Joan B.Culla: "La idea de que con la inmersión se quiere arrancar el castellano de las mentes de los niños y niñas es grotesca"

19.12.2021 | 00:52
Joan B. Culla es un hombre muy conocido en Catalunya como historiador y analista de la actualidad.

Incide en que la inmersión es un método para asegurar la competencia lingüística en catalán, una "lengua que para una parte de los estudiantes no es materna o doméstica"

Profesor universitario desde 1977, colaborador del diario Ara, entre otros medios, Joan B. Culla (Barcelona, 1952) analiza la imagen que a menudo fuera de Catalunya, y a veces también dentro, se construye sobre la inmersión, y el contraste a su juicio con la realidad práctica.

¿Cuál es el balance histórico de la estrategia de inmersión decidida en la Transición?

–Efectivamente, fue una decisión estratégica, tomada no desde el nacionalismo, en aquella época representado por Pujol, sino desde el PSC, que tenía un componente catalanista fundamental. Pujol estaba convencido de que con la enorme inmigración que había llegado a Catalunya, sobre todo en los años cincuenta y sesenta, era imposible establecer un sistema escolar en el que el catalán fuese la lengua vehicular en todas partes, y se inclinaba por lo que aquí se llamaba la doble xarxa, escuelas en catalán con una asignatura de castellano, y en las zonas donde esto parecía forzar una naturaleza, escuelas en castellano con asignatura en catalán.

Aquello se descartó.

–Fue el PSC, sobre todo una prestigiosísima pedagoga que se llamaba Marta Mata, y su entorno, impulsores de la pedagogía más moderna y progresista en la Catalunya de los años setenta, los que defendieron una red única y la inmersión en catalán en todas partes. De modo que ese modelo es más hijo del PSC que de Convergència o de Pujol. Luego, naturalmente, Pujol lo hizo suyo. Pero si me permite, quería hacer una reflexión, tal vez obvia.

Dígame.

–Muchos padres y madres en España pagan un dineral cuando envían a sus hijos o a sus hijas a Inglaterra o a Estados Unidos para cursar un curso o dos, o tres, y que vuelvan sabiendo bien inglés para toda la vida. Esa inmersión es total, en las horas lectivas, en la calle y en la familia o en la residencia. Eso en Catalunya se aplica en una versión light, porque en el momento en que traspasan las puertas de la escuela, la inmersión en catalán desaparece, y una parte importante de los alumnos hablan en castellano. A veces fuera de Catalunya, e incluso dentro, parece que la inmersión fuese una forma de tortura, y es un método de aprendizaje de una lengua, que para una parte de los estudiantes no es materna o doméstica.

¿Entonces?

–Cuando esto se puso en marcha en los ochenta, los que no estábamos directamente implicados en el tema, creímos de buena fe que se iba a aplicar al pie de la letra. Luego, con el paso del tiempo, ha ido siendo evidente que como los docentes no son unos talibanes fanáticos, sino gente absolutamente normal, esa inmersión tan invocada y famosa, se ha aplicado de un modo muy desigual, muy pragmático.

Acoplándose a la realidad.

–Y adaptándose a las circunstancias de cada lugar y momento. Hace tiempo que sabemos que lo de la inmersión aplicada al cien por cien en todos los centros escolares es un mito. Lo que pasa es que las sucesivas autoridades políticas de la Generalitat nunca han querido decir en voz alta esto, supongo que ante el temor de que docentes que aguantaban el tipo tirasen la toalla. Por eso, mucha gente ante el 25% se pregunta dónde hay que firmar para que el castellano solo tenga en todas las escuelas de Catalunya dicho porcentaje y el catalán tenga el 75%. Estos últimos acontecimientos han hecho caer el velo del mito de la inmersión.

Constata que estas controversias ya saltaron en épocas de un catalanismo autonomista, y ahora se asocia el catalán con el independentismo.

