La luminosidad es la característica destacada de la pintura de Juan Carlos Lázaro que ha reunido una muestra titulada Universo silente que estará en el Gustavo de Maeztu hasta el 24 de septiembre. Un creador muy sensible ante el poder comunicador de la pintura y para descubrir distintas formas de entender las cualidades pictóricas de los objetos y la luz. Un propuesta veraniega “llena de luz y color” aseguró Camino Paredes, directora del museo estellés, que mostrará una recopilación de 50 obras de varias etapas del pintor extremeño, quien plasma e interpreta la realidad a través de la incidencia de la luz que modifica e interfiere en el significado de los objetos, los retratos y los paisajes. 

Y es que la pintura de Juan Carlos Lázaro fue evolucionando hacia la sencillez más absoluta representada por la presencia cegadora de la luz que lo invade todo; que todo lo transforma o que todo lo oculta; salvo la pertinaz persistencia de lo esencial.

 “Es uno de los pocos artistas que logra conciliarnos con el placer de la pura y simple contemplación. Su pintura nos sitúa en el punto al que llega el verdadero arte. Las formas parecen desvanecerse, con leves evocaciones en las que aparece el objeto recreado alcanzando las formas un alto grado de abstracción”, aseguró Paredes.

“Así, percibimos como los objetos en sus obras, adquieren un valor absolutamente nuevo y revelador de lo que aspira a alcanzar el verdadero y mejor arte, el significado espiritual. Se refiere, al hecho de hacernos ver algo más allá que lo racionalmente cognoscible”, aseguró, Silvia Corrales desde el Gustavo de Maeztu.

La exposición recoge obras de las tres etapas que ha transitado el artista. Una primera que iría desde 1995 a 2005 donde se pueden ver influencias de pintores como Saura, y donde los objetos que se plasman en los cuadros son tan luminosos “que están casi a punto de desaparecer”, aseguró el propio Lázaro. Una circunstancia que llevó al autor a una evolución “ante la llegada de la nada, del cuadro en blanco y lo siguiente era no pintar”. Llegó el momento de “recular” y desde 2006 hasta 2012 trabajó sobre otras maneras de dejar pistas sensoriales más visibles en los cuadros. Desde 2013 a 2016 aparecieron las obras más visibles. Un periodo que dio paso desde 2017 a la actualidad, en el que se alternan la presencia de objetos y rostros con el abismo de la nada. Una evolución que tiene mucho que ver con sus influencia desde el dramatismo del expresionismo figurativo, pasando por la fría geometría, hasta su vuelta hacia el silencio del dibujo actual, en el que siguen concretándose sensorialmente los objetos aún más. Desde 2017 hasta la actualidad, ha habido una alternancia de obras que encajan en los periodos anteriormente mencionados, aunque entre los años 2020 y 2023, las obras se encuentran más próximas al periodo intermedio”.

 El artista destaca de su trayectoria en tres etapas. A finales de 1987 se sintió atraído por el expresionismo figurativo, contenido y dramático. En 1991, dio un giro a su obra, convirtiéndola en más fría, geométrica y planificada con anterioridad. En 1995, llegó su última etapa, etapa de pinturas y dibujos, solos y en silencio, donde se encuentra en la actualidad. “La luz se me coló dentro desde mi infancia en un pueblo blanco y luminoso que me ayuda a dejar a la pintura en silencio y las imágenes en retirada para que entren en diálogo”, aseguró Lázaro. 

La presentación contó con la presencia de Marta Ruiz de Alda, la nueva alcaldesa de Estella-Lizarra protagonizó su apoyo al museo como simboliza “el compromiso de nuestro Ayuntamiento con el arte y la cultura que convierta a nuestra ciudad en Estrella del Camino”, finalizó Ruiz de Alda.