Mujer y confinada: un estudio visibiliza la realidad femenina de la pandemia con 51 testimonios

Las participantes son mujeres en situación de teletrabajo o autónomas, migrantes, mayores de 65 años o víctimas de violencia machista

02.02.2021 | 18:57
La directora gerente del INAI / NABI, Eva Istúriz; el vicepresidente Remírez; y la autora del estudio, Sara Ibarrola

El Gobierno de Navarra, a través del Instituto Navarro para la Igualdad (INAI), ha promovido un estudio que visibiliza las experiencias y testimonios de 51 mujeres durante el confinamiento domiciliario del pasado año con motivo del Covid-19.

El estudio, en su versión impresa y audiovisual, muestra las diferentes realidades de las mujeres participantes y conforma una historia común e interrelacionada que sirve como referente para otras mujeres y contribuye a la memoria feminista.

La versión impresa estará disponible en la web 'www.igualdadnavarra.es' y se difundirá entre los departamentos del Gobierno de Navarra, entidades locales y entidades de iniciativa social. Por su parte, la audiovisual se proyectará en las casas de cultura de los distintos ayuntamientos, con el fin de invitar al debate y recoger las vivencias de las mujeres que hayan podido darse en las diferentes localidades navarras.

El estudio ha sido presentado este martes por el consejero de Presidencia, Igualdad, Función Pública e Interior, Javier Remírez; la directora gerente del INAI/NABI, Eva Istúriz; y la autora del mismo, Sara Ibarrola.



El consejero Remírez ha señalado que en la acción de Gobierno "no puede olvidarse nunca la perspectiva de género, ya que la lucha contra la desigualdad se gana cada día". "Este estudio revela la necesidad de seguir reforzando las políticas de conciliación en las que el Ejecutivo foral ya viene trabajando con líneas de ayudas y deducciones para la contratación de personal cuidador, ayudas para excedencia, etc.", ha indicado.

Además, ha resaltado que el futuro Plan de Empleo "incluirá una mirada muy importante al empleo femenino y se tendrá muy en cuenta la situación laboral de las mujeres, dando la importancia que merece a la brecha existente en material de temporalidad y precariedad".

Por su parte, la directora gerente del INAI/NABI, Eva Istúriz, ha destacado que "el estudio incorpora una mirada concreta, la de las mujeres que han estado confinadas en Navarra y que han vivido realidades muy diversas". "A nivel cualitativo, genera un nuevo conocimiento, una vía de aprendizaje que complementa y enriquece la información cuantitativa y de datos estadísticos sobre el impacto del Covid-19", ha explicado.

ENTREVISTAS GRUPALES Y REALIDADES COMPARTIDAS

La metodología utilizada para el estudio ha sido la técnica de la entrevista grupal y el testimonio individual de cada una de las 51 mujeres participantes que proceden de distintas zonas geográficas y distintos ámbitos sociales y laborales: las mujeres gitanas, mujeres migrantes y que realizan trabajos de cuidados, mujeres autónomas, mujeres en situación de teletrabajo, mujeres al cuidado de menores y mujeres mayores de 65 años. También se incluyen los testimonios de las mujeres que vivieron una situación de violencia de género, la de aquellas con menores con discapacidad o mujeres al frente de hogares monomarentales, entre otras.


 

Como recoge el estudio, desde los Equipos de Atención Integral a Víctimas de la Violencia de Género en Navarra se afirma que, durante el confinamiento, las mujeres víctimas de violencia de género relataban que estaban más controladas, desautorizadas, aisladas o supervisadas mediante el móvil y que se intensificó el miedo, la tristeza, la apatía, la ansiedad o las dificultades para conciliar el sueño. Además, añaden, que para ellas fue reparador poder transmitir cómo vivieron esa situación. También se constató la situación de extrema dificultad de las mujeres que se encontraban en contextos de prostitución, para las que se habilitó dos recursos de alojamiento.

Asimismo, durante el confinamiento, las mujeres gitanas asumieron un papel protagonista y muy resolutivo en sus hogares, sacando adelante a las familias y garantizando la subsistencia de las mismas. Ellas, en colaboración con las asociaciones gitanas, se coordinaron con los servicios sociales de base y los centros educativos.

Las mujeres mayores de 65 años vivieron el confinamiento con miedo a contraer la enfermedad, a contagiar a otras personas y a fallecer. Ese miedo, junto con el aislamiento preventivo y el distanciamiento social propio del confinamiento, tuvo un impacto en su salud psicológica y emocional. Además, es común en muchos de los testimonios el dolor experimentado por la muerte de otras personas por el coronavirus. Como factor positivo, el estudio remarca que las relaciones entre las y los vecinos se vieron reforzadas y se desarrollaron numerosas iniciativas relacionadas con los cuidados a las personas más vulnerables.

En lo que respecta a la situación de las mujeres que teletrabajaron y con hijas e hijos menores de edad, los testimonios ponen de manifiesto que el trabajo doméstico y los cuidados han recaído en las mujeres. De esta forma, el teletrabajo no ha servido para repartir de forma más equitativa los cuidados y sí para añadir más carga de trabajo a las mujeres, con el consiguiente incremento de sus riesgos psicosociales y su malestar.

El estudio también se centra en la situación de las mujeres autónomas o al frente de pequeños negocios que, en términos generales, afirman haber vivido el confinamiento "con incertidumbre". Se trata de mujeres que desarrollan su actividad en gestión de eventos, entretenimiento, restaurantes, bares, peluquerías o tiendas de ropa y productos de decoración, negocios que cesaron su actividad de forma repentina cuando se decretó el estado de alarma en marzo del pasado año.
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