la Navidad es algo que no me gusta, y más, cuando ello siempre implica atascos, y colas enormes para hacer la compra, sacar dinero o subir a la villavesa. Tampoco me gusta por el afán consumista que se desprende de la decoración navideña en calles y comercios, y sobre todo, no puedo con la tradición de los regalos hechos a fuerzas. Regalar algo siempre es complicado porque tienes un 90% de posibilidades de equivocarte, y cuando encima el regalo se hace por puro compromiso más todavía. Pero creo que, puestos a regalar, los libros son los únicos que siempre se salvan. Son típicos, sí, pero bien elegidos siempre hacen ilusión. Es una de las pocas cosas en las que yo invertiría dinero a gusto.
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