–El solo hecho de plantear el catalán como una lengua escolar tan válida como el castellano, para el pensamiento de gran parte del nacionalismo español en Catalunya y fuera ya alimenta el independentismo. En el hecho de que en catalán se puede aprender todo, exactamente igual que el castellano, no hay un mensaje subliminal de para qué necesitamos el castellano, somos independientes y se acabó. La idea de que en un Estado sólidamente trabado y con voluntad de permanencia solo puede haber una lengua seria, forma parte del ADN del nacionalismo español o de la cultura política española súper mayoritaria desde hace siglos.

El articulista Francesc-Marc Álvaro habla de un problema "prepolítico" de "supremacismo". El de 'para qué usar el catalán si en castellano nos entendemos todos'. Un marco que afecta mucho al euskera.

–A principios de siglo, cuando el catalanismo político todavía no había nacido, el ministro de Instrucción Pública del Gobierno de España, el conde de Romanones, intentó imponer que la enseñanza del catecismo en todas las escuelas fuese en castellano. Y en aquel momento nadie pedía ni la independencia ni la autonomía ni nada.

También se argumenta que hay un miedo a que se aprenda más castellano y se genere más sentimiento de españolidad.

–La realidad es que con independencia de lo que pase en las aulas escolares, o del deseo, sueño o anhelo de quien sea, es imposible aislar a la población de Catalunya del castellano.

De hecho, al menos en Barcelona, basta un paseo para observar el vigor del castellano.

–Claro, no solo fruto de que una parte muy grande de la población catalana tiene raíces en ese idioma y lo utiliza de forma primordial, sino además por la capilaridad absoluta de los medios de comunicación actuales. Por tanto, la idea esta de que con la inmersión lingüística se quiere arrancar el castellano de las mentes de los niños y las niñas, aparte de una cursilada, es grotesca.

Otro argumento que se esgrime a favor de la inmersión: ser fuente de vertebración.

–Ha sido útil para que muchísima gente, no solo de origen o raíces castellanas, sino latinoamericanas o magrebíes, hablasen a la perfección el catalán. Y también la calle: Hace años mi mujer trabajaba en una red de bibliotecas, y estaba admirada por el nivel del catalán que hablaban por niños que por ejemplo se llamaban Mohamed. Si al salir de la escuela se encontraban en la calle con un ambiente catalanohablante, era mucho más fácil acabar de aprender el idioma y utilizarlo.

Usted es profesor de la Autònoma de Barcelona. ¿Cuál es la situación en la universidad?

–Yo llegué como joven profesor a la Autònoma en el 77. Los primeros dos o tres cursos, las clases las hacía en castellano. Toda mi trayectoria como estudiante universitario en la UB había sido con todas las asignaturas en castellano. Luego, di clases de historia durante muchísimos años en la facultad de Comunicación, se introdujo una historia contemporánea de Catalunya, y naturalmente yo empecé a explicarla en catalán. No hubo ningún problema, y así hasta hoy.

¿Y cuándo llega algún alumno o alumna de fuera?

–En las asignaturas de grado como mucho me ha aparecido alguna persona, y le he indicado un manual de la asignatura escrito en castellano, para mayor comodidad sin el esfuerzo de estudiar un volumen en una lengua que se desconoce. Por lo demás, yo no he tenido nunca ningún problema. En cambio, hace muchos años doy una asignatura de máster. Ahí son grupos mucho más pequeños, y en los últimos años tenemos alumnos asiáticos, chinos sobre todo, y latinoamericanos. Ahí debo confesarle que cuando el primer día yo empiezo a hablar en catalán, y cuando me dicen que no entienden, me he pasado al castellano. Si de siete, dos te dicen esto, sin cortarme las venas he hecho las clases en castellano y santas pascuas.

"Hace tiempo que sabemos que la inmersión aplicada al cien por cien en todos los centros escolares es un mito"

"Con independencia de lo que pase en las aulas, es imposible aislar a la población de Catalunya del castellano"


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