La dictadura PogacarEfe
Cuando decidieron los dioses esculpir montañas, tallarlas y decorar los paisajes con ellas, se entretuvieron con Suiza, donde las cordilleras perfilan la personalidad del país.
También la banca, sus secretos, la neutralidad, a veces, y la manufactura relojera contribuyen a darle identidad al país.
Tadej Pogacar, campeón del Tour de Romandía semanas atrás, estiró su idilio con el país helvético coronándose en el Tour de Suiza. Sobran montañas en la opulenta Suiza, verdes los valles, idílicos, bucólicos y pastoriles los paisajes.
Pinzaba el calor, exorbitante, canicular, en el encuentro del esloveno con las alturas de la carrera. Después de su estrafalaria exhibición en la jornada inaugural, donde se escapó a 70 kilómetros de la llegada para evidenciar que no pertenece a la misma especie del resto y dejar sentenciada la carrera, y de batir por apenas unas centésimas a Van der Poel en la crono individual, el esloveno, maillot abierto, acalorado, repasaba en tercera convocatoria el Col de la Croix, un calvario de 19,1 kilómetros al 7%, para encaramarse a los más alto. Otra vez.
El puerto era una saeta, una pena, que tuvieron que reptar en su totalidad en dos ocasiones, casi 40 kilómetros de subida, y que en inicio del día aportó un pico de 4 kilómetros.
En el desenlace, en Villars-sur-Ollon, a mitad de la mole, aguardaba la clausura y la certeza de que Pogacar celebraría su tercera victoria de etapa en una carrera de cinco días.
Para la ocasión, el esloveno, que descontó a Lenny Martinez, el último hombre en pie de la fuga, optó por chocar las manos de los aficionados mientras se encaminaba o otro laurel. Estrella del rock. Ídolo y fans.
Pogacar, vencedor, con Carapaz, segundo, y Vacek, tercero, en el podio del Tour de Suiza.
La mejor forma de encarar un Tour que lleva su nombre impreso salvo suceso extraordinario. Pogacar compite contra sí mismo. Pedalea en otra dimensión.
El esloveno mágico, que se disparó un buen día en plena pandemia al cielo y continúa en órbita, cada vez más arriba, como un cometa sin hilo que le una a la tierra, sumó su 13ª victoria en 16 días de competición.
La alucinación que le conduce a un total de 119 triunfos. Museístico su palmarés. Posó en el podio final con Carapaz, a 6:32 del genio, y Vacek, a 6:53. Unas distancias estratosféricas. Aviso a navegantes de cara al Tour que viene.
Alex Aranburu, podio en Bélgica
Aunque no pudo retener el liderato en la jornada final del Baloise Belgium Tour, Alex Aranburu, que venció la tercera etapa de la carrera, remató la competición en el podio. Finalmente, Jasper Philipsen se hizo con la victoria definitiva de la cita belga en la que el ciclista de Ezkio mostró un gran nivel a dos semanas del Tour.
Escapada de calidad
Una fuga con Lenny Martinez, Mollema, Quintana, Fisher-Black, Vervaeke, Schmid y Gaffuri y Lemmen desafió el poder establecido en una travesía de sombras cortas, duras, recortadas. Pogacar, abrochado por sus coraceros, no se aceleró. Se hamacó en la suficiencia. Por delante, Lemmen convocó a Lenny Martinez y Nairo Quintana.
Un viaje a lo imposible cuando Pogacar decidió que quería huir del calor que le crepitaba en los adentros. Incandescente, el esloveno mágico, se agitó.
Se desprendió de inmediato Carapaz. Estaba en guerra el esloveno, cuyo mayor enemigo era el calor, enajenante, más propio de los días bochornosos del julio francés.
Martinez, ligero, alado, colibrí, mantenía el decoro mientras Pogacar recogía las cenizas de los fugados. De amarillo, al sol, Pogacar desvencijó a Quintana y después descascarilló a Lemmen.
El monólogo del esloveno, el tedio del que siempre vence, al que nadie se le aproxima sin quemarse, continuaba montaña arriba. Lo que para el resto era agotamiento y sufrimiento, para el campeón del Mundo, el metahumano, era rodar en llano o cuesta abajo.
Tour de Suiza
Quinta y última etapa
1. Tadej Pogacar (UAE) 4h12:24
2. Lenny Martinez (Bahrain) a 7’’
3. Bart Lemmen (Visma) a 1:33
General final
1. Tadej Pogacar (UAE) 15h08:23
2. Richard Carapaz (Education First) a 6:32
3. Mathias Vacek (Lidl) a 6:53
Nada es capaz de humanizar a Pogacar, el número 1 impreso sobre un fondo dorado, el color de los lingotes de oro. Macizo. A Martinez, conmovedor, se le fue mudando el gesto a medida que el Caníbal de esta era le enfocaba. El francés, cadena al cuello, bamboleante, rechinaba dolor. Los dientes, apretados.
Tortuosa estampa. Pogacar, el vaivén de hombros rítmico, como el balanceo de una barca en un mar en calma, se posó sobre la espalda del galo a falta de mil metros para pasear su superioridad.
Anulada cualquier emoción e incertidumbre. Cumplido el expediente de siempre. Lo ordinario de lo extraordinario. La dictadura Pogacar.