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Pueri Cantores

Intérpretes: Coro Rey Sancho del IES Sancho III de Tafalla. Conjunto de metales. Álvaro Landa, organista. Alfonso Huarte, dirección. Programa: Oficio de Navidad con obras del canto gregoriano, Mateo Flecha, Holst, Willcoks, Gruber, Brahms, Woodward, Haendel, y villancicos populares vascos armonizados por Alfonso Huarte. Lugar y fecha: Iglesia de Santa María de Tafalla. 18 de diciembre de 2010. Público: Lleno.

ME gusta que se mantenga la tradición de los Pueri Cantores. Y más desde un instituto de enseñanza pública. En estos tiempos de dejadez, en muchos aspectos, de la búsqueda de la excelencia, el trabajo realizado con unos chicos en período de formación que les muestra la gran tradición europea de la música -sin olvidar la de casa-, con criterios de disciplina, búsqueda de la belleza más espiritual -aquella que no es facilota, ni está en los escaparates-, y que fomenta el trabajo en común y el compañerismo; es de lo más encomiable. Todos los que hemos pasado por escolanías recordamos ese período de nuestra vida con especial cariño. El coro del instituto de Tafalla lleva cuatro años en esta labor y, en tan poco tiempo, ha conseguido consolidar una fiesta navideña preparada con criterio musical y litúrgico a la manera de los mejores colleges ingleses. Aquí el fondo gótico esta sustituido por el no menos bellísimo retablo de Anchieta. Y la nave de Santa María lanza el sonido extravertido y potente de las trompetas -jóvenes aún y demasiado entusiastas- hasta el infinito.

El coro tiene la base de los alumnos del instituto. No son voces excepcionales. Pero, en conjunto, consiguen una blancura afinada y bella que les permite abordar las partituras con soltura e inocencia. Les he seguido, este verano, en algún concierto programado en el ciclo del Camino de Santiago, y se defienden bien en las voces solas. En este oficio de Navidad, la música se intercala entre lecturas bíblicas, y los componentes del coro, muy disciplinados, se implican en la solemnidad, y todo queda dentro de una función de empaque.

Desde el desfile procesional, en un gregoriano bien armado y angelical, hasta el Adeste Fideles, en el que se invita a cantar al público, las diversas obras relacionadas con la Navidad, se suceden en contexto de alegría, de celebración. El órgano, controlado muy bien por Álvaro Landa, sirve de apoyo, y, también de riqueza armónica en algunas obras, pero son las obras a voces solas las que ganan en nitidez y proximidad de las voces. Riu, riu, chiu de Mateo Flecha el Viejo; o el conocido Campana sobre campana son de los momentos más felices. Quedan muy bien, así mismo, las armonizaciones al villancico Aur txiki eder, una preciosa melodía de Arrayoz, y al tema sacado del Zuberoa, Pozkarioz kanta Sahún.

La irrupción de la fanfarre desde el coro aporta especial brillo a la función. Los dos focos de sonido: uno, el vocal, desde el presbiterio, y el otro, los cobres, desde el coro, logran una estereofonía triunfal y apoteósica que entusiasma a un público que abarrota la iglesia, y que ve el concierto, ya, como todo lo bueno que vuelve por Navidad.