Antes de 'atacar' el nuevo disco y el concierto que ofrecerás el sábado en Villava, y para dejar clara tu visión de la jugada, haz un pequeño resumen cronológico de los acontecimientos que desembocaron en tu marcha de La Fuga y la creación de Rulo y La Contrabanda.

-En los dos últimos años de La Fuga, dos personas del grupo íbamos por un lado, y las otras dos, por otro. Y cuando digo íbamos, no me refiero a viajar, sino a planteamientos básicos en lo que se refiere a ver el grupo e, incluso, a maneras de ver la vida. Estaba tan harto que, al final, decidí que me marchaba. Comenté en el seno del grupo lo que pasaba, no se quisieron solucionar algunas cosas y, además, se quiso cambiar una cosa básica en mi felicidad, el hecho de que yo siguiera siendo el compositor... Entiendo que haya gente que quiera hacer canciones, pero si yo no las hago, no soy feliz. Fueron muchas cosas, muchas ilusiones perdidas... El grupo éramos cuatro y funcionábamos porque éramos nosotros cuatro; yo no me veía capacitado para echar a nadie pero sí soy alguien para irme. Y con todo el dolor de mi alma me marché, porque no hay más que fijarse en todas las canciones que he hecho yo en ese grupo y todo lo que he currado... Al final, o te acomodas, como hace mucha peña, o le echas un par y te piras. Lo importante es que, en este último año, me han pasado muchas cosas bonitas que han demostrado que no me equivoqué, en el sentido de que tocaré para menos gente pero soy más feliz.

-Has ofrecido dos claves para tu marcha. Una, el hecho de que otros miembros de la banda quisieran participar en la composición de los temas que luego grababan y defendían en directo. Y, por otra parte, también has comentado que "un grupo de rock no es un negocio y no se tiene que mantener por el dinero".

-Eso lo tengo clarísimo porque, de otra manera, no me hubiera pirado. Cuando leo que alguien dice que me he ido porque quiero ganar más dinero, pienso que o es tonto o no se quiere informar. Si hubiera pensando en lo material no me voy; yo pensaba en lo espiritual. Si no estoy feliz en un sitio, de qué me sirve todo el dinero del mundo; yo no podía tragar con todas las cosas que querían cambiar porque dependía mi felicidad de ello. Yo no tengo tragaderas para subirme a un escenario y estar mosqueado, yo necesito estar feliz y creerme al 100% lo que canto y con la gente que lo canto. De todas maneras, he estado un año entero sin decir nada escuchando versiones que para mí no son la realidad, por lo tanto, ahora tengo todo el derecho del mundo a dar mi opinión, intentando no perder la elegancia.

-Una vez zanjados viejos asuntos, vayamos al disco, que es lo importante. En tu nueva colección de canciones, a pesar de que, como anteriormente comentabas, ahora estás feliz, de nuevo 'lloras' en unas cuantas canciones, metafóricamente hablando.

-Para el año jodido que tuve, no ha salido un disco muy triste; de hecho, he compuesto discos más tristes estando más feliz. Este disco cuenta con canciones como Fauna rara, que es una frivolidad; Como a veces lo hice yo, una canción totalmente optimista, que he dedicado a mi hija y subtitulado La canción de los buenos deseos; o Tranqui por mi camino, que es ironía pura y dura...

-Ironía, pero, en este último caso, también con el citado 'llanto' transmitido con frases como "tú no vales para cantar" o "el rock and roll te arruinará".

-Sí, pero eso son frases que he oído toda mi vida, al igual que otras como "madura y córtate el pelo". Son frases que seguiré oyendo toda mi vida, porque con 50 años, todavía te dicen en la tele cómo tienes que ser. Esta canción, en el fondo, viene a decir todo esto, salvo en el estribillo, que apunta todo lo contrario; es decir, que si hubiera hecho caso a toda esa gente no hubiera sido feliz. En este disco, de llorar está el tema Como Venecia sin agua, que he subtitulado La canción de la tristeza infinita. Y, en otras, más que tristeza hay melancolía, como en Por morder tus labios, que yo he subtitulado La canción caricia. Pero, de todas maneras, cada persona tiene su propia lectura del disco, y eso es lo bonito. Es más, muchas veces, yo descubro cosas de los álbumes gracias a la prensa y al público. Las canciones salen tan de las tripas que, después de grabar, es cuando te das cuenta del disco que has hecho. Mientras lo haces y lo grabas, sólo sabes que estás disfrutando, pero no eres consciente de si el disco te está quedando intimista o cañero. Incluso hasta en la voz hay mucha gente que me dice que, aunque esté cantando algo alegre, se aprecia tristeza.

-Hablando de tópicos característicos de Rulo, ya en la primera línea de la primera canción de 'Señales de humo' aparece la Luna, como no podía ser de otra manera.

-Hay gente que está muy colgada y dice que sólo hablo de la Luna... Eso es mentira, yo nunca he hecho una canción sobre la Luna. No sé, el tema que abre el disco es una canción autobiográfica, que muestra lo desastre que soy y las contradicciones que tengo. Sólo menciono tres veces la Luna en todo el disco... Y, por ejemplo, París también lo menciono tres veces y nadie me dice quesólo hablo de París. De todas maneras, soy muy lunático y no voy a huir nunca de lo que soy; hay que morir o matar con ello, en el buen sentido de la palabra. No me voy a justificar nunca por ser como soy.

-Saltando a la música que acompaña tus letras, al margen de que las guitarras suenan diferentes, ¿el nuevo estilo de Rulo es más reposado, más tranquilo?

-Sí, éste ha sido un disco en el que he trabajado mucho con la acústica y no estaba para demasiadas fiestas. Lo único que sí he buscado, que ha sido algo premeditadísimo, ha sido el intentar no repetirme en las canciones; que los temas, entre sí, no se parecieran musicalmente. Buscaba que el disco fuera dinámico, algo que para mí, como compositor, ha supuesto todo un reto. Con La Fuga era todo más encorsetado, como mucho hacías una balada o un medio tiempo. Ha sido un puente entre lo que hacía antes, algo de lo que, por otra parte no huía, pero tampoco lo quería imitar, y lo de ahora. En este sentido, creo que ha quedado muy bien porque ni es tan igual a lo de antes ni es tan diferente. Para conseguir todo esto han sido fundamentales los músicos que tengo, que vienen del rock and roll pero de un rock and roll diferente al mío. Por ejemplo, me jode hasta tener que tocar de espaldas a Charly (Karlos Arancegi, el batería), porque es todo un espectáculo. En este sentido, todo el mundo que está conmigo: Warner (su sello), Get In (su oficina de management) y mis amigos saben que necesito que haya calidez humana a mi alrededor, por eso cuento hasta con los mismos backliners que tenía con La Fuga.

-Es decir, ¿que el equipo técnico que iba a antes con La Fuga ahora viaja con Rulo y La Contrabanda?

-Sí, desde los citados backliners hasta Mario, que ahora hace de road manager y que antes también viajaba con La Fuga. Incluso Richard, el del merchan, todos vienen. Cuando sucedió el divorcio, como yo lo llamo, le dije a todo el mundo que no me iba a enfadar y que les llamaría cuando tuviera canciones, y que si no venían no pasaba nada. Sé que hay parte de negocio en esto, porque hay doce personas que vivimos de esto, y yo, si estoy preocupado por vender tickets, es por ellos. Pero lo importante es que cuento con unos músicos que son un equipo humano brutal, desde Charly hasta Quique, Dani, Patxi o Fito... Todos son músicos que han dado la vuelta al mundo con sus proyectos cuarenta veces; ellos han grabado mil discos y yo sólo he grabado nueve, pero estamos todos en el local funcionando como si fuéramos una banda... En este sentido, tengo lo mejor de un grupo y lo mejor de estar solo. Lo mejor de este proyecto es que a mí nadie me va a decir dentro de tres años que trae una canción al local...

-Volviendo a las canciones, y concretamente a 'Venecia sin agua', nos encontramos frente al Rulo más sabinero.

-En realidad fue Bob Dylan el que inventó esta forma de hacer canciones, aunque, en castellano, ha sido Sabina el que lo ha bordado. A mí me encanta jugar con las metáforas, ya lo he hecho alguna que otra vez, porque creo que, muchas veces, es más acertada una metáfora buena que mil evidencias. Me siento muy cómodo en ese traje. Esta canción la hice cuando más triste y enrabietado estaba.

-En algún momento, a lo largo de este último año, ¿has dudado de que el rock and roll fuera tu camino?

-Pensé que la música me había dejado a mí, no yo a ella, porque no me salían canciones, no me salía ni la energía. Yo pensaba que el rock and roll me había dejado a mí, no yo a él. Afortunadamente, he visto que no. Ha habido momentos de vértigos, porque me fui de una casa muy grande y muy bonita, sin tener contrato ni manager. Eso vino después, cuando Warner e Iñigo (Get In) me dijeron que creían en mi proyecto, que cuando yo quisiera y como yo quisiera. A partir de ese momento, comencé a coger aire. Ahora, me alegro de no haberme conformado porque he vuelto a sonreír, llevo unos meses muy buenos y, al fin y al cabo, hago música para sonreír.