor que ha empezado a las ocho de la mañana, para que todo parezca fluido y sencillo. Y con los artículos lo mismo. Cuando termino uno y hago las dos o tres relecturas críticas como si no lo hubiera escrito, parece que ha sido redactado de un tirón, pero detrás puede haber dos horas peleándome con una palabra o con una idea que no termina de funcionar. Es un trabajo que requiere esfuerzo. Si a uno le cuesta hacer lo que hace es porque lo quiere hacer bien. En eso estamos.

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