"Todo homenaje es un gracias"

La Federación de Ikastolas reconocerá el trabajo de Daniel López en la difusión del euskera en la Ribera A su juicio, "falta mucha sensibilidad"en quien dice que "no tengo simpatía por el euskera"

10.02.2020 | 08:44
Daniel López, en el kiosko de la plaza de Los Fueros de Tudela.

TUDELA- Trabajador infatigable por la difusión del euskera en la Ribera y de la propia Ribera dentro de Euskal Herria, Daniel López, que recibirá un homenaje de la Federación de Ikastola, es uno de los rostros más habituales en decenas de colectivos de la capital ribera. Este profesor ablitero, afincado en Tudela desde hace años, recibe con cierta perplejidad la noticia de que será homenajeado en el Nafarroa Oinez, una fiesta por la que, como padre y euskaltzale, por la que tanto ha trabajado. "Todo homenaje es como un abrazo, un gracias que alguien te da y es emotivo, muy emotivo, aunque no sé muy bien por qué este homenaje. No sé en qué se concreta. No sé si será por hacer de Olentzero, por tener a los tres hijos en la ikastola (en esta situación hay muchos padres y madres y tendríamos que estar todos en el escenario) o por estar hasta el último día de la vejez trabajando por el Nafarroa Oinez". López reconoce que al euskera en la Ribera "se le ve muy lejos y distante" y quizás sea por desconocimiento. "Ven más útil el inglés. Falta esa conexión con todo lo que es la navarridad entera. No saben que una gran parte de Navarra sea vasca, ni gran cantidad de palabras, o que sus apellidos provengan de esta lengua... o nombres como Javier. Sería bonito que tuvieran ese orgullo, lo mismo que la gente lo tiene por una religión muy antigua, de hace 2.000 años, como el cristianismo". En este sentido reconoce que existe un gran desconocimiento y falta de sensibilidad, "me he encontrado a veces a algunos concejales o concejalas que me dicen qué voy a hacer yo, si no siento simpatía por el euskera . Eso es muy fuerte, falta mucha sensibilidad", apunta. En este sentido llama la atención sobre quienes señalan "nunca se ha hablado aquí" porque "no tenemos datos, no lo podemos decir, desconocemos mucho y hay que ser más humildes" y pide para esta lengua el mismo reconocimiento aquí que el que se le da en Europa, donde, en ocasiones, es más apreciado que en su propia cuna. "El euskera lo tenemos al lado y por lo menos hemos de llevarnos bien con los vecinos, como con Francia. Disfrutemos el euskera como lo hacen en Europa, donde algunos alemanes dicen que debería ser obligatorio en Europa".

BIOGRAFÍA Muy joven, Daniel se marchó hasta Loiola, donde ingresó interno en un colegio de Jesuitas y acabó viviendo y estudiando en Bilbao para ser sacerdote, una vocación que luego abandonaría. Allí se convenció de que debía conocer y estudiar esta lengua. "Había conciencia de conocer el euskera por la represión franquista, pero no como en los caseríos. Pero había un gran impulso por recuperarlo. Me fui de jesuita a los 18 años y había algunos que se iban de voluntarios a Venezuela, a la India, a África y tenían claro que debían aprender los idiomas de esos sitios. Nosotros, al quedarnos en Bilbao dijimos tenemos que aprender euskera y nos lo propusimos. Nos fuimos a vivir a un barrio de Bilbao y así lo hicimos. Eran años hermosos e intensos con las canciones de Laboa. Luego dejé el mundo de los Jesuitas y me vine a la ikastola de Estella". En aquella nueva fase de su vida aprendió nuevas formas de educación y de enseñanza de euskera. "Era una ikastola modélica, logró que los niños hablaran euskera por la calle, algo que otros no conseguían en Gipuzkoa, Iparralde y Bizkaia. En esta segunda etapa llegué de profesor, con un trabajo muy implicado con una seña de identidad que era la implicación de los padres en la educación y me pusieron de subdirector. Había una implicación entonces que no era normal en los colegios. Así unos años hasta que me eché novia, me casé y al año pasé a otra etapa de mi vida, ya en Tudela, con el rol de padre. Volví hacia el año 1990". En aquella Tudela la recién nacida ikastola Argia apenas contaba con 5 años de edad y a Daniel López aquella experiencia le llamó la atención y se unió a ella. "Los padres que empezaron con la ikastola en 1984 fueron rompedores. Era gente valiente que arriesgaban. Algunos, los primeros años, decían que había que tener fe para dejar al hijo en un chamizo para que te lo educaran y luego irte a casa. Mi hijo entró en la sexta promoción". Tras esos 35 años, asegura que el euskera "ha ido calando. Se pueden citar cuatro pilares con fuerza, personalidad y ya implantadas en la Ribera. La ikastola, el Modelo A, AEK (tiene unos 80 alumnos) y la Escuela de Idiomas. Respecto al Modelo A, la gente no lo sabe pero casi 1.000 alumnos estudian euskera en el modelo A, en Tudela, Cascante (más de 100), Castejón, Ablitas... Pero deberíamos reflexionar respecto a la enseñanza privada religiosa, Anunciata, Compañía de María o Jesuitas porque ni ofertan ni les interesa impartir euskera".