El sabor de la solidaridad

Tres voluntarios navarros de Zaporeak acaban de volver de Lesbos después de elaborar alrededor de 1.250 comidas diarias para los niños y mujeres refugiados del campamento de Moria.

09.02.2020 | 04:54
Los voluntarios que organizaron las comidas durante el primer mes.

Tres voluntarios navarros de Zaporeak acaban de volver de Lesbos después de elaborar alrededor de 1.250 comidas diarias para los niños y mujeres refugiados del campamento de Moria.

zaporeak vuelve a Grecia con un tercer proyecto después de llevar su ayuda humanitaria a Quíos y después a Atenas.

Después de varios meses buscando la mejor localización, este año se ha decidido colocar una cocina en Lesbos, y Xabier Zabaltza, Mikel Agirrezabal y Karmen Moreno son tres voluntarios de la ONG que han estado allí durante la colocación, que culminó con la puesta en marcha de las cocinas el 11 de febrero. Ellos acaban de regresar y allí les han tomado el relevo otros voluntarios. En total han pasado 21 días allí.

Hacer una comida digna para las personas es el Lema de Zaporeak. "Al principio, los que llevaban en las barcas, pasaban pocos días en los campos ya que pasaban enseguida al continente. Entonces no era muy complicado preparar el menú, porque aunque se repitiesen lentejas dos o tres veces a la semana, los comensales iban variando", destacó Zabaltza.

Cuando hace tres años Europa firmó con Turquía el popularmente conocido acuerdo de la vergüenza, los refugiados empezaron a alargar sus estancias en los campos debido a las trabas burocráticas que se encontraban a las puertas de Europa. "Con el acuerdo tuvimos que empezar a preparar unos menús más variados pero siempre teniendo de base que tenía que ser una comida digna y se tenía que hacer un reparto digno", subrayaron los voluntarios.

La jornada laboral de los voluntarios comienza a las 10.00 de la mañana. "A esa hora salimos de la casa donde nos alojamos y nos dirigimos a las cocinas que están a unos 3 kilómetros de la capital, Mitilene", confesó Zabaltza. Allí permanecen cocinando hasta la tarde.

Después se dirigen al campo de Moria, un antiguo campo militar habilitado como campo de refugiados. "Está habilitado para 2.500-3.000 personas pero en la actualidad acoge a unas 7.000", subrayó Agirrezabal.

un oasis de humanidad Al principio intentaron encontrar una manera de acceder dentro del campamento de Moria pero les fue imposible . "Empezamos a buscar otras vías y al final nos pusimos en contacto con la ONG danesa Team Humanity, que tiene unas naves a la entrada del campamento donde organizan actividades para mujeres y niños del campamento." y así consiguieron tener el punto de reparto a donde acuden a diario hacia las 19.00 de la tarde, al finalizar las actividades de la ONG danesa. "Repartimos alrededor de 1.250 comidas a mujeres y a niños. A los hombres no tenemos acceso pero pensamos que al volver al campamento compartirán la comida con el resto de su familia.

Por otro lado, destacaban que el contexto del reparto es muy importante. "La comunicación es complicada. Muy pocos hablan inglés y se emplea una comunicación básica como un abrazo o una mirada. Al fin y al cabo, intentamos crear un ambiente humano", manifestó Agirrezabal.

Por su parte, Karmen Moreno destacó que "hay refugiados que también nos vienen a echar una mano y también voluntarios de No Borders Kitchen". Además, confesaron que el reparto se da en un contexto tan humano y de tal complicidad porque se realiza fuera del campo. "Si el reparto se realizara dentro, la situación de peligro que se vive dentro no nos permitiría quizás desarrollar nuestra labor de esta manera y tener esa complicidad con la gente" confesaban los voluntarios.