Bruselas - Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, ha amenazado a sus socios del Partido Popular Europeo con la creación de un nuevo partido político a nivel comunitario si "no son capaces de cambiar de rumbo". El próximo movimiento corresponde a Donald Tusk, líder de la formación europea de centroderecha, que deberá tomar una decisión definitiva sobre la suspensión del Fidesz, el partido de Orbán, este mismo mes. Viktor Orbán ha sido el primero en jugar sus cartas. El enfant terrible de la política europea y primer ministro de Hungría ha amenazado al Partido Popular Europeo (PPE) con fundar una "nueva iniciativa (?) una nueva dirección" en el tablero político comunitario si la formación mayoritaria en la Unión Europea "no es capaz de cambiar de rumbo". El líder del iliberalismo europeo se adelanta así a la decisión que su matriz europea deberá adoptar este mes, poner fin a la membresía de Fidesz (el partido que dirige el jefe del Gobierno en Hungría) del grupo democristiano y deshacerse de uno de sus activos, si no importante al menos numeroso, en el Parlamento Europeo.

"Si no podemos lograr este cambio dentro del Partido Popular, entonces presentaremos una nueva iniciativa en la vida de los partidos europeos, porque necesitamos crear un contrapeso al auge del movimiento de Macron", señaló el primer ministro húngaro durante una rueda de prensa este jueves en Budapest, según recoge la agencia de noticias Reuters. Orbán critica el supuesto giro liberal de su formación y lo achaca al crecimiento de Renew Europe, el grupo fundado por Emmanuel Macron, que se ha erigido como tercera fuerza política en el hemiciclo comunitario con una agenda liberal-centrista.

'GRUPO DE SABIOS' Donald Tusk, expresidente del Consejo Europeo y actual líder de la democracia cristiana europea, es ahora quien está llamado a realizar un movimiento. El político polaco ya anunció, tras su nombramiento en el cargo el pasado mes de diciembre, la creación de un grupo de sabios que analizará la situación del Fidesz en Hungría y decidirá si otorga un carácter permanente a la suspensión del partido de Orbán. Su suspensión con "efecto inmediato" se produjo el pasado mes de marzo y retiró el derecho a voto, de proposición de miembros y de asistencia a las reuniones del partido, a los miembros de la formación húngara. La decisión, ratificada por el entonces presidente del PPE Joseph Daul, fue la respuesta a la campaña orquestada por Viktor Orbán y su partido en su país de origen.

Con fondos públicos, el Gobierno autoritario de Budapest lanzó una campaña de difamación contra Jean-Claude Juncker, ex presidente de la Comisión y colega del PPE, y contra George Soros, el empresario y filántropo húngaro. "Quieren introducir cuotas obligatorias de reasentamiento, quieren debilitar el derecho de los Estados miembros a la protección de sus fronteras, facilitarán la inmigración con visas de migrantes", rezaban algunos de los mensajes en línea con su pensamiento xenófobo y antiinmigración.

Una campaña que fue contrarrestada desde Bruselas y a la que también se opone la nueva directiva popular. "No podemos regalar la esfera de seguridad y orden a los populistas políticos, manipuladores y autócratas, que hacen creer a la gente que la libertad no puede conciliarse con la seguridad, proteger nuestras fronteras con la democracia liberal y el Gobierno efectivo con el Estado de Derecho", esgrimió con contundencia Tusk en su discurso de investidura, un mensaje claramente dirigido a Budapest.

El principal problema para el político polaco es la dimensión del Fidesz dentro del propio PPE. Pese a no representar una corriente ideológica mayoritaria en este heterogéneo grupo, donde conviven liberales, democristianos y conservadores, la húngara es la segunda delegación más nutrida -con trece eurodiputados- de populares en el hemiciclo comunitario, solo por detrás de la coalición formada por la CDU-CSU alemanas, la formación que dirige Angela Merkel.