Niños valientes contra el hermano Braulio

Tres víctimas y testigos de las fechorías en los 60 del hermano Braulio en Maristas se reencuentran para apoyar a Andoni, denunciante de sus abusos, y para constatar que las maldades que hacía ese profesor eran públicas y notorias.

09.02.2020 | 17:57
Eduardo, Andoni y Jesús (todos con sus nombres ficticios), en el encuentro con este periódico el pasado miércoles.

"Todavía hoy me resulta increíble aquello. Fuimos unos valientes". Lo que evoca Fernando, pamplonés de 63 años, en este encuentro con Andoni y Jesús (un nuevo testimonio que ofrece este periódico sobre los abusos en Maristas del hermano Braulio entre 1963 y 1968), no es otra cosa que la cita que mantuvieron en su día, cuando eran unos críos de 12 y 13 años, con el director del colegio, José Félix Arnáiz, al que fueron para decirle que estaban hasta el gorro de uno de los suyos. Jesús (nombre ficticio, como el del resto), de 64 años, quiere respaldar en estas líneas lo que sostuvo Fernando de aquella reunión y mostrar asimismo su apoyo a Andoni, que recientemente, tras conocerse que incluso Maristas expulsó a Braulio en 1968 y tuvo conocimiento de la denuncia de cuatro víctimas y de doce testigos (entre ellos Fernando y Jesús) que avalaban dichas conductas pedófilas reiteradas, denunció ante la Guardia Civil los abusos del exmarista, que vive en Burgos y siguió dedicado a la enseñanza, y a la institución por encubrimiento. Jesús, alumno del colegio desde 1960 hasta 1972, hombre recio, firme y extrovertido como quien ha tratado con mucho público en su vida, habla desde la emoción sentida cuando empezó a leer en este periódico lo que también había sido su pasado.

"La primera vez que vi que se denunciaba a Braulio pensé que ya era hora, que ya era hora de que algún valiente tuviera las narices de denunciar. Esa fue mi reacción. Yo lo estaba esperando porque aquel Braulio, que ahora me han dicho que vive (y ejerció durante años la enseñanza en Burgos), se dedicaba más a la indecencia que a la docencia. Lo hablo muchas veces con mi mujer. Lo que no puede ser es que la Iglesia española que ha sido de las peores y más pederastas de Europa, la que más ha metido mano, salga de rositas de todo esto y no se sonrojen públicamente. Esto era algo de dominio público pero tienen mucho poder".

El nuevo exalumno que se ofrece a hablar de aquello descubre a sus compañeros lo que durante años silenció "porque no se podía hablar de nada de esto, allí te trataban a hostias y a palos, así que como para cuestionarles": "Pero a mí Braulio también me lo hizo una vez. Estaba en clase, me llamó para corregir algo y, de repente, noté que me metía la mano por el bolsillo del pantalón y que me empezaba a tocar por delante y por detrás. Pegué un brinco y volví al pupitre. A él le cubría la mesa del profesor, que era maciza, y quizás por eso el resto no lo había visto, pero aquello se me quedó grabado". Y, a partir de entonces, ¿cómo se relacionó con él? "De ninguna manera. Huía de él. Aunque a algunos los tenía mártir. Lo que hacía era intentar sentarme lo más lejos posible de él en las excursiones", recuerda Jesús.

No tardaron mucho tiempo en unir fuerzas, madurar la situación y dar un paso al frente. "Tengo esa idea de haber ido a declarar ante el director Arnáiz, de estar en aquel despacho y, lo demás, es un recuerdo muy lejano", dice Jesús. "Joder, el resto me lo recordó Fernando. Fuimos cuatro compañeros, lo hicimos porque estábamos hartos de que nos castigara, nos pellizcara y de verle cómo actuaba. Y también fuimos porque no éramos personas domésticas y nos sublevábamos contra eso. Así que uno de lo que llevamos era una víctima propia, que sufrió múltiples tocamientos. Por ello, si nos cuestionaba algo, si nos decía que no teníamos pruebas, nuestro compañero podía hablar arropado por nosotros. Y lo hizo".

Para Jesús, mirado aquel episodio con la distancia y la perspectiva del tiempo, afrontar ese lance fue también motivo de represalia: "Conmigo se ensañaron. Se murió un familiar cercano y suspendí seis asignaturas en junio, cuando hasta entonces era buen alumno. Y después, en septiembre, recuperé las seis y aprobé dos de los tres grupos de reválida. Solo suspendí el de Letras, que lo suspendimos todos los presentados. Pero, cuando fui de nuevo a matricularme, no me dejaron porque decían que no podía. Cuál fue mi sorpresa cuando al resto les dejaron a todos apuntarse de nuevo y pasar de curso. Por eso digo que conmigo se ensañaron".

BRAULIO SIGUE VIVO

La "indecencia" de seguir en clase

Llega la hora de que sus exalumnos, víctimas hace décadas, opinen y valoren sobre el hecho de que a Braulio no se le apartara de la circulación y siguiera dentro de las aulas. "Ahora, este hombre puede pasar como alguien ejemplar, con prestigio, libros y conferencias. Pero para mí él era un indecente, metía mano en público a niños indefensos, y también lo fue Maristas por dejarlo suelto y desentenderse de él cuando sabían lo que hacía. Porque si con nosotros fue así, ¿cómo eran con los internos?", se pregunta ahora Andoni. Jesús dice que hace unos años, al ver una película de abusos en la Iglesia de Irlanda, "se me revolvieron muchas cosas". "Era la película de Los Niños de San Judas y le dije a mi mujer, joder, no hace falta irse tan lejos, solo hay que ir a Los Niños de Santa María la Real". Los tres coinciden en que este país no era un modelo de libertades y que ese modelo educativo represor condicionó buena parte de sus acciones. "Con la Iglesia no te podías meter antes, y casi ni ahora. Tienen mucho poder. Por eso, que Andoni llegue ahora a denunciar es para decirle que tiene mucho valor y que es una pena no haberlo hecho 20 años antes. Se merece todo nuestro apoyo hasta el final", concuerdan Fernando y Jesús, al tiempo que Andoni se retira emocionado.