El punto de fuga, danzando en la mar, tan evocador en un enero sin invierno, el sol que dejó de ser tenue, el cielo de cristal azul, servía para edulcorar la fuga, en la que Iñigo Elosegui y Gorka Sorarrain disfrutaban. El de Zierbena buscaba el reencuentro con el ciclista que emocionó en aficionados y que en el Movistar, astillado por problemas de salud, jamás se reconoció.

De regreso al Kern Pharma, en cuyo filial, el Lizarte, se crio, Elosegui trata de rehabilitarse. Sorarrain, que jugó al baloncesto y dejó el rodillo para adentrarse en el pelotón aficionado y después se hizo profesional tardío en el Caja Rural tras una de esas historias de superación, extraña por inusual e inspiradora, bamboleaba felicidad por un recorrido de pequeñas cotas, algún puerto y costa.

De la cordada de siete ciclistas que cortaron el hilo del pelotón, Manuele Tarozzi y Alessandro Tonelli, dos italianos del Bardiani, se reivindicaron en la ascensión a Desert de Les Palmes, el mentón elevado del primer día de la Volta a la Comunitat Valenciana.

Como un reguero de pólvora, quemaron al resto de piernas amigas en la ascensión. Lo suyo fue un chupinazo que estalló en Castellón. Le dieron fuego a la carrera. Quemaron a los equipos del WorldTour como si se trataran de ninots. Retumbó el triunfo de Tonelli, que no había vencido desde 2018, en Croacia.

Su compañero, Tarozzi, tampoco era un habitual de los sorbos de champán. El único logro se sitúa en el Tour de Ruanda. Dos anónimos, secundarios, se llevaron los vítores, los aplausos y el derecho a soñar. La rebelión de los descamisados. Los parias de la tierra. Fue la victoria tan inesperada, que a punto estuvo de enmadejarse.

Lío en el final

Cabalgaban ambos con el poso de la felicidad cuando en una rotonda se liaron, pero no se enredaron entre las indicaciones y una cinta de esas de no pasar. Tonelli, con la cabeza enroscada en el manillar, no percibió la señalización y otorgó cierto suspense a la trama. No tardó en conectar con Tarozzi, que no se equivocó tanto.

Corregidos a tiempos, ambos se personaron en Castellón con las sonrisas decorándoles el rostro. Eufóricos. Éxtasis en el Bardiani. Tonelli dedicó al victoria a Tarozzi y este repitió el gesto. Doblete. Líder Tonelli.

Oier Lazkano, en el podio. Movistar / Getty

Un minuto después asomó la estampa imponente de Oier Lazkano, que ganó un racimo de segundos respecto al grupo de favoritos. El alavés repuntó en el final y se coló tercero en el podio en la jornada inaugural de la prueba.

El intento de Mohoric

Apelmazadas aún las piernas, un punto oxidadas, le costó al Bahrain de Pello Bilbao, que se dejó más de 1:30 con el dueto italiano, poner cierto orden y cordura. En el descenso del Desert de Les Palmes se desató Matej Mohoric, el hombre que conquistó una Milán-San Remo con aquella ocurrencia de la tija telescópica. El esloveno bajó el centro de gravedad y se lanzó como un kamikaze para entrar en la historia de la Classicissima.

En la bajada del puerto, trazó Mohoric como un piloto de MotoGP. Hizo un picado. Halcón peregrino en busca de sus presas, la estela de Tarozzi y Tonelli, que no podían limar del modo en que lo hacia el esloveno, uno de los ciclistas más hábiles del mundo cuando se trata de descender.

Resistencia de los italianos

El dúo italiano agonizaba en cada relevo, pero el tiempo acumulado en la fuga les cobijaba. Hablaban con el codo y musitaban entre dientes. Maldecían la persecución de Mohoric. El diablo sobre ruedas. Un thriller sobre la carretera.

Los muchachos del Bardiani no se encogieron aunque arrugaron las narices, chatas por el esfuerzo. Fijada la diferencia por encima del minuto, acompasaron la respiración. Rítmicos, sin oscilaciones. Metrónomo. Un tic para Tarozzi y un tac para Tonelli.

Oier Lazkano era un reloj, todo para él, el tic y el tac. El engranaje perfecto. Sucedió que el alavés se dio cuerda con retraso. Eso le penalizó. La victoria se le escurría como los granos de arena que gotean en un reloj de arena.

Ante la pereza de los equipos dominantes y que intimidan, tan convencidos de sus cálculos, se impuso la locura de lo imposible, el fuego de la ilusión y el verde de la esperanza. La mejor victoria siempre es la de los vencidos. Lo eran Tonelli y Tarozzi, que estallaron de dicha en Castellón. La mascletá del Bardiani.

Volta a la C. Valenciana

Primera etapa

1. Alessandro Tonelli (Bardiani) 4h04:34

2. Manuele Tarozzi (Bardiani) m.t.

3. Oier Lazkano (Movistar) a 1:09


General

1. Alessandro Tonelli (Bardiani) 4h04:22

2. Manuele Tarozzi (Bardiani) a 3’’

3. Oier Lazkano (Movistar) a 1:17