Rosa Cobo Teórica feminista y profesora

“La prostitución jamás puede considerarse un trabajo, es un modo de supervivencia”

El recién creado Movimiento Abolicionista de Euskal Herria ha celebrado sus primeras jornadas con la conferencia inaugural de Rosa Cobo, autora de ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’

10.02.2020 | 07:32
Rosa Cobo.

donostia - Tan convencida está de que abolir la prostitución es la única forma de erradicar la injusticia que viven las mujeres condenadas a ejercerla que a esta lucha dedica gran parte de sus desvelos. Rosa Cobo argumenta con razones de peso a quienes hablan del libre albedrío de las mujeres y, por lo tanto, defienden la legalización. "La libertad no se desarrolla cuando su espacio es el de la vulnerabilidad, la pobreza y la falta de oportunidades", argumenta la activista, que pone como ejemplo los atropellos sucedidos en países que han optado por legitimar este negocio como Alemania, donde hay burdeles que ofrecen tarifas planas a los puteros.

¿Como valora la creación del Movimiento Abolicionista de Euskal Herria?

-Es una alegría para mí que estoy tan comprometida con la investigación y la lucha a favor del abolicionismo. Es un dato más de que la conciencia crítica abolicionista está creciendo.

Además de con la prostitución pretende acabar con la pornografía y los vientres de alquiler.

-La pornografía se ha convertido en una instancia fundamental de educación sexual, todos los puteros reconocen que han visto mucha pornografía antes de acudir a la prostitución. Hay un hilo directo. El capitalismo neoliberal ha hecho de la prostitución, de la pornografía y de los vientres de alquiler, tres fenómenos que objetualizan, cosifican y mercantilizan los cuerpos de las mujeres, nichos de mercado muy importantes.

La edad de los puteros cada vez es menor. ¿Se puede relacionar con el consumo de la pornografía?

-Está vinculado a la pornografía pero también al proceso de normalización de la prostitución, que envía a los hombres el mensaje de que no está mal. Se ha creado un discurso en el que la prostitución es el resultado de un contrato libre firmado entre dos partes iguales y, por lo tanto, un acto de consumo: los fines de semana se van a la prostitución con el mismo espíritu con el que yo iría a cenar.

Los hombres del Estado son los terceros consumidores del mundo.

-Sí, es terrorífico. De cada diez españoles cuatro acuden a la prostitución. Y eso que aquí no está reglamentada, porque la legalización va acompañada por una subida en la tasa de los demandantes. El problema no es solo que acudan a la prostitución, sino que configuran un imaginario por el cual todas las mujeres somos prostituibles.

¿Que la mujer sea objeto de consumo ha conllevado que el deseo sexual de un hombre sea considerado un derecho?

-Quizás sea al revés. Aunque nunca está claro qué fue primero, si el huevo o las gallinas. La prostitución y la pornografía existen porque los varones tienen interiorizado "el derecho natural a acceder al cuerpo de las mujeres". Con la conversión de la prostitución, de pequeños negocios sin impacto económico a esta industria global de explotación sexual que funciona como una multinacional, los hombres van asentando la idea de que es un derecho como otro.

La OMS asegura que el 90% de las mujeres prostituidas proviene de la trata con fines de explotación sexual. ¿Diferenciar la prostitución y la trata es un error?

-El lobby de la explotación sexual quiere hacer una distinción, señalando que la prostitución es aceptable y que hay legalizarla, mientras que la trata es mala porque nace de la coacción y hay que prohibirla. La trata existe porque la demanda ha crecido tanto que se necesitan mecanismos para abastecer al mercado de la explotación sexual. Hay muchas que son víctimas de trata y otras muchas que son engañadas tras aprovecharse de su extraordinaria vulnerabilidad.

La procedencia de las víctimas de trata siempre es la misma.

-Países como Rumanía, Nigeria, Tailandia, Camboya, Colombia, México? han hecho de la industria de la explotación sexual una estrategia de desarrollo. Es una elección muy consciente de esos países para que luego estas mujeres envíen remesas y se conviertan en un balón de oxígeno para sus economías. Para convencerlas se les dice que en dos años van a tener suficiente dinero para volver a su país, comprar una casa y tener una vida como la que tenemos tú o yo.

Dentro del feminismo hay una corriente que defiende que la regulación de la prostitución favorecería la protección de las mujeres. ¿Qué opina al respecto?

-Opino lo que se está viendo. Estudios en Holanda y en Alemania, dos países que tienen reglamentada la prostitución, indican que la vulnerabilidad de las mujeres ha crecido. ¿Podemos olvidar tarifas planas de 50 euros por las que alemanes acuden a los burdeles a comerse unas salchichas, tomarse una cerveza y acceder a todas las mujeres que están ahí? Todas las investigaciones están poniendo de manifiesto que esto hay que pararlo.

Entonces está ocurriendo justo lo contrario de lo que se pretendía.

-En los países en los que se legaliza la prostitución el bienestar de las mujeres se ha reducido. Si empresarios legales no hacen un contrato a sus trabajadores, ¿qué contrato se les puede hacer a las mujeres que están en prostitución? ¿Se les van a pagar horas extras cuando tienen que estar todo el día ahí? ¿Cuanto estipularán que vale una mamada o una penetración anal? Carece de sentido.

¿Y está funcionando el modelo abolicionista de países como Suecia?

-La prostitución se ha reducido de una manera drástica. El modelo abolicionista nórdico considera que hay que ilegalizar la industria, que ha desaparecido; que hay que sancionar a los puteros, que ya no contemplan la prostitución como una práctica habitual y legítima; y que las mujeres que están en prostitución no deben ser penalizadas. ¿Hay bolsas de prostitución? Sí, pero no tiene nada que ver con lo que había previamente. La prostitución jamás puede ser considerado un trabajo, es un modo de supervivencia al que acuden las mujeres que no tienen más que su propio cuerpo para poder sobrevivir.

Hay quien ampara su defensa a favor de la legalización en la libertad de las mujeres para ejercer la prostitución.

-La libertad no se desarrolla cuando su espacio es el de la vulnerabilidad, la pobreza y la falta de oportunidades. Quienes tenemos una posición crítica con la prostitución no queremos criminalizar a las mujeres, sino hacer un análisis político y crítico de la institución que tiene un carácter fundacional para el patriarcado.

¿Sirve la abolición de la prostitución en un país cuando en el resto del mundo el turismo sexual sigue moviendo tanta gente?

-Si no se producen políticas abolicionistas ni va a aumentar la conciencia crítica, ni se va a configurar como una alternativa política. Cada vez hay más países que contemplan políticas abolicionistas. Se puede poner el foco en las agencias de viajes que están orientadas al turismo de explotación sexual, pero también sobre los puteros que van a Camboya porque el acceso a las niñas es muy fácil.

¿Afecta al abolicionismo el hecho de que la realidad de las mujeres que ejercen la prostitución esté invisibilizada?

-Sí, aunque el abolicionismo está creciendo en todo el mundo, y de manera significativa en el Estado español. El movimiento ha visibilizado la industria criminal que hay detrás pero también a los puteros que consideran que acceder al cuerpo de mujeres vulnerables es un derecho. La principal aportación del abolicionismo ha sido identificar el sufrimiento, el dolor y la violencia a la que están expuestas las mujeres que están en prostitución.

¿Por dónde se puede empezar?

-Habría que ilegalizar la industria, criminalizarla, multar a los puteros y con ese dinero y otra parte que tendría que poner el Estado se debería hacer una bolsa para las mujeres que están en prostitución. La solidaridad es fundamental porque erosiona el estigma y también lo son las políticas públicas de igualdad para aquellas mujeres que quieren otro modo para poder vivir: Alternativas habitacionales, apoyo psicológico, formación profesional...