AHORA les llaman monólogos a lo que hacían Gila, Fofó o Toni Leblanc. Un hombre frente a la cámara: un espectáculo que buscaba el equilibrio imperfecto entre la habilidad para enlazar retales absurdos y la fragilidad del mismo a punto siempre de hacer el ridículo. El humor en TV es género con tradición. No hace mucho murió Antonio Ozores que inventó el chiste ininteligible. Ahora, la tele del Siglo XXI sigue apostando por el humor, aunque en algunas cadenas como ETB 2 esté de capa caída. No hay más que ver Vaya Semanita para comprobar que van perdiendo quilates en cada temporada. El humor no es nada si no va contra lo cotidiano que es la verdad absoluta. Y no hablemos ya de esos programas como El club del chiste, de Antena 3, donde cada día se adaptan los mismos chistes de toda la vida. Me refiero más bien, a que algunas cadenas apuesten por hacer del humor la piedra angular de su programación. Ahí está La Sexta. Una cadena cuyo director general es un payaso, Miliquito. Este hombre que ha crecido con la tortura del Hola don Pepito, hola don José a todas horas. Posiblemente hubiera preferido hacer una televisión más seria: mezclar la seriedad descojonante de las entrevistas que hace Gabilondo en CNN+ y aquellas guindas casposas con las que José María Carrascal cerraba los telediarios. El humor de la tele tiene en la repetición uno de sus recursos más utilizados. Buenafuente, habla todos los días de la nariz de Berto y éste de su cabezota, Wyoming menciona a diario la audiencia de El Hormiguero; Sé lo que hicisteis es un compendio de meterse unos con otros. Y Beatriz Montañez de El intermedio cuando va a dar la dirección de Internet con la que echar unas risas con la Cope, dice: doble uve, doble v, doble v punto juiciofinalcuantoantespuntocom. Ya ven, el humor en televisión tiene marca de güisqui o ¿verán doble?
